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  • Una campaña mundial de terror contra Venezuela disfrazada de ayuda humanitaria. Un caballo de Troya en llamas

    El 23 de febrero declarado por Guaidó como el día D y por Duque como como la caída del otro muro de Berlín, se vivieron escenas dantescas en la frontera de Colombia con Venezuela, cuando Guaidó con la complicidad de Duque y Piñera, intentaron introducir toneladas de alimentos y medicinas a Venezuela traídas de EEUU sin el aval de la Cruz Roja ni las Naciones Unidas, quienes advirtieron que la ayuda no era humanitaria sino política. Guaidó, Duque y Piñera agitaron a los venezolanos que viven en Cúcuta e hicieron que muchos otros cruzaran la frontera para juntos ingresar la “ayuda humanitaria” y así derrocar a Maduro, provocando la ruptura del alto mando militar con el presidente. Todo esto fue narrado en vivo y en directo durante todo el día, por todas las cadenas de televisión colombiana como si transmitieran un reinado de belleza.

    La arremetida fracasó, hubo 285 heridos y fueron quemados algunos camiones, el caballo de Troya se incendió. Inmediatamente corrieron las denuncias contra “el dictador” por destruir la comida y las medicinas tan necesitadas por su pueblo. Pero no fue posible ocultar varios hechos: que los que asecharon la frontera venezolana armaban sus molotov con total complacencia de la policía colombiana, que entre los agitadores había varios colombianos -que hablaban con acento paisa, típico de las tierras dominadas por el Uribismo-, y lo más descarado, que los camiones fueron incendiados del lado colombiano por los mismos agitadores que acompañaban la “caravana libertadora”.

    La pandilla de Lima se reunió de inmediato en Bogotá con el vicepresidente Pence a la cabeza, la inmensa mayoría de sus miembros, desconcertados ante el fracaso, dijeron que la única salida debe ser política, mientras que Pence y también Guaidó insistieron en que la opción militar no está descartada. Ha empezado a haber movilizaciones, todavía pequeñas, contra la agresión imperialista a Venezuela, incluso pronunciamientos más claros por parte de figuras importantes de la oposición como el senador Gustavo Petro, han empezado a circular denuncias y videos que muestran a agitadores de la oposición venezolana llamando a armarse para cruzar la frontera. Este podría ser inicio de una nueva ofensiva, la “Contra” venezolana.
    Un golpe humanitario, fraguado por la CIA con la ayuda de Duque

    Si bien fracasó, el golpe humanitario, otra táctica del imperialismo para derrocar gobiernos que no le son sumisos, fue planeado con sigilo desde septiembre de 2018 y tuvo como su principal arpía al gobierno de Colombia. A la cabeza estuvieron el embajador ante EEUU Francisco Santos, un uribista recalcitrante que ha vociferado en favor de la guerra contra Venezuela, el embajador ante la OEA Alejandro Ordoñez, el nefasto exprocurador nacional, ultracatólico, perseguidor de la izquierda y reconocido incinerador de libros. Estos honorables caballeros departieron por 4 meses con reconocidos expertos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un tanque de pensamiento con sede en Washington, con representantes de las embajadas latinoamericanas y canadiense, con la oposición venezolana y funcionarios de la Casa Blanca y del Departamento de Estado e influyentes congresistas de ambos partidos, para pensar “una Venezuela sin Maduro” (El Mundo, 2 de febrero de 2019).

    Así organizaron la arremetida de las movilizaciones de masas para el mes de enero, apenas Maduro se posesionara. Reforzaron la ofensiva de Almagro en la OEA, en especial llamando a los gobiernos de países del Caribe a que se sumaran a ella; disponiendo la embajada colombiana en EEUU como el centro de operaciones de la oposición venezolana, y manteniendo encuentros frecuentes con Mauricio Claver-Caron, director de Asuntos del hemisferio occidental del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, para revisar los avances y desafíos de la estrategia. Fue así como convinieron que una vez Guaidó se proclamara presidente recibiría de inmediato el respaldo de EEUU y de varios países latinoamericanos, y llegaron a la conclusión de que Colombia debía ser un “corredor humanitario” para poner contra las cuerdas a Maduro: obligarlo a aceptar la supuesta ayuda o, mediante una estampida incontrolable en la frontera, provocar que los mandos militares le quitaran su apoyo.

    La guerra de múltiples caras contra el régimen bolivariano ha incluido un amplio repertorio: golpe militar contra Hugo Chávez en 2002, incursiones de paramilitares colombianos, las movilizaciones semifascistas, el montaje de la Guarimbas, que han sembrado el terror incendiando vivos a simpatizantes del chavismo; la brutal guerra económica que mata de hambre y obliga al exilio a decenas de miles y que incluye la retención de más de 23.000 millones de dólares de divisas del petróleo venezolano (y todo indica que también incluye el saboteo eléctrico); la guerra mediática basada en la mentira y la difamación, sólo comparable con la práctica publicitaria de los nazis. El asedio del 23 de febrero con todos sus preparativos, son también acciones de guerra de EEUU y Colombia contra Venezuela disfrazadas de humanitarismo.

    Halcones, guarimberos y paramilitares: una confluencia peligrosa

    Con el reciente fracaso en la frontera, se abren de nuevo fisuras en la oposición oligárquica que se ve obligada a considerar otras opciones, como el intento de encontrar sectores críticos dentro del Chavismo, y, en todo caso, el imperialismo siempre maneja múltiples alternativas. No obstante, no se puede descartar el uso del ataque militar directo. Hay una conjunción muy peligrosa de circunstancias que hacen posible que se dé el ataque militar directo. Es cierto que Donald Trump cuenta con opositores y obstaculizadores a esta iniciativa, tanto dentro de EEUU como en Europa. También es sabido que los más importantes asesores de Estado de ese país han descalificado la política de Trump hacia Venezuela, y que prácticamente la totalidad de los gobiernos de América Latina se oponen al ataque militar, exceptuando quizá al del Colombia, que ha sido ambiguo y vacilante, como en la vergonzosa rueda de prensa en la que Trump se refirió a nuestro continente como patio trasero y, ante la pregunta de si enviaría tropas a la frontera colombo-venezolana, dijo “ya veremos” mientras que Duque guardó un silencio servil.

    El peligro es latente, porque Trump, que ha empezado a retirar sus tropas de Medio Oriente, ha decidido enfilar baterías en América Latina para repeler la presencia de Rusia y China; porque, aprovechando el debilitamiento del régimen bolivariano, ha decidido estrechar el cerco hasta derrocar a Maduro. Está claro que el objetivo es el mismo desde Obama: acabar con la soberanía nacional y la independencia política de Venezuela y apoderarse de sus cuantiosos recursos naturales. Los yanquis jamás perdonarán la afrenta de que el Chavismo encabezara la rebelión de los países latinoamericanos que derrotaron su estrategia colonizadora del ALCA, ni que armara toda una institucionalidad paralela para resistir su influjo en el continente. Pero Trump representa al ala más guerrerista del estado imperialista y se ha rodeado del ejército de halcones que lideró las ofensivas fascistas contra Afganistán e Irak, encabezados por el asesor de seguridad John Bolton, reconocido instigador del ataque militar contra Irán y Corea del Norte.

    Además, Trump confluye felizmente con la llegada al poder de gobiernos de extrema derecha, como Piñera en Chile, Bolsonaro en Brasil y Duque en Colombia, dispuestos a encabezar la cruzada para acabar de una vez con Cuba, Bolivia y Nicaragua. Pero, por si fuera poco, la llegada de Duque a la presidencia de Colombia, país que comparte 2.200 kilómetros de frontera con Venezuela y cuya obsecuencia a los yanquis no tiene parangón en la región, representa un peligro mayúsculo para Venezuela y el continente.

    El mismo Juan Manuel Santos, con todo lo servil y reaccionario que es, como un representante directo de la oligarquía colombiana fue el primero en oponerse a la iniciativa militar contra Venezuela, en cambio Duque responde a las presiones de su partido, el Centro Democrático del expresidente Uribe, que representa a ese sector advenedizo de los terratenientes y ganaderos, ultraconservador y guerrerista, ambicioso de ganar un espacio regional al lado del imperialismo y de consolidar definitivamente su poder nacional, cosa que no ha conseguido plenamente, pues gobierna sin las mayorías en el paramento, teniendo que pactar cada iniciativa con los partidos de la oligarquía tradicional, que lo apoyaron para impedir que Petro llegara al poder pero que no desean que cope de nuevo el régimen. Si a esto le sumamos que Colomba es socio de la OTAN, que cuenta con 9 bases militares yanquis en su territorio, y que las Fuerzas Armadas de Colombia son proporcionalmente las más grandes, unas de las mejor equipadas del continente y que su cúpula es adicta al Estado Mayor de EEUU, no se puede descartar que el país termine actuando como la cabeza de playa del ataque militar contra Venezuela, cualquiera sea la forma que llegue a adquirir.

    Lo que vimos el 23 de febrero fue la confluencia de los guarimberos encabezados por Guaidó, de la policía colombiana actuando como respaldo de aquellos y los agitadores y provocadores colombianos ligados a las estructuras paramilitares del régimen colombiano -cada vez más envalentonadas por el Uribismo-, todos apuntalando la operación internacional de los yaquis. En esa oportunidad fue el intento de golpe humanitario, imaginemos qué puede pasar si Trump decide presionar a Duque para que se lance la ofensiva militar de una vez por todas.

    Defendamos la soberanía de Venezuela, luchemos por la segunda independencia

    Urge la más amplia unidad de acción en defensa de la soberanía de Venezuela, y contra el servil escudero del imperialismo en nuestro país. Duque y su partido retardatario el Centro Democrático, están aprovechando la crisis de Venezuela para ganar apoyo popular con miras a perpetrarse en el poder. Protagonizan la más descarada avanzada contra las libertades democráticas en Colombia, destruyendo la ya recortada Justicia Especial para la paz, para impedir la más mínima sanción a los responsables del paramilitarismo, con fabulándose con la DEA para extraditar al excomandante guerrillero Jesús Santrich, tomando instituciones claves -como el Centro de Memoria Histórica, la Biblioteca Nacional, el Museo y el Archivo Nacional- para borrar todo vestigio del conflicto armado, proscribiendo la libertad de cátedra en la escuela y persiguiendo implacablemente a la Federación Colombiana de Educadores por haber llamado a defender la soberanía de Venezuela. Al mismo tiempo que persisten los asesinatos sistemáticos contra líderes sociales. Es esa la perspectiva que siniestros personajes como Trump, Uribe, Bolsonaro, Macri y Piñera buscan implantar en el continente, dicen que llevarán la democracia a Venezuela, pero si llegan a triunfar, atacarán todo vestigio de democracia y soberanía nacional en América Latina., y arrasarán con Cuba, Bolivia y Nicaragua.

    Duque mancha con traición el bicentenario de la independencia. No fueron los próceres de EEUU los que ayudaron a liberar a Colombia de las garras del imperio español, como ha dicho falaz y servilmente el presidente Duque, fueron Bolívar, Rondón, Páez, los que dieron su vida por nuestra independencia. A 200 años de la independencia de Venezuela y de Colombia y de la cruzada libertadora de todo el continente, la oligarquía colombiana retribuye a los héroes venezolanos, cuyas hazañas fueron determinantes para la liberación de nuestros pueblos, con una conspiración internacional imperialista para destruir la soberanía de su país. Los explotados y los oprimidos de Colombia debemos responderle con el grito de guerra por la segunda independencia.

    Bogotá, marzo 10 de 2019.

     

  • Elio Francisco Colmenarez: “El caracazo aún no ha acabado”

    Venezuela, sometida a la amenaza de intervención imperialista y con una grave crisis interna política y económica, hoy conmemora treinta años de la insurrección popular del 27 de febrero de 1989, conocida internacionalmente como el “caracazo” y que en Venezuela se conoce como el 27F, suceso que conmocionó al país y que cambió la historia de Venezuela en un giro de 180 grados. Nada fue igual en Venezuela después del caracazo.

    Cuando se cumplieron los primeros diez años del a caracazo, en 1999, tres semanas después que Chávez asumiera la presidencia y convocara, en el mismo acto de proclamación, a un referéndum para consultar al pueblo sobre la convocatoria a una Asamblea Constituyente que el entonces Congreso Nacional con mayoría de la derecha quería impedir, un representante de la burguesía exclamaría: “el caracazo aún no ha acabado”. Treinta años después se mantiene en el aire la misma idea: el caracazo aún no ha acabado.

    El modelo rentista petrolero

    El desarrollo del capitalismo en Venezuela tiene sus características particulares, ya desde finales del siglo XIX, cuando empieza la explotación petrolera para el mercado internacional. El territorio venezolano tuvo la ventaja (y la desgracia) de tener brotes de petrolero aún antes de la llegada de Colón. Los caribes lo usaban para calafatear sus embarcaciones que cubrían largos trayectos desde Venezuela a la Florida y luego en la colonia los corsarios y piratas usaban las islas venezolanas para reparar sus barcos por las ventajas de la “brea” que brotaba del subsuelo. Los indígenas llamaban a esos brotes “mene”, nombre con el que aún se conocen muchas ciudades de Venezuela.

    La constitución de 1830, que proyectaba la República de Colombia (aun por liberar) redactada por Simón Bolívar establece la propiedad del subsuelo y las riquezas que contiene como propiedad del Estado. Por ello, desde que comienza la exportación petrolera se convierte en una renta del Estado. En Venezuela no existe una burguesía petrolera que se desarrolló a partir de la explotación petrolera, lo que correspondió a las transnacionales desde un principio, sino que se desarrolló a partir de la apropiación de los recursos, directa o indirectamente, que le generaba al país la exportación de petróleo al mercado internacional.

    La burguesía venezolana no solamente es rentista y parasitaria sino subordinada a la política petrolera imperial. A los largo del siglo XX el desarrollo político y económico de Venezuela estuvo marcado por una subordinación al imperialismo petrolero y a la vez por choques con las transnacionales para una mejor colocación y participación de la tajada petrolera.

    La base del modelo rentista era una moneda interna fuerte y sobrevaluada, que obligaba a las empresas petroleras a cambiar más dólares para obtener los mismos bolívares para cubrir sus gastos internos, lo que se tradujo en una burguesía comercial importadora y/o productora-importadora que bebía directamente de la fuente de petróleo. Un economista de los años cincuenta indicaría que Venezuela no era productor de petróleo sino de dólares. Un largo periodo de estabilidad cambiaria que no estimulaba las actividades productivas en los llamados sectores transables como agricultura e industria pero si un sector público muy fuerte y un sector privado de alta dependencia del gobierno.

    Una sociedad de comerciantes y burócratas, con un nivel de desigualdad muy alto. Una burguesía muy rica, casi la misma desde la colonia. Una amplia clase media con alto poder adquisitivo vinculada a los contratos con el gobierno, las relaciones con la burocracia estatal y el comercio. Y una franja grande de población con escasos recursos, cuya migración obligada del campo a la ciudad generó enormes cordones de miseria en las ciudades. Sin embargo, a pesar de la desigualdad social, hubo un crecimiento económico constante desde 1920 hasta casi 1980 que se tradujo en mejoras en el nivel de vida incluso de los sectores más empobrecidos.

    Las continuas disputas con el imperialismo por mejorar la participación del estado en la renta petrolera, sin un desarrollo productivo real sino parasitario, hacia la economía cada vez más dependiente de la renta. Situación que da un salto cualitativo en 1974 cuando se nacionaliza la industria petrolera. Por diez años las tres empresas transnacionales que monopolizaban la explotación petrolera pasaron a ser empresas venezolanas (sociedad 50-50 con el gobierno)

    Ese momento de boom petrolero marco una de las épocas de mayor bonanza económica (hasta Chávez en el 2006), que profundizo el modelo rentista pero también significó un aumento del poder adquisitivo, fundamentalmente de la clase media alta, pero también, en menor medida, el resto de la población. Aprovechando la inmensa masa de recursos que significo la subida de precios por la crisis de medios oriente (1975), el gobierno de Carlos Andrés Pérez (1973-1978) abordó una serie de proyectos faraónicos de desarrollo petroquímico y siderúrgico (acero-aluminio), en el marco del mismo modelo rentista, que no llegaron a dar frutos y terminaron generando una enorme deuda externa que hasta el momento no existía.

    1979 marca el fin de la bonanza económica y el comienzo de una caída que durará veinte años. La enorme deuda externa obliga al gobierno a seguir los dictámenes del FMI y el BM. La renta petrolera garantizaba el pago de las obligaciones de la deuda, lo que le permitía cierto margen de maniobra con respecto a los programas del FMI, aun así debió aceptar algunas medidas para la corrección de las “distorsiones de una economía rentista”
    El servicio de la deuda tomó un porcentaje importante de los recursos del Estado pero hubo dos medidas fondomonetaristas que marcaron la crisis de esos años: la libre fluctuación de la moneda respecto al dólar y la autonomía operativa y financiera de la industria petrolera frente al Estado.

    Con una moneda sobrevaluada desde hace más de medio siglo, la liberación del dólar en un país con alta dependencia de la importación, provocó una inflación desmesurada y el descalabro de una industria dependiente y subsidiada que apenas cubría el mercado interno.

    El nacimiento de PDVSA en 1983 (después de cumplirse los diez años de la nacionalización) a partir de la fusión de las tres empresas anteriores no significo nuevos recursos para el gobierno. La autonomía operativa y financiera, limito al gobierno a vivir de las ganancias anuales, dejando todas las decisiones en materia petrolera (incluso las políticas) en manos de la nueva gerencia que fue formada por las transnacionales. PDVSA se convirtió en un Estado dentro del Estado, con mayor capacidad financiera y operativa que el propio gobierno, PDVSA asumió las directrices del desarrollo económico (petrolero y no petrolero), mientras un gobierno quebrado sostenía la crisis galopante de la salud, la educación, el empleo y el aumento de la miseria de los sectores populares.

    En ese marco se dieron las elecciones de 1988, donde casualmente se presentó como candidato para la segunda elección Carlos Andrés Pérez, el que fuera presidente durante la última bonanza económica. Mientras se desarrollaba una campaña electoral que pregonaba un futuro esplendoroso, el país se iba destruyendo: los artículos de primera necesidad desaparecían o estaban a precios inalcanzables. Cada día cerraba una empresa y disminuían las fuentes de empleo, la economía informal llegó al 70% y la miseria critica al 30%. El progreso económico prometido por el candidato era música en el oído de quienes les costaba diariamente conseguir el que comer. Así Carlos Andrés Pérez ganó las elecciones con la más alta votación de toda la historia democrática del país.

    Pero el modelo de desarrollo que Carlos Andrés Pérez proponía era uno que debía surgir del resultado de una política de shock fondomonetarista dirigida a “corregir” la economía. Lo que no dijo en la campaña electoral pero si en su toma de posesión del 2 de febrero de 1989 era que era necesario un enorme sacrificio de los venezolanos para enrumbar la economía. En entrevista en los días posteriores diría: “solo yo tengo el liderazgo necesario para imponer un plan de austeridad sin conflictos” y “al terminar el mandato el pueblo me sacará en hombros de Miraflores”. Solo pasaron 25 días.

    El caracazo

    En las tres semanas de gobierno se fueron anunciando e implementando medidas. Mientras se consolidaban los anuncios, desaparecieron los productos de primera necesidad de todos los anaqueles, en previsión de la escalada de precios. El anuncio de la desregularización de los beneficios laborales, sin especificar que significaba eso, le erizo los pelos hasta a los representantes de la CTV, central sindical pro gobierno. El 23 de febrero se anuncia el ajuste del precio de la gasolina que hacía un año no aumentaba (nunca se realizaban ajustes en año electoral) y esta tuvo un efecto directo en la triplicación del precio del transporte urbano y la eliminación del pasaje estudiantil (30% del pasaje).

    Las federaciones estudiantiles, en manos de movimientos independientes que habían confrontado violentamente el gobierno de Lusinchi (antes de Carlos Andrés) salieron a protestar el propio viernes 24 siendo reprimidos con dos muertos. En respuesta anunciaron nuevas medidas de protesta para el lunes 27.

    Ese lunes, a las cinco de la mañana amanecieron tomados por pequeños grupos estudiantiles los terminales de transporte que cubren las ciudades dormitorios alrededor de Caracas. Muchos autobuses quedaron secuestrados dentro de los terminales, el resto empezó a hacer transporte “pirata” hacia Caracas. Al pasaje, ya triplicado autorizado por el gobierno, le aumentaron más para “aprovechar” las dificultades del transporte generado por las protestas. La molestia de la gente estafada, fundamentalmente trabajadores y estudiantes, hizo que al llegar a Caracas, en vez de dirigirse a sus trabajos, se sumaban a la protesta que hacía rato había dejado de ser meramente estudiantil. A las diez de la mañana del 27 de febrero, por lo menos cuarenta mil personas copaban las principales avenidas del centro de la ciudad. No habían consignas. La exigencia de los estudiantes de reinstaurar el pasaje estudiantil ya era insuficiente para la movilización. Poco a poco el escenario fue cambiando: anulación del aumento del pasaje, anulación del aumento de la gasolina, que aparezca la comida, aumento general del salario hasta llegar al abajo el paquete económico.

    En horas de la mañana, varias de las ciudades dormitorio de Caracas, principalmente Guarenas, estaban bajo enfrentamientos con los cuerpos policiales que pretendían disolver las manifestaciones. A horas de mediodía se inició la represión en Caracas. La enorme masa de gente que cubría el centro de la ciudad fue atacada desde varios puntos con perdigones y bombas lacrimógenas, provocando carreras en todas direcciones al verse atrapada en el cerco represivo. Instintivamente, en medio de un cerco sin salida la masa se lanzó contra las barricadas policiales y en menos de dos horas, todas las barricadas habían sido superadas, extendiéndose más allá del centro de la ciudad.

    A mediados de la tarde la masa enfurecida, con algunos muertos encima, arremetió contra la ciudad, todos y cada uno de los comercios de la ciudad fueron saqueados e incendiados, una enorme columna de humo se levantaba desde el centro de la ciudad. La gente de los barrios empezó a bajar a la ciudad y en su camino, iba destrozando la ciudad. Las protestas de la mañana derivaron en una insurrección popular. Los pobres se hicieron dueños de sus calles, de la ciudad que siempre los había excluido: comercios, bancos, oficinas gubernamentales, transporte público y del gobierno fueron destrozados en una furia sin límites (solo se salvaron farmacias y centros de salud). Los cuerpos policiales derrotados y superados se fueron retirando de las calles para garantizar su seguridad personal. Fue la primera respuesta popular al fondo monetario y de tal magnitud y violencia que rompió la “vitrina” de la democracia que era Venezuela.

    El gobierno, ahogado en la insurrección popular, decreto la suspensión de las garantías constitucionales y el toque de queda a partir de la misma noche del 27 de febrero, pero fue incapaz de organizar un solo piquete policial. Durante el resto de la noche del 27 de febrero y el día 28, el pueblo fue desmantelando la ciudad, abriendo los comercios y almacenes, y mudando la ciudad hacia los barrios – entiéndase en el sentido brasileño de periferias urbanas o favelas , N del R – . Mientras abajo la ciudad se quemaba arriba en los cerros de los pobres se hacía la fiesta con comida y licor que les habían negado durante meses.

    Solo el 1ro de marzo, pudo el ejército entrar a la ciudad bajo saqueo llevando tropas al aeropuerto de la ciudad y desplegándolas rápidamente. Las tropas traídas desde el interior del país avanzaban y disparaban sobre el caos. La tozudez caribeña del venezolano, les hacía mantenerse en las calles aun ante la cercanía de la tropa, solo después de varios muertos retrocedía y aun así en unas cuantas horas volvía a la carga, mas organizado y más armado.

    Aunque en dos días lograron retomar las principales vías de la ciudad, se les hizo imposible entrar a los barrios. La tropa y los oficiales medios vacilaban. En algunos puntos la oficialidad se negó a disparar y dejó que continuara el saqueo ante sus ojos con la esperanza que cuando terminara todo volvieran a sus casas. En otros sitios, la propia oficialidad organizaba la gente en colas, rompían las puertas de los almacenes, para entregarle la mercancía a la gente (no solo comida, cualquier tipo de mercancía). A una semana del 27 de febrero, se habían reducido los incendios, pero seguían los saqueos. Las avenidas eran controladas por el ejército, los barrios el pueblo; en el día había una tensa calma, seguían los saqueos bajo la mirada de los militares (siendo los “saqueadores” fundamentalmente mujeres y niños) y a partir de las cinco de la tarde la ciudad se llenaba de tiros. En una semana se contabilizaban más de mil muertos y los hospitales de Caracas colapsaron. El gobierno haba controlado el interior del país pero Caracas seguía indomable y paralizada.

    El día 10 de marzo se dio la orden de invadir los barrios. No pudieron. La resistencia de la gente fue inesperada. La imposibilidad de entrar los llevo a aplicar la técnica del barrido: cada veinte minutos se disparaba a fuego abierto y balas de alto calibre contra el barrio por unos quince minutos. Todas las viviendas quedaron perforadas. Cada vez que paraba el barrido, los heridos eran bajados del barrio y colocados en la calle para que los llevaran a los hospitales mientras el resto subía de nuevo al barrio a mantener la defensa.

    Para el 25 de marzo, en plena semana santa, la ciudad recupero la calma. La gente empezó a bajar de los barrios a comprar en los camiones que se habilitaron con mercancía traída de otros países con urgencia. La gente caminaba entre los escombros de la ciudad saqueada. La insurrección había acabado a un costo de miles de muertos (7,6 mil), el ejército se retiraba de las calles, sin victoria porque no pudieron entrar a los barrios. La insurrección se retiraba reprimida pero sin ser derrotada.

    CAIDA DEL PUNTOFIJISMO

    Después de la caída de la última dictadura en enero de 1958 producto de la movilización de las juventudes obreras y estudiantiles, bajo el auspicio de EEUU y las petroleras se modeló un plan de gobernabilidad de un gobierno compartido a tres partidos, con elecciones cada cinco años y un congreso bicameral que servía de válvula de escape y negociación a las diferencias políticas. Este pacto, firmado en la quinta Punto Fijo se le conoció como El Pacto de Punto Fijo o puntofijismo. Ese modelo se vino abajo con el caracazo.

    Los efectos de la insurrección continuaron más allá. La burguesía, temerosa, empezó a buscar un cambio en el régimen que había degenerado en una burocracia corrupta ahora afectada por la caída de los precios petroleros. Se implanto una situación revolucionaria que se expresaba en la incapacidad de la burguesía para seguir dominando de la manera que lo venía haciendo y una rebelión latente en el pueblo que se negaba a ser dominado como antes.
    La izquierda no supo interpretar el caracazo, Hizo centro en publicitar la enorme violación de derechos humanos y los asesinatos durante el caracazo pero no le dio importancia a las características insurreccionales del caracazo.

    A dos años del caracazo empezaron a circular volantes por la ciudad firmados COMACATES atribuidos a una oficialidad descontenta (COMACATE: COmandantes, MAyores, CApitanes, TEnientes que son los grados medios del ejército). En los volantes denunciaban la corrupción en el gobierno y los asesinatos a los que fueron obligados contra la insurrección del pueblo. Por primera vez se reivindica el 27F como una insurrección.

    A tres años del caracazo, una insurrección de oficiales medios lleva un golpe de estado contra el gobierno y el alto mando militar. No se trata de una fractura vertical de las fuerzas armadas, se trata de una fractura horizontal, de los mandos medios contra los mandos superiores. Su declaración acusa al gobierno de ser los asesinos del pueblo durante del caracazo y de haber utilizado las Fuerzas Armadas para reprimir una insurrección popular.

    El caracazo destruyo los partidos del gobierno y la izquierda tradicional. El golpe del 4F le dio liderazgo a Chávez, no por ser el dirigente de un golpe sino por reivindicar el caracazo. Siete años después asume el gobierno por el triunfo electoral del MVR (Movimiento V República) que es la expresión de la situación revolucionaria abierta después del 27 de febrero de 1989.

    El 27 de febrero 1989 fue un ensayo de revolución que permitió el escenario para el triunfo del contragolpe de abril de 2002. Ese mismo pueblo del 27 de febrero bajo a la calles luego del golpe contra Chávez, y repitiendo la experiencia del caracazo, pero con el norte fijo de derribar el gobierno impuesto, logro romper al ejército que esta vez, a diferencia del “27F desobedeciendo las ordenes de sus mandos de reprimir al pueblo se sumó a las movilizaciones y juntos derrotaron la intentona fascista.

    27 de febrero. 30 años después

    El país vive una crisis económica que combina un fuerte bloqueo, una guerra y sabotaje económico interno con una burocracia gubernamental que no ha podido impedir los efectos de la guerra económica. A pesar de ello la movilización del pueblo le ha impuesto varias derrotas a las intentonas fascistas de la burguesía, siendo la ultima la guarimba hace dos años.

    A pesar de las enormes dificultades y las críticas al gobierno, el pueblo no se ha prestado para las protestas organizadas por la derecha que ha querido disfrazar de “rebelión popular”. A diferencia del 27F la gente bajo de los barrios mientras la clase media alta y la gran burguesía aplaudía los ametrallamientos de los barrios. Los guarimberos en las urbanizaciones del este apedreaban los transportes de los que iban a sus trabajos, los insultaban y en varios sitios asesinaron a gente por ser pobre e identificarse con el chavismo.

    Cada vez más hay exigencia de la población para que el gobierno enfrente la guerra económica, para que se acabe la corrupción y haya más democracia. Pero también el pueblo está claro que el enemigo principal sigue siendo la amenaza imperialista. La revolución dará cuentas del gobierno de Maduro, pero la amenaza imperialista no es contra Maduro sino contra el pueblo.

    Hoy a treinta años del 27 de febrero, el simbolismo del 27 de febrero es claro para mucha gente. Maduro fue de los jóvenes de El Valle (sur de Caracas) que durante un mes se batieron para impedir la entrada de la represión a sus barrios. Guaidó es el heredero de los grupos fascistas de clase media que se formaron durante los días siguientes al 27 de febrero para proteger a las urbanizaciones de la clase media de los vándalos que bajaban de los cerros y que causaron la muerte de varias personas que buscaban comida por las zonas de clase media en medio del cerco militar a los barrios. El simbolismo del 27F representa la clase.

    Hoy es la misma lucha de hace treinta años. Contra la política del imperio que nos quiere imponer un programa económico subordinado a las petroleras y un gobierno a su medida. Nuestra lucha, no es por Maduro, sino por el derecho a nuestra autodeterminación y a elegir el gobierno que queramos, no el que nos impongan los EEUU.

     

  • Venezuela urgente: ¡No al golpe de Guaidó! ¡Fuera Trump de América Latina!

    Nicolás Maduro asumió el 10 de enero para un segundo mandato presidencial, según el calendario electoral aprobado por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que actualmente ejerce plenos poderes en Venezuela.

    Las principales agencias de noticias internacionales y brasileñas ocultan intencionalmente que Maduro ganó las elecciones en mayo de 2018, compitiendo por medio del voto directo y secreto, derrotando a otros tres candidatos opositores, obteniendo 6.245.862 votos (el 67,8% de los votos válidos), seguido de Henri Falcón que alcanzó 1.927.387 votos (20,99% de los válidos), además de Javier Bertucci con 996.181 votos (10,82% de los votos válidos) y Reinaldo Quijada que alcanzó 36.246 votos (3,96% de los votos válidos).

    En esas elecciones, un importante sector de la oposición de derecha, organizada en el frente derechista Mesa de la Unidad Democrática (MUD) llamó el boicot, desconociendo el calendario electoral convocado por la ANC. Antes, en diciembre de 2015, la oposición de derecha había elegido a la mayoría de los diputados en la Asamblea Nacional (el Congreso Nacional de Venezuela), y desde entonces pasó a intentar un golpe parlamentario apoyado por EEUU, al estilo hondureño / paraguayo, que también fue aplicado en Brasil con el impeachment de la presidenta Dilma.

    Sucedió que ese intento de golpe, que también se apoyó en violentas manifestaciones de bloqueos callejeros –las llamadas «guarimbas»—, fue derrotado justamente porque Maduro convocó a la ANC para enfrentar la operación de la MUD/EEUU. Uno de los partidos que forma parte del MUD y también llamó al fracasado boicot de la ANC fue Voluntad Popular del entonces Diputado Nacional, Juan Guiadó, que fue el presidente de la actualmente superada Asamblea Nacional, que funciona sin legitimidad institucional como asamblea partidista opositora.

    Guaidó, este miércoles 23 de enero, de forma inédita y apoyándose en el gobierno Trump, en la OEA y en los sirvientes del imperialismo, Ivan Duque de Colombia y Bolsonaro de Brasil, se autoproclamó presidente de la República de Venezuela. Llama atención que Guaidó no concurrió a las elecciones en mayo de 2018, es decir, ¡no tuvo ni siquiera un voto. A coninuación, el golpista tuvo el rápido reconocimiento del gobierno imperialista de Donald Trump, seguido por los países alineados a Estados Unidos en América Latina y Europa. Las loables excepciones que se declararon contra la más reciente operación golpista, entre los países de América Latina, fueron los gobiernos mexicano, cubano y boliviano. Turquía, Rusia y China también se posicionaron contra la intervención norteamericana en Venezuela.

    La autoproclamación del ex diputado consiste en una operación golpista más de la MUD para intentar desestabilizar el país y dividir al pueblo y a las Fuerzas Armadas venezolanas, intentando abrir el camino incluso para nuevas operaciones militares extranjeras o nuevos atentados terroristas, siguiendo el ejemplo del intento de asesinato Maduro, perpetrado con el uso de drones, en agosto de 2018, o incluso el de junio de 2017, operado con un helicóptero que lanzó granadas en el predio del Ministerio del Interior de Venezuela.

    No somos chavistas, no apoyamos políticamente al gobierno de Maduro y no consideramos a Venezuela como un modelo de socialismo, ni siquiera de transición al socialismo. Sin embargo, estamos incondicionalmente al lado de los pueblos latinoamericanos contra cualquier intento golpista proimperialista, organizado bajo el manto de defensa de la democracia liberal.

    Defendemos la autodeterminación de los pueblos y estamos en contra de la entrega de las riquezas petroleras a las multinacionales del petróleo, pues ese es uno de los principales objetivos que se desea con el derrocamiento inmediato del gobierno Maduro por la MUD: la apropiación privada imperialista de las mayores reservas de petróleo y gas en el mundo, pues Venezuela desde 2010 superó incluso a Arabia Saudita en las reservas globales de los países de la OPEP.

    Estamos a favor de la profundización de las medidas antiimperialistas y de la expropiación y estatización de los grandes grupos económicos, en particular de los bancos, del sector de alimentos y de medicamentos, y de las tierras.

    También estamos a favor de la congelación de los precios de los bienes de supervivencia inmediata y de la confiscación de las propiedades de los sabotadores de la economía popular. Defendemos la autodefensa organizada de la población civil, lado a lado con las fuerzas armadas, ante cualquier operación militar externa.

    Yfinalmente, defendemos que el gobierno Maduro y la ANC garanticen la más amplia democracia y libertad de expresión para las organizaciones sociales y sindicales, de sectores no golpistas y de toda izquierda del país. No se puede intentar sofocar las diferencias en nombre de la unidad. Cualquier actitud antidemocrática contra las organizaciones legítimas del pueblo y de la izquierda venezolana, en vez de fortalecer, debilita esa inmensa lucha.

    El imperialismo norteamericano y sus gobiernos aliados europeos, al servicio de las grandes corporaciones capitalistas, recurrentemente utilizan el discurso «democrático» para ocultar sus reales objetivos de recolonización de los pueblos del mundo. Tatan, así, de posibilitar una mayor expoliación de los recursos naturales y la explotación cada vez mayor de los trabajadores y de las poblaciones originarias. Así lo hicieron en las ocupaciones de Irak (2003/2011) y en Afganistán (2001/2013), con el resultado de la destrucción de esos países y la muerte de miles de personas.

    Lo que está en curso por parte de la oposición de derecha, del imperialismo y de sus socios en la región, como es el caso del reciente gobierno de Bolsonaro en Brasil, no es una nueva operación en defensa de la democracia, sino un nuevo intento de intervención proimperialista para derrocar al gobierno de Venezuela y apoderarse a la vez de las riquezas petroleras de aquel país. Y, a continuación, aplicar medidas ultraliberales, po ejemplo, la dolarización total de la economía, privatizaciones generalizadas y recortes brutales de los derechos de los trabajadores y de las políticas sociales.

    ¡Los pueblos latinoamericanos necesitan unirse para evitar una nueva guerra destructiva de los pueblos y de los recursos naturales, esta vez en nuestro continente! ¡Exijamos que los gobiernos de la región rechazen cualquier acuerdo con Trump o intento de cesión de territorios, bases u operaciones militares que signifiquen medidas de guerra contra el pueblo de Venezuela! ¡Ningún reconocimiento de la autopresidencia golpista de Guaidó! ¡Fuera Trump de América Latina! ¡Convocamos a todas las organizaciones de izquierda y de los movimientos sociales a formar comités en defensa de la soberanía de Venezuela!

     

    Traducción: Revista Perspectiva Marxista [https://perspectivamarxista.blogspot.com]

     

  • CHILE: La huelga de portuarios eventuales en Valparaiso y su radicalizacion

    En Chile existe la Ley de Puertos Nº19.542, que crea 10 empresas portuarias, como sociedades anónimas, que administran los recintos portuarios, que son publicas, pero con patrimonio propio, descentralizada y actúa, como una unidad de negocios privada, que reporta al Estado a través del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, ley que fue creada en el año 1997, ya en Democracia y termina con la Empresa Portuaria de Chile, “Emporchi”, que era propiamente Estatal, quien realizaba todo el proceso de administración de los muelles de atraque y por otra parte las empresas requería trabajadores portuarios a través de “la Nombrada”, cada sindicatos portuario nombraba cada día quien trabajaba, con mucho poder como trabajadores portuarios, con el histórico contrato de trabajador portuario eventual, que se celebrara cada día que se tiene turno.

    Con este cambio legal, los terminales portuarios, es decir, los muelles de atraque son licitados a privados para su administración y mantención a través de concesiones de largo aliento, En la Empresa Portuaria de Valparaíso, existen dos empresas que administran los muelles una de ellas, Terminal Cerros de Valparaíso (TCVAL), con quien los portuarios lograron su objetivo, consiguieron un acuerdo, que termino la negociación con ella.

    Pero respecto a la otra empresa Terminal Pacifico Sur (TPS), administrada por Ultraport, (Familia Von Appen ), se sigue movilizados, a pesar de las conversaciones que se concretaron con la compañía en los últimos días, en que no se logró encontrar una solución.

    Las peticiones de los Portuarios eventuales son: la constitución de una mesa para discutir sus condiciones de trabajo, un bono y que no existan represalias para las personas movilizadas. Esto comenzó el 16 de noviembre, dejó sin actividad a los dos terminales. Los Trabajadores portuarios eventuales, se movilizan por las precarias condiciones laborales que tienen, además de ver afectados sus ingresos por una disminución en los turnos de trabajo. Esto, ya que los eventuales sólo son llamados a trabajar cuando hay exceso de trabajo en el puerto, es decir, los empleados contratados permanentes por las empresas no son capaces de hacer todo el trabajo, debiendo estar disponibles los eventuales, cuando existe exceso de trabajo:

    “Hemos vivido una baja considerable de turnos durante los últimos años, debido a los cambios en la cadena logística, el comercio exterior y la concentración de capitales producto de la fusión de las navieras”
    Además, agregaron:

    “la falta de una ley que regule nuestras condiciones de trabajo y que homologue derechos fundamentales de trabajo que tiene la mayoría de los trabajadores del país”.
    Entre ellos, la indemnización por años de servicio, el derecho a prenatal y postnatal, las vacaciones pagadas, entre otros.
    Con esta empresa se sostuvo, reunión formal, los dirigentes sindicales y TPS el día, 11 de diciembre, no llegando acuerdo alguno.
    El dirigente sindical Pablo Klimpel, señalo, si bien “no existe bloqueo”, ya que “accedimos al ingreso de trabajadores contratados, teniendo un funcionamiento del terminal de alrededor del 10% (…) los trabajadores eventuales de Ultraport que prestan servicio al TPS nos hemos negado a trabajar, sosteniendo la paralización”.

    Luego de que han existido conversaciones y reuniones, varias con la empresa y al no llegar a una solución del conflicto, que ya lleva más de 30 días, los portuarios y las organizaciones sociales de Valparaíso han radicalizado su lucha. Así, los últimos días han estado marcados por barricadas e incidentes en el centro de Valparaíso.

    Además, Klimpel señaló que deberán recurrir a instancias superiores de no llegar a un acuerdo con TPS, sobre lo que esperan que se tomen medidas a nivel estatal. Desde la Empresa Portuaria Valparaíso, llamaron a los empleados movilizados a deponer la radicalización.

    Los trabajadores portuarios en lucha, han levantado una consigna que refleja, la rabia contra la empresa, el gobierno y las autoridades;

    “Si no hay Navidad para los portuarios, no hay Año Nuevo”
    Sobre esto, el vocero Osvaldo Quevedo sostuvo que “hay 420 trabajadores portuarios que no saben cómo van a pasar la Navidad”, asegurando que pasarán las fiestas en protestas porque “estamos radicalizados”, Valparaíso es internacionalmente conocida por la celebración del año nuevo en el mar, en que llegan a la ciudad miles de turistas de todo el mundo.

    Los últimos acontecimientos en esta larga lucha portuaria, es la gran represión sufrida por los trabajadores movilizados, con el ingreso por medio de fuerzas especiales de Carabineros (pacos), a las dependencias del edificio sindical, destrozando todo a su paso y llevándose 16 portuarios detenidos, y 28 de ellos, han subido al techo del edificio y resistido hasta altas horas, sin ser detenidos y logrando su objetivo de mantenerse en su sede sindical, esta situación detono la solidaridad de clase y han comenzado a sumarse al Paro otros puertos el norte, centro y sur del país, Iquique, Mejillones, Ventanas, San Antonio, Talcahuano, Coronel Puerto Montt y Punta Arenas , esta reacción solidaria de los trabajadores portuarios asociados principalmente a una organización de hecho, “Unión Portuaria de Chile”, coloca a la orden del día, la necesaria solidaridad internacional con esta lucha.-

    *Raúl Marcelo Devia Ilabaca, Abogado, Defensor Laboral y Ex dirigente sindical Fenadaj

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    Declaración

    Valparaíso 15 de Diciembre 2018

    A las organizaciones sociales, sindicales, autoridades y medios de prensa

    El día viernes sostuvimos una reunión con la empresa ULTRAPORT alrededor de las 19 hrs. En esta reunión la empresa nos hace una propuesta cerrada que consiste en un préstamo de $350 mil y una gift card de $200 mil . Mas otro préstamo de $200 mil pesos. Nos dice que aparte nos entregara como siempre en estas fechas una caja de provisiones, otro préstamo de $200 mil y un aguinaldo. En el comunicado señalan que “apoyara a los trabajadores que no estén vinculados a hechos de violencia y que se reintegren a las faenas ” y que “ellos no tienen cabida en nuestra empresa”.

    Es preocupante que a los 29 días que llevamos de paralización en el puerto de Valparaíso, la empresa no haya cedido en ninguno de los puntos que se han establecido en la conversación. Ellos insisten en que no tienen ninguna deuda pendiente con nosotros y nos siguen hablando de “un bloqueo ilegal de los accesos”. Es importante hacer las siguientes aclaraciones

    Respecto a la oferta de préstamo y gift card: Es una falta de respeto que el día jueves 13 nos haya ofrecido $400 mil de préstamo y $150 mil de giftcard y que ahora le quite $50 mil al préstamo y se lo agreguen a la gift card. Cualquiera que entienda sobre procesos de negociación entenderá que esto es una burla.

    Sobre a las situaciones de “violencia”: hoy existe en los medios una visión unilateral sobre la violencia y su ejercicio, tanto por parte de la intendencia y la gobernación, como por parte de la empresa. Creemos que es importante revisar bien el concepto y sus atribuciones, como las medidas de presión que se ejercen por las partes. Como trabajadores/as no somos dueños de grandes empresas, ni controlamos los medios de comunicación, no tenemos mayores recursos que nuestra fuerza de trabajo. Las formas de poder visibilizar nuestros problemas y conflictos, cuando se agotan las vías de dialogo y la institucionalidad no da respuesta, surgen de la protesta y la acción directa en las calles. Recursos de presión que ha sido utilizados por toda la historia del movimiento obrero y las clases populares en la historia de Chile. No deberían sorprendernos, basta revisar la historia de Valparaíso y la huelga portuaria de 1903 para entender las dimensiones de conflictos de este tipo y sus desenlaces. A nosotros nos acusan de violentistas, pero cuando la empresa no respeta los acuerdos asumidos con ministros de estado, cambia las condiciones de dialogo y acuerdos, cuando soborna trabajadores/as ofreciendoles mas dinero por ir a trabajar para romper el paro, nadie dice nada. incluso ahora que le adelanto las practicas a los estudiantes de la escuela de tripulantes de Valparaíso y esta usando jóvenes de 17 y/o 18 años para atender los buques y capacitando gente nueva “es su legitimo derecho”. ¿Acaso no es violento que las mujeres no puedan tener derecho a pre y post natal? ¿no es violento tener seguridad de ser contratado nuevamente al próximo turno? ¿no es violenta la precarización del trabajo? En otros puertos del litoral de nuestro país, los trabajadores eventuales consiguen a través de las negociaciones de cppt con sus empresas bonos cada dos años de un millón, vacaciones pagadas, pago de las falsas nombradas y de la lluvia, etc. Pero TPS a través de su empresa de muellaje Ultraport no cede nada a sus trabajadores y trabajadoras. Cuando las fuerzas de carabineros mojan a niños y niñas con el carro lanza agua, esparcen gases lagrimogenos contras nuestras familias y compañeros, cuando nosotros nos oponemos, es solo “violencia contra la autoridad” y “desordenes”.

    El movimiento de los trabajadores portuarios eventuales de Valparaíso tiene causas profundas: el abuso y la desigualdad: Lo que entró en crisis en Valparaíso es un modelo laboral que reparte miseria entre muchos, inseguridad en las faenas y pobreza para cientos de trabajadores portuarios eventuales y miles más que anhelan entrar al puerto. Esto porque hay miles de permisos portuarios para unos cientos de empleos. Hoy son cientos de eventuales con 5 o menos turnos al mes, a quienes la empresa necesita por momentos y sólo en esos momentos los reconoce como sus trabajadores. Terminado el turno, los empleadores dicen que no son sus trabajadores, aunque la relación laboral con el mismo empleador se prolongue por años. Sólo como ejemplo, el trabajador portuario eventual puede trabajar por 20 o 30 años, 20 días de cada mes, para la misma empresa de muellaje y no tener ningún tipo de indemnización, por años de servicio al terminar la relación. Tampoco tiene derecho a vacaciones y como debe trabajar en otras cosas para subsistir no tiene estímulos para capacitarse. Nuestros dirigentes sindicales no tienen fuero, ni las trabajadoras portuarias eventuales tienen los derechos a la maternidad del resto de las trabajadoras. Y si nos critican que realizamos paralizaciones de actividades, consideren antes que la ley chilena no permite la huelga legal de los trabajadores eventuales.

    El petitorio de los trabajadores portuarios eventuales de Valparaíso es muy concreto: Solicitamos a TPS, un bono que los ayude a enfrentar los duros momentos que han vivido durante el año; conversar sobre cuestiones del trabajo que se pueden corregir y mejorar; y que no se tomen represalias laborales con los trabajadores que han participado en este movimiento social. Este petitorio fue respondido rápidamente por el concesionario del Terminal 2, TCVAL con un bono de $1.000.000.- de pesos líquidos, la constitución de una mesa de trabajo y sin sanciones. Pero TPS, que es 10 veces más grande que TCVAL en Valparaíso, se niega a proponer una oferta similar a los 450 trabajadores eventuales, cuando todos ven que invirtieron cientos de millones de dólares en la ampliación de los 120 metros y las nuevas grúas pórtico y que han recibido 400 millones de dólares por la incorporación a su grupo de un gran inversionista canadiense. Oliver Weinreich dice “no tenemos ningún tema laboral pendiente” esto es evitar la dimensión social del conflicto, del cual ellos son responsables con el modelo de relaciones laborales que han establecido en el TPS. Se lavan las manos diciendo que cumplen con la ley y lo que ha demostrado el conflicto es justamente la insuficiencia de los marcos legales vigentes para resolver el problema.
    Terminal Pacífico Sur de Valparaíso, empresa del grupo Von Appen, está presa en su ideología patronal: Hay reportajes publicados en la prensa, que ligan el origen de la fortuna de estos inmigrantes alemanes en la política exterior del régimen nazi y sus planes de boicotear la flota aliada en el pacífico sur. Pero de lo que no cabe ninguna duda, es que el modelo laboral que implementa en sus empresas se basa en comprar dirigentes y aplastar disidentes. Así en Mejillones hace pocos años, ante la pretensión de los trabajadores eventuales de negociar junto a los contratados, los llevó a mantener cerrado el puerto hasta que el hambre venciera a los trabajadores. Ahora en Valparaíso, cuando la asamblea sindical toma la decisión de movilizarse contra el abuso y contra los dirigentes amigos de Von Appen, este responde que no negociará con los delegados elegidos por la asamblea. Es importante que el señor Raúl Celis, ex presidente de EPV y hoy vocero de TPS, sepa que la máxima autoridad institucional de los sindicatos es la asamblea de los socios y si esta toma una decisión, sólo cabe respetarla. Pero esa era sólo una excusa porque cuando los dirigentes se sumaron todos a los acuerdos de la asamblea, los Von Appen, igual se niegan a proponer soluciones al conflicto. Queda claro entonces que lo que busca Von Appen es replicar el plan de aplastamiento que le resultó en Mejillones, al costo que sea, sólo porque su ideología le impide darse cuenta del daño que esta provocado en Valparaíso y el país.

    El costo del conflicto: El principal daño hoy lo sufren nuestras familias, todos los trabajadores del puerto, los trabajadores de otros puertos, las empresas ligadas al comercio exterior del país y la ciudad de Valparaíso. Pero esto no es argumento suficiente para el grupo Von Appen. La pregunta entonces es ¿por qué el estado no interviene? ¿Qué están esperando? Hace no mucho tiempo, en el último año del primer gobierno del presidente Piñera, esta misma situación ocurrió y el Gobierno actuó, buscando acuerdos directos con los tabajadores que exigían en ese caso el pago de la media hora de colación, que los empleadores les negaban. Así surgió la ley N°20.773, que estableció que este pago lo iba a realizar el fisco y para ese fin se estableció una tasa portuaria del siguiente modo:

    Artículo 4º.- Establécese por cuatro años, contados desde el 1 de enero del año 2015, un aporte a beneficio fiscal correspondiente a 0,2 dólares de Estados Unidos de América, por cada una de las toneladas de carga general transferidas de cualquier tipo, que se importe o exporte por puertos nacionales, en naves sujetas al Código Internacional para la Protección de los Buques y de las Instalaciones Portuarias, promulgado mediante el decreto supremo N.º 71, del Ministerio de Relaciones Exteriores, de 2005. El aporte será enterado por los importadores o exportadores, según corresponda, y no podrá exceder, por cada operación, de 0,025% del valor CIF de cada tonelada en el caso de importación, y de 0,025% del valor FOB de cada tonelada en el caso de exportación.”

    El Gobierno pagó luego directamente a los trabajadores un valor según el número de turnos realizados, porque se hizo cargo que, en último término, es el estado quién ha permitido la existencia de la eventualidad portuaria y que como dueño de los puertos concesionados es quién permite a los concesionarios explotar el puerto.

    Parálisis Política. Además de lamentarse de lo mal que ha manejado el conflicto el concesionario y esperar que cambie la situación por obra de la suerte, el Gobierno debe actuar de manera concreta a través de las herramientas y poderes que le son propios.

    Hacemos un llamado a las autoridades y al gobierno a hacerse parte de la solución y a la empresa TPS en reconsiderar su modelo de relaciones laborales, por relaciones laborales modernas que tomen en cuenta la visión de las distintas partes asociadas al negocio en post de la productividad real del país en donde todos podemos crecer en prosperidad y no tan solo unos pocos. Es el momento de demostrarlo. Y a las organizaciones sociales y de trabajadores a estar alerta.

    Fuerza portuaria Valparaíso

     

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  • Declaración ante la reunión de las Cúpulas Conservadoras das Américas convocada por Bolsonaro en Foz do Iguaçú

    La reunión convocada en el próximo 08 de diciembre por Bolsonaro jr y Fernando Francischini, ambos de la coalición de gobierno, en Foz do Iguaçú (PR), con el objetivo de organizar a las fuerzas políticas de ultra derecha continental, constituyen un riesgo para toda la clase trabajadora de Brasil, Paraguay, Argentina y demás países de Latinoamérica.

    Eduardo Bolsonaro, diputado federal y el partido del presidente electo (PSL), a instancias de Steve Bannon e Olavo de Carvalho, algunos de los gurús de esa nueva derecha, el último un asesor no asumido del presidente electo, han convocado a representantes derechistas como el ex presidente Uribe de Colombia, ex militares y funcionarios de los gobiernos latinoamericanos de derecha de diferentes países, entre ellos Chile, Paraguay y cubanos exiliados (gusanos) en EUA, para debatir sobre “Un novo rumo no mundo”.

    Estamos convencidos que nada bueno puede salir de semejante cónclave para los pueblos latinoamericanos. Y que, al contrario, estamos ante el primer embate coordinado y unificado de las fuerzas reaccionarias de la región.

    El triunfo en el país más grande del continente del ex capitán Jair Bolsonaro, que todo lo contrario a un outsider de la política hasta hace unos meses no hizo otra cosa que vegetar en el Congreso brasileño durante 27 años, siendo un mediocre político, representa una amenaza contra los intereses inmediatos e históricos de los trabajadores de la región, así como también contra las libertades democráticas y los derechos humanos fundamentales.

    Su extracción social, su ideología, su racismo, su misoginia contra las mujeres, su homofobia contra la libre elección sexual de las personas, su reivindicación de la tortura y la dictadura militar, lo transforman en un enemigo del pueblo, aunque haya sido electo en un proceso infestado de trampas totalitarias y proscriptivas, donde pudo manipular con mentiras y operaciones a la opinión pública.

    Su plan económico, que sigue el mandato del capital financiero y las multinacionales, está alineado completamente con el gobierno de Estados Unidos y, como si fuera poco, de Israel. Este alineamiento transforma a la región en un terreno de disputas de intereses internacionales que pretenden recolonizarla, apropiándose de los recursos naturales que le faltan (como el agua, las tierras y sus riquezas), proceso depredatorio que está en pleno desarrollo. De allí que sus principales articuladores internos sean el ejército, el agronegocio y las iglesias evangelistas.

    Esta derecha neofascista, que amenaza con ilegalizar y transformar en “terrorista” cualquier organización dos trabajadores que luche por derechos económicos, sociales y democráticos, para criminalizar, reprimir e imponer un disciplinamiento social histórico, pretende combinar el viejo modelo reaccionario y militarista con la política económica neoconservadora y ultraortodoxa de los “Chicago boys”, pero para eso requiere también el fortalecimiento de estas políticas en la región. Sin efecto contagio, su plan de gobierno, más temprano que tarde, irá al fracaso.

    Los efectos de esta nueva coyuntura abierta en Brasil repercutieron inmediatamente en Paraguay. No es casual, entonces, la elección de Foz de Iguazú como sede para realizar esta cumbre. El triunfo de Bolsonaro tuvo un efecto cascada en Paraguay, donde la poderosa y ascendente burguesía sojera compuesta por empresarios brasileños (mal nominados “brasiguayos”), lanzaron un terrible ataque sobre los campesinos y pueblos originarios de la región.

    Este proceso consiste en expulsar de sus tierras a campesinxs e indígenas, apropiarse de sus territorios, destruir los bosques nativos para transformarlos en sojales sin un sólo árbol en kilómetros, provocando un daño social, cultural y ambiental con características de genocidio. Eso tiene varias décadas, pero esta agresión actual es un “toque de diana” de una nueva ola recolonizadora del capital yanqui-brasileño en la región.

    Las comunidades campesinas son arrasadas, algunas quemadas y ametralladas, bajo la mirada cómplice de los poderes del Estado paraguayo, que hace la vista gorda mientras las familias campesinas sufren un asedio que por momentos adquiere las formas de guerra civil no declarada. Los terratenientes, fanáticos de Bolsonaro y sus métodos, se sienten envalentonados con el triunfo electoral y mucho más lo estarán con esta reunión cumbre en Foz do Iguazú.

    El capitalismo dependiente de América Latina, con gobiernos que se arrodillan ante el FMI y el G 20 como el de Macri, que somete a lxs trabajadorxs y el pueblo a un ajuste despiadado, aplicado a fuerza de una creciente represión, persecución, encarcelamientos y hasta asesinatos a manos de las fuerzas de seguridad del Estado, como son el Caso Maldonado y Nahuel y ahora Orellano y Soria, aunque sin respaldo de ninguna clase en la población, recurre a un presunto “respaldo” del G 20, y a partir de ahí pretende reforzar la represión, habilitando a las fuerzas de seguridad a una verdadera “licencia para matar”, como la que tanto reivindica el presidente electo en Brasil.

    Las organizaciones campesinas de Paraguay se han reunido recientemente a iniciativa, entre otras, de la ASAGRAPA (Asociación de Agricultores del Alto Paraná), en el Alto Paraná y otros departamentos del este paraguayo. Desde allí se ha comenzado a gestar un movimiento de rechazo a las razones político-económicas que convirtieron a Paraguay en un laboratorio de extensión neocolonial.

    La población campesina, principal víctima de este modelo de hambre y exclusión, sin derechos democráticos es, sin embargo, la que se ha rebelado otra vez, contra esta ignominia y en defensa de la soberanía nacional, el respeto al medioambiente y la defensa de sus comunidades.

    La respuesta del entramado terrateniente que usa el blindaje del Estado (los partidos políticos tradicionales, la justicia, la policía, etc.) y posee un ejército de sicarios o grupos de choque de carácter internacional que también es empleado por los carteles del narcotráfico de la zona, usa y abusa de Paraguay (célebre frase con la que el ex presidente Horacio Cartes, empresario narco, instaba a los “inversores” extranjeros) y hasta amenaza a sus gobernantes públicamente, a través de los medios de comunicación.

    Esta cumbre de Foz do Iguazú no representa nada nuevo para ofrecer a los trabajadores y campesinos de América Latina. Al contrario, representa una regresión en todos los aspectos, en la soberanía política y alimentaria, en los derechos democráticos, en la educación, la ciencia y la cultura.

    En Paraguay representará un retroceso en las condiciones del Tratado de Itaipú, que es lo que persigue denodadamente el gobierno brasileño. A esto se le suma que el actual gobernante, Mario Abdo Benítez, es un hijo dilecto del stronismo, vástago del ex personal del dictador, principal responsable de este sistema inmundo de corrupción, tierras mal habidas, entrega del patrimonio nacional paraguayo y represión a las comunidades campesinas e indígenas.

    Estos representantes de la derecha que se arrodilla ante el imperialismo estadounidense y buscan disciplinar a los trabajadores con todas las herramientas coercitivas del Estado, no tienen nada para ofrecer a sus países, menos aún a sus trabajadorxs y campesinxs.

    Unidad de trabajadorxs y campesinxs para enfrentar a la extrema derecha en américa latina

    Esta derecha neofascista, truculenta y brutal, pretende responder con más barbarie al prolongado proceso de decadencia de los países dependientes. Tenemos que hacerles frente del único modo posible para tener éxito: uniendo, organizando y movilizando a los trabajadores y campesinos, como de hecho viene ocurriendo en cada país, aun con sus desigualdades.

    Es necesario que en cada organización de trabajadorxs y campesinxs se debata, se tome la lucha en las manos de las y los protagonistas, construyendo democráticamente las mejores estrategias para vencer.

    Políticos como Bolsonaro buscan derrotarnos por largos años. Llamamos a todas las organizaciones obreras, populares, campesinas, antiimperialistas, de mujeres, estudiantiles y de derechos humanos, a encarar una fuerte campaña y movilización internacional de denuncia de estos elementos de la derecha latinoamericana que gobierna para el FMI y Trump, en contra de los intereses de la inmensa mayoría de la población trabajadora, campesina y originaria de nuestros países.

    Ante cada lucha que se presente en cualquier país, es necesaria la más amplia e inmediata solidaridad. Hay que hacer como las mujeres en Argentina o en Brasil con #Ele Não, lo mismo que el movimiento campesino en Paraguay. Hay que ganar las calles y construir la más amplia unidad contra esta derecha que quiere someternos.

    Primeras firmas:

    ARGENTINA
    Anticapitalistas en Red
    Corriente Política de Izquierda
    Corriente Popular Juana Azurduy
    Democracia Socialista
    Frente Popular Dario Santillan
    Frente Popular Dario Santillan – Corriente Nacional
    Izquierda Latinoamericana Socialista
    La Caldera
    Marabunta – Corriente Social y Política
    Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social
    Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST)
    Opinión Socialista
    Poder Popular
    Vamos – Frente Patria Grande

    Claudio Katz
    Eduardo Lucita
    Guillermo Almeyra
    Julio Gambina
    Roberto Saeñz/Corriente Socialismo o Barbarie

    BRASIL
    Comuna/PSOL
    LSR- Liberdade, Socialismo e Revolução/PSOL
    Resistência/PSOL
    Socialismo ou Barbárie/PSOL
    Subverta/PSOL

    PARAGUAI
    Alternativa Socialista
    Movimiento Por el Socialismo (MPS)

    * Nuevas firmas enviar para [email protected]

     

    EM PORTUGUÊS

    Declaração diante da Reunião da Cúpula Conservadora das Américas convocada por Bolsonaro em Foz do Iguaçu

     

  • ¿Por qué estamos contra una candidatura “única” de izquierda en las elecciones?

    Cucaracha conocida no pasa a través de gallinero.
    De nada sirve llorar sobre la leche derramada.
    No confíe en la suerte. El triunfo nace de la lucha.
    Sabiduría popular brasileña

     

    Estamos ante mucha presión por una candidatura única de izquierda. Uno más en política no es igual a dos. La izquierda debe tener la lucidez de unirse contra los enemigos comunes. Sí, hay uniones que fortalecen, como el Frente Único contra los fascistas. O el Frente Único contra Temer. O el Frente Único por el derecho de Lula ser candidato.

    Pero un frente electoral exige mucho más que la disposición de luchar contra enemigos comunes. Exige, también, para acreditarse seriamente como una alternativa, algo más, algo más allá que la sola formulación de un programa en el papel. La alianza en torno a Boulos/Sonia Guajajara se ganó el derecho a presentarse en las horas decisivas de la lucha de clases de los últimos cinco años. Ganó legitimidad en las calles en junio de 2013, y en la lucha contra el impeachment. Algunos en la izquierda estuvieron muy bien en junio de 2013, como el PSTU y otras fuerzas en la izquierda. Pero se posicionaron muy mal en la lucha contra el golpe en 2016. Otros, como la mayoría del PT, escogieron a la inversa, pero eso no es menos grave.

    Un frente electoral es de naturaleza distinta que un frente único para luchar por objetivos específicos, porque exige un programa. No puede ser construido solamente contra los enemigos comunes o las reivindicaciones parciales. El programa electoral no puede ceder a las presiones posibilistas o a las tentaciones maximalistas.

    ¿El PT estaría realmente dispuesto a autocríticas del balance de los trece años? ¿Alguna autocrítica? El PT estaría dispuesto a criticar el impacto del trípode macroeconómico que se puso de pie con Palocci, cuando estaba asociado a la consultoría de, nada menos que, Delfim Netto? ¿Y reevaluar la propuesta de reforma de la previsión social defendida por Dilma Rousseff con Joaquim Levy al frente de Hacienda? ¿Algo que decir sobre las privatizaciones? ¿O sobre las alianzas con el agronegocio? ¿O sobre los compromisos con la gobernabilidad, vía el Congreso Nacional? ¿Está dispuesto a defender el fin de la Ley de Responsabilidad Fiscal y la búsqueda del superávit fiscal, por ejemplo? ¿Está dispuesto a criticar las alianzas, con el Centrão por algunos años, y con el PMDB?

    ¿Exigir estas evaluaciones sería exigir demasiado? ¿Sería el ultimatismo? ¿Será posible pensar en un futuro para la izquierda sin sacar lecciones de estas experiencias? La respuesta lúcida, madura, clara, cristalina, inevitable es no. Para el PCdoB el camino para una coalición con el PT es diferente que para la Alianza construida por el PSOL. El PCdoB participó en los gobiernos de Lula y Dilma, porque había acordado en lo fundamental con los programas de los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff. Durante trece años no hicieron diferenciación alguna. El PSOL no tenía acuerdo.

    Seamos serios. Mantengamos el respeto. Tenemos responsabilidades inmensas. Aquellos que construimos la candidatura Boulos/Guajajara creemos que hay que encender una nueva esperanza en la izquierda. El PSOL fue oposición de izquierda a los gobiernos del PT en función de estas y otras diferencias programáticas. Pensamos que no fue errónea esta ubicación estratégica. Además, las elecciones serán en dos turnos. Como ya quedó claro, el PSOL es un aliado honesto en la lucha contra la persecución al PT, y Boulos no será un obstáculo para que Lula pueda ser candidato.

    Y la honestidad importa. El PT no debería ser un obstáculo para que Boulos y la Alianza construida por el PSOL puedan defender otro programa. Debería tener grandeza, considerando el lugar del MTST y del PSOL en la lucha contra el impeachment. El PSOL y el MTST tuvieron una posición de principios. El PSOL y el MTST estuvieron juntos también, junto a la mídia ninja, en las calles en las jornadas de junio, cuando el PT estaba en el ayuntamiento de São Paulo y en el gobierno en Brasilia. La Alianza en torno a Boulos y Sonia Guajajara puede presentarse ante los sectores organizados de los trabajadores y de la juventud con la cabeza erguida. Su papel será el de llamar a la lucha a los que perdieron la esperanza. Lo que se necesita es inflamar el ánimo de los que cayeron en el desaliento. El lugar de la izquierda en las elecciones es convocar a la mayoría del pueblo a confiar en la fuerza imbatible de su movilización.

    Porque la alianza es una chispa para las movilizaciones que vendrán. Solo la lucha cambia la vida. Será un instrumento útil en la lucha para sacar a Bolsonaro de la segunda vuelta. Será un punto de apoyo para la organización de miles de activistas para las luchas que vendrán. Esta actitud debe expresarse en los criterios para la elaboración del programa.

    Un programa electoral de izquierda debe ser un programa de movilización. Un programa electoral responde a la disputa política. La disputa política es la forma en que se debate la lucha por el poder. Es decir, a la cuestión de quién debe gobernar, cómo gobernar y contra quién gobernar. Deben ser ideas poderosas para entusiasmar, cautivar, encender, encantar la rebeldía de la juventud y del pueblo. Deben inspirar a que otra vida es posible. El eje del programa de las candidaturas Boulos/Guajajara es, correctamente, la lucha contra las desigualdades sociales que explican los dramas que castigan la vida de la inmensa mayoría de los trabajadores y del pueblo. Las propuestas se centran en la idea de que sin lucha y participación popular no es posible cambiar Brasil.

    No es raro que se confunda un programa electoral con una plataforma de reivindicaciones sindicales o populares. O con un programa de gestión del Estado, un programa de gobierno. No es ninguno de los dos. Una plataforma de reivindicaciones expresa demandas que una categoría de trabajadores, como los profesores en lucha por la valorización salarial, o un movimiento popular, como el de lucha por la vivienda o por la tierra, presentan como exigencias a un gobierno de turno. Son reivindicaciones específicas. Pero, aun cuando son reivindicaciones unitarias, una plataforma de reivindicaciones tiene una naturaleza distinta de un programa electoral. El año pasado, por ejemplo, el repudio a las propuestas de reforma de la seguridad social fue el combustible para la realización de una de las mayores huelgas generales desde los años ochenta. Esta plataforma de reivindicaciones tenía el objetivo de construir un frente único para la acción. Ella tenía que ser un denominador común que cimentara el frente único de las centrales sindicales (CUT, Força Sindical, Nova Central, CTB, CSP/Conlutas, y otras) y movimientos sociales. En las elecciones, cada partido presenta sus propuestas. El papel de la Alianza PSOL/PCB y los movimientos sociales es presentar sus propias propuestas.

    La elaboración del programa electoral debe estar contextualizada por un análisis de cuáles son los problemas más graves que afectan a los trabajadores y al pueblo. Pero ello está condicionado por un análisis de la coyuntura política. Las condiciones impuestas por la coyuntura adversa cuentan. Si no, el programa electoral sería, esencialmente, siempre el mismo, sin importar si las elecciones se realicen en 1998, 2028, o en 2018. Somos socialistas, y debemos defender la necesidad del socialismo en las elecciones. Sería políticamente deshonesto y, por lo demás, absurdo, ocultar nuestra identidad programática, nuestro proyecto histórico. Pero la defensa del socialismo o de la revolución no es, en sí y por sí misma, un programa electoral. No podemos concurrir en Brasil con el programa de la Comuna de París de 1871. Nuestro programa electoral debe reconocer las condiciones en que se realiza la disputa. Estas condiciones son, fundamentalmente, dos: después del golpe parlamentario-institucional de 2016, y la secuencia de trece años de gobiernos de conciliación de clases bajo el liderazgo del PT. Disminuir el impacto de las terribles secuelas originadas por el golpe nos dejaría separados de la experiencia práctica de decenas de millones que están viendo sus vidas empeorar día a día tras el impeachment de Rousseff. Desconocer el balance de los trece años de gobiernos liderados por el PT nos deslegitimaría como una nueva alternativa de izquierda.

    El programa electoral debe identificar contra quién luchamos y nuestra decisión de derrotarlos. Grandes movilizaciones de masas no se mueven solo por indignación o por la percepción de la injusticia. Necesitamos, también, tener gente activa que crea que puede ganar, aunque sean victorias parciales. La perspectiva de que las victorias son posibles importa. Por más modestas, por pequeñas que sean o por más invisibles que puedan parecer, esas victorias siembran una disposición por más movilización que todos los “llamamientos a la resistencia”. Disminuir el drama de la vida de las personas con ligereza es de una rigidez doctrinal imperdonable. Las propuestas serias no son lo mismo que las propuestas “viables”, y no pueden reducirse a ellas. Las propuestas serias deben ser concretas. Las propuestas serias deben ser iniciativas por las que vale la pena luchar. Las propuestas “viables” es una fórmula que desconsidera que la primera responsabilidad de una izquierda radical es demostrar que hay que cambiar las condiciones de la lucha política. Una izquierda que no es útil es inofensiva. Una izquierda útil debe ser peligrosa.

    Un programa electoral tampoco necesita ser un programa de gestión. Un programa de gestión necesita considerar incontables factores, entre ellos, el tiempo. Fantasear con que un partido de izquierda al llegar al poder podría hacer lo que quisiera, sería infantil y tonto. ¿Qué hacer inmediatamente para garantizar que el gobierno no sea derribado? ¿Cómo construir las condiciones a medio plazo para tomar tales o cuales medidas? Imaginar que se pueda, anticipadamente, encontrar todas las soluciones, desconociendo a los enemigos y sus iniciativas, es ingenuo y doctrinal. No hay fórmulas universales preestablecidas para enfrentar a las fuerzas reaccionarias. A no ser un criterio que pasó la prueba en el laboratorio de la historia: no es posible luchar por la transformación de la sociedad sin despertar la furia contrarrevolucionaria de la clase dominante.

    Imagen: kandisnky 1911

     

    TEXTO ORIGINAL

    Por que somos contra uma candidatura ‘única’ de esquerda nas eleições?

  • Brasil está paralizado: es tiempo de ampliar la lucha

    Editorial de 28 de maio

    La huelga de camioneros estremece a Brasil. Después de siete días de paralizaciones y  bloqueos de carreteras, el desabastecimiento de combustible y alimentos afecta a todo el país. En los supermercados, algunos productos  ya tienen los precios elevados por la escasez de mercancías. Además, las fábricas están con la producción parcial o completamente paralizada. Es decir, Brasil está paralizado por la huelga de camioneros.

    Muy débil y acobardado, el presidente Temer hizo nuevas concesiones el último domingo (27) con la finalidad de poner un fín en la movilización, atendiendo parte de las reivindicaciones de los camioneros, como la reducción del precio del diésel – 46 centavos – por sesenta días y del precio mínimo de cargas y la gratuidad del peaje para camioneros que transitan vacíos, con el eje suspendido, entre otras medidas de negociación.

    Sin embargo, este lunes por la mañana (28) todavía no estaba asegurado el término de la paralización. Mientras parte de los camioneros se preparan para retomar las actividades, otra parte afirma que la huelga sigue hasta el derrumbe del gobierno. Até o final do dia de hoje, ficará mais nítido se a greve seguirá ou não.

    Después de clamar a la represión de las Fuerzas Armadas y de la policía militar contra los manifestantes, Temer retrocedió en la política y aprobó una medida que perjudica el conjunto de la población brasileña para negociar con los camioneros. La medida que propone tiene como objetivo baratear el diésel y, para eso, reduce el PIS y el COFINS, impuestos importantes en el financiamiento de la Seguridad Social. La solución debería ser otra. Es necesario reducir el precio de los combustibles y del gas de cocina – no sólo el precio del diésel – modificando, así, la política de precios de la Petrobras. Actualmente, la política de precios atiende exclusivamente a los intereses de los accionistas privados y de las petroleras extranjeras. Es necesario proponer una nueva política de precios que no reduzca las inversiones en las áreas sociales.

    Una huelga progresiva, pero contradiciones
    La paralización de la carretera cuenta con amplio apoyo popular y es protagonizada por camioneros autónomos, camioneros empleados – es decir, con sueldo mensual y contratados por empresas – y también por empresarios del sector de transportes. Es, por tanto, un movimiento policlasista, que involucra tanto a trabajadores como a los patrones. Sin embargo, es evidente el destaque de los camioneros autónomos en el movimiento. La paralización patronal (lockout) existió, aunque no haya sido el factor determinante de la huelga, que ahora enfrenta su período más radicalizado.

    Por otro lado, la principal reivindicación – la reducción del precio de combustibles – es justa y sirvió como detonador de la rebelión popular.

    Con la huelga, se evidenció la desastrosa política de precios de la Petrobras que oscila con los mandos y desmanes del capital internacional. Los sucesivos aumentos de precios de combustibles penalizan a la mayoría de la población e hieren la soberanía nacional. Solo los banqueros, las  empresas petroleras extranjeras y especuladores internacionales lucran. Esta política sirve a la privatización de la Petrobras, que está a merced de los intereses del mercado financiero y no de las necesidades de los trabajadores y del desarrollo de la Nación.

    El movimiento de los camioneros es progresivo por su principal reivindicación, por enfrentarse objetivamente a la  política privatista de la dirección de la Petrobras y por estimular otras luchas de los trabajadores. Con todo, existen contradicciones significativas en el movimiento: la extrema-derecha y los empresarios disputan el sentido político de la huelga. Jair Bolsonaro, por ejemplo, cuenta con el apoyo de una buena parte de los camioneros y ha declarado su respaldo a la movilización, así como el grupo MBL y otras organizaciones de la extrema-derecha. Estos sectores se aprovechan de la crisis para enarbolar su bandera de “intervención militar”, que ha ganado fuerza en los últimos días, a pesar de la represión de las Fuerzas Armadas en las carreteras. Existe el peligro real de que el movimiento sea dirigido y capitalizado políticamente por las fuerzas reaccionarias.

    Para que eso no ocurra, es necesario disputar los rumbos de la coyuntura en la cual la huelga se desarrolla. Los sectores de la izquierda que tratan la huelga como una expresión únicamente reaccionaria  se equivocan y, por lo tanto, abren camino para la extrema-derecha aumentar y consolidar su influencia. Igualmente se equivocan las organizaciones de izquierda que menosprecian la participación empresarial y la influencia de las fuerzas políticas reaccionarias, mirando, así, solo a los aspectos positivos de la paralización.

    Poner la clase obrera en marcha y frenar el avance de la extrema-derecha
    Creemos que es indispensable apoyar a la huelga de los camioneros con un programa político independiente y que sirva a los obreros y enfrentar a los sectores de derecha y extrema-derecha que han actuado en el proceso. Por otro lado, es necesario aprovechar ese momento para poner en escena el movimiento organizado de otras categorías obreras, como los petroleros, electricistas, metroviarios, empleados públicos, profesores etc. Si la clase obrera se pone en marcha organizadamente, es posible obtener conquistas.

    Los petroleros, la categoría estratégica y con mucha tradición de lucha, señalaron una paralización nacional de tres días el próximo miércoles. Este lunes, paralizaciones y manifestaciones ya ocurrieron en diversas refinerías y terminales petroleros de la Petrobras. Es, por tanto, una movilización imprescindible en la coyuntura actual y que debe ser apoyado por toda la clase trabajadora. En este momento de profunda crisis social y política, es necesario disputar la coyuntura a la izquierda, sin vacilaciones. Mientras el gobierno Temer agoniza, la burguesía está perdida y la derecha tradicional está acorralada, la extrema-derecha actúa con precisión para aprovechar en momento y ganar espacio. La gran mayoría de la izquierda y de las centrales sindicales están, hasta ahora, paralizadas en esta coyuntura crítica. El PT y la CUT, por ejemplo, ya no hicieron más que declaraciones protocolares y electoreras. Las centrales sindicales, de forma absurda, se pusieron como mediadora del conflicto, en vez de ampliar la lucha. Así facilitan el avanzo de Jair Bolsonaro y el discurso de la intervención militar. El candidato fascista tiene fuerza, pero aún no es la mayoría entre el pueblo y los trabajadores. La izquierda y los sindicatos tienen fuerza política para disputar el proceso.

    En este sentido, las centrales sindicales, los movimientos sociales y partidos de izquierda precisan reunirse inmediatamente para marcar la fecha de un día nacional de lucha. Un día de paralización y movilización que enarbole la bandera de la reducción inmediata del precio de los combustibles y del gas de cocina sin reducción del financiamiento de la Seguridad Social, por la defensa de una nueva política de precios de la Petrobras y la dimisión del presidente de la empresa Pedro Parente, por la defensa de la Eletrobras contra la privatización, por trabajo, sueldos dignos, la revocación de la Reforma Laboral y el fin del congelamiento de gastos sociales. Es fundamental, también, defender una reforma tributaria que suprima los impuestos de los trabajadores y los más pobres y aumente la tasación de los más ricos, bien como defender a las libertades democráticas amenazadas, exigiendo la libertad de Lula y justicia para Marielle y Anderson.

    La recuperación económica propuesta por Temer ha fracaso y la crisis social se profundiza todos los días. Dos años después del golpe, el desempleo ha aumentado – ya son casi 30 millones de brasileños desempleados o subempleados –, no hay más recursos financieros para la educación, salud y viviendas, los sueldos bajaron y la violencia social crece cada día. El programa económico de “ajuste” y “reformas” ha beneficiado solo los super-ricos, mientras la gran mayoría de la población vive el aumento de la pobreza y la desigualdad.

    La clase trabajadora está pagando la cuenta de la crisis. El malestar es generalizado. Es momento de unir fuerzas para luchar y ponerse en marcha para impedir el avance de la extrema-derecha y capitalizar la justa reivindicación de los camioneros y el descontentamiento del pueblo trabajador.

  • Resultados electorales en Venezuela

     

     Pela urgência do tema com a ofensiva do governo americano e seus governos títeres da América Latina (incluído com grande destaque o do ilegítimo e desprestigiado Temer) contra o governo venezuelano após o fracasso de seu plano de derrotar o regime de Maduro eleitoralmente, publicamos este texto em espanhol antes da tradução em português (Editoria Internacional).

    El 20 de mayo se dieron las elecciones presidenciales en Venezuela, en el marco de una polémica internacional sobre su legitimidad. Bajo la dirección política del Departamento de Estado de los EEUU, la OEA, la Comunidad Económica Europea y un grupo de presidentes latinoamericanos disciplinados a la política contra Venezuela auspiciada por los EEUU, han rechazado el proceso electoral venezolano por no acogerse a los “parámetros internacionales”, o para ser más claros, por no garantizar espacios para la oposición política sostenida y financiada por el imperio norteamericano.

    Al interior del país, la situación es otra. El proceso electoral se dio en medio de la peor crisis económica, con una inflación superior al 6000% en los últimos ocho meses destruyendo al salario, el poder adquisitivo y el nivel de vida del venezolano común. Un proceso político acosado por la presión internacional capitalista y ahogado financieramente por un bloqueo criminal. En este marco, la oferta electoral era la de un voto de respaldo al gobierno en contra de la guerra económica adelantada por el imperio norteamericano que fue el centro de la campaña chavista, o la propuesta de dolarizar la economía, someterse a las directrices del FMI y entrar dentro del “concierto internacional” del que Venezuela se ha aislado, centro de la campaña del principal candidato opositor.

    La burguesía venezolana, vinculada orgánicamente al imperio norteamericano y al negocio internacional petrolero, se han planteado la liquidación de la revolución bolivariana iniciada en 1999 con el triunfo de Chávez, y que tiene como hitos históricos la rebelión popular del febrero de 1989 contra el paquete de medidas fondomonetaristas (caracazo), la rebelión de los mandos medios militares del 4 de febrero de 1992 liderada por Hugo Chávez, la derrota del golpe fascista en abril de 2002 y la derrota del sabotaje petrolero de enero de 2003. Hitos de movilización popular que pusieron en jaque al estado y las instituciones burguesas.

    La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), última expresión de la coalición burguesa contra el proceso bolivariano, se ha planteado desde hace varios años cuatro salidas:

    1. La derrota electoral del chavismo, mediante un candidato que aglutine una mayoría electoral de rechazo al chavismo a partir de la campaña de desprestigio político de la dirección chavista y la difícil situación económica.
    2. Una relación electoral favorable a la derecha (aunque no signifique una derrota electoral del chavismo) que en conjunto con la presión internacional obligue al chavismo a ceder espacios para un gobierno de acuerdo con la derecha.
    3. La implosión interna del chavismo, producto de la presión política y económica sobre cuadros altos y medios del proceso bolivariano (especialmente militares), las diferencias internas dentro del gobierno bolivariano y los desaciertos de la política económica.
    4. La implosión del proceso bolivariano producto del caos generado por una rebelión popular contra la difícil situación económica que vive el país que justifique la intervención extranjera.

    A lo interno de la MUD, y consecuentes con la visión del Departamento de Estado gringo, la primera opción, e incluso la segunda, han sido descartadas por los momentos, no sólo por un inexpugnable sistema electoral que prácticamente impide fraude (el más blindado del mundo), pero sobre todo cualquier negociación política ajena a los resultados numéricos del proceso de votación sino también por la existencia de una maquinaria electoral chavista que se ha convertido en un escudo político protector del sistema electoral.

    Por lo tanto, el eje político de la acción opositora está centrada en lograr la implosión del proceso bolivariano a partir del estallido del chavismo (opción 3). Aunque la opción de un estallido popular (opción 4) está en el plan, una situación de caos, de desorden interno y elementos de guerra civil que “invite” a la comunidad internacional a intervenir, la realidad es que en un país que ha vivido cuatro rebeliones populares en veinte años, es posible que una quinta rebelión termine por volar por los aires los remanentes del sistema capitalista que aún sobreviven en Venezuela.

    Por eso todas las acciones, las protestas callejeras de la guarimba el año pasado, la presión directa sobre los cuadros militares y de PDVSA, el cerco económico, la propaganda aupando la emigración y las sanciones directas contra dirigentes gubernamentales con acusaciones genéricas y sin pruebas de narcotráfico y corrupción, están dirigidas a introducir palancas en fisuras internas producto de un descontento real con la situación económica y la política errática del gobierno.

    Pero a pesar de la disciplina impuesta por el flujo de dólares internacionales a la oposición, la política de propiciar el caos está lejos de ser de consenso. Los cuadros políticos de la oposición, menos influenciados por el Departamento de Estado y la burguesía nacional pro fascista, han considerado a esta política como aventurera y golpista, haciéndola responsable del fortalecimiento del gobierno en medio de la peor crisis económica.

    La derrota de la violencia guarimbera y la elección de la Asamblea Constituyente, dos caras de una misma política que confluyeron en un mismo día (el día de la elección de la Constituyente fue el último día de violencia de la guarimba) le dieron a Maduro una aureola de “conductor de victorias” (en clara referencia a su origen obrero, chofer de autobús de transporte colectivo). Semanas antes, todos los analistas políticos, incluso los indudablemente chavistas, veían al gobierno al borde del K.O. y consideraban como salida un acuerdo de gobernabilidad derivado de un “dialogo nacional” (Opción 2). La derrota de la guarimba le dio la fortaleza al gobierno para convocar en apenas diez meses tres elecciones más: gobernadores, alcaldes y ahora presidente.

    La crisis interna de la oposición producto de la derrota de la guarimba fue agravada por el inmediato revés en las elecciones de gobernadores y una inútil abstención en las elecciones de alcaldes. La presión del Departamento de Estado los levantó de la mesa de negociación en República Dominicana, donde ya habían aceptado hasta la fecha de las elecciones presidenciales. Más difícil aún fue disciplinar a la MUD a no participar en el proceso. Si se logra, no es porque haya acuerdo político, es por la amenaza de detener el flujo de dólares, sin lo cual es imposible siquiera soñar en derrotar la maquinaria electoral chavista. Aún así, Henry Falcón, ex gobernador, junto con otros partidos entre ellos los tradicionales COPEI y el MAS rompieron la disciplina de los dólares.

     

    Henry Falcón: candidato de la derecha

     

    La ruptura de Henry Falcón con la línea de la MUD, el haber militado en las filas del chavismo (aunque rompió con el mismo Chávez hace varios años) y el apoyo de varios ex chavistas quisieron presentarlo como un candidato de la izquierda, o en el mejor de los casos de centro izquierda. La vieja izquierda y la intelectualidad “izquierdosa”, que siempre jugó a colocarse en la frontera del chavismo, con una crítica aparentemente justificada, pero que sólo devela la intención de no comprometerse con nada ni con nadie, ha vivido en crisis existencial en estos dos últimos años.

    Algunos vieron una rebelión “popular” en la actividad de violencia fascista desarrollada por la clase media aupada por la oposición durante las guarimbas del año pasado. Luego quedaron al garete poniéndole guindas de “izquierda” al discurso de la derecha que acusa al gobierno de dictadura violadora de los derechos humanos. Deben hacer malabarismo para justificar el rabioso discurso anticomunista y favorable a la intervención extrajera, como expresiones de “descontento popular”. Muchos de ellos han seguido un rumbo que parece indetenible hacia la derecha, pero otros vieron en la candidatura de Henry Falcón, la posibilidad de volver al ruedo político colocándose en el centro de lo que ellos identifican como “una polarización que conduce a un maniqueísmo político donde o se es chavista o se es fascista imperialista”. Con gusto confeccionaron el ropaje para dar a Falcón la imagen del socialista democrático que ataca por igual al imperialismo y a la dictadura chavista.

    Pero a pesar de los intentos de esa izquierda trasnochada, el propio Falcón y su comando de campaña diseñaron otra estrategia. Su objetivo electoral fue el descontento contra la situación económica y la clase media antichavista. No reivindicó a Chávez ni el socialismo (como le gusta a los exchavistas que intentan colocar a Maduro contra Chávez) sino que presentó un programa de restauración capitalista: inmediata dolarización de la economía (las vallas electorales con la foto de Falcón decían “dolarización ya”), acuerdo con el FMI para recuperación económica, devolución de empresas y tierras a sus “legítimos dueños”, privatización de las empresas del Estado y vuelta del país al concierto internacional.

    Henry Falcón nunca tuvo posibilidad de derrotar a Maduro ni tampoco lo creyó así. Hubo encuestas a nivel internacional que lo colocaron disputándole la presidencia a Maduro, pero eso tenía más que ver con la línea mediática de colocar a Maduro como presidente fraudulento. A nivel interno, nadie lo dio como ganador en ningún momento. En las encuestas de intención de voto ante la pregunta de ¿Quién cree que ganara las elecciones? el 92% respondía que Maduro.

    La estrategia de Falcón fue el de colocarse como referente para la votación antichavista. Si lograba él sólo una votación superior al 50% de la obtenida por la MUD coalicionada, se convertía en el abanderado del antichavismo. Volviendo a las opciones, mientras la MUD está orientada a una confrontación, Falcón apuesta a una salida electoral donde él sea el pivote principal y no la derecha fascista como hasta ahora.

    Y en esa estrategia, sin lograr colocarse como una alternativa para derrotar a Maduro, Falcón empezó a tener éxito. Las encuestas indicaron un crecimiento sostenido de su candidatura, de un 8% inicial hace cuatro meses a un 25% que le dieron algunas encuestas apenas a quince días de las elecciones. Este crecimiento, que tocó levemente a la base descontenta del chavismo, se basó fundamentalmente en la base de la MUD llamada a abstenerse.

    Si Falcón no fue un peligro para Maduro, sí lo fue para la MUD. Hasta principios de mayo, la MUD se mantuvo en silencio. La línea abstencionista exigía de los medios de la derecha un silencio total sobre el proceso electoral como si no existiera. Apenas las redes reflejaban la campaña internacional contra el proceso electoral, pero hacia adentro nada.

    De repente, a menos de un mes de las elecciones, se reactivó la MUD con una profusa campaña en la calle y los medios llamando a no votar, acusando a Falcón y Bertuchi (pastor evangélico de derecha) de traidores que servían de aval a la dictadura (algunos medios “descubrieron” relaciones familiares de ambos con dirigentes chavistas). Los más cínicos los acusaron directamente de ser responsables de que la dictadura de Maduro no hubiese caído todavía.

    Convocaron para el 14 de mayo, la semana del “rechazo a la farsa electoral de la dictadura” con el estilo tradicional de convocatoria de las guarimbas. Efectivamente, el lunes 14, se presentaron disturbios en varios centros universitarios que duraron poco. El martes 15, los diputados opositores de la Asamblea Nacional aparecieron en pleno en la sede que comparten con la Asamblea Constituyente. Golpearon a varias guardias nacionales que protegen el recinto. El objetivo supuesto era una sesión solemne para conmemorar el “día de Europa”. Un motivo bastante baladí para ir a una sede que no usan desde que se instaló la Asamblea Constituyente en julio del año pasado. El objetivo real era provocar una reacción chavista que generara un enfrentamiento atizado por los medios, pero, en la recta final de las elecciones, los chavistas, incluidos los constituyentes, estaban de cabeza en los barrios y pocos se enteraron del hecho.

    Igual sentido mediático tuvo el alzamiento el martes 14, en la noche de los presos en una cárcel destinada a reos en proceso donde están detenidos veinte guarimberos, entre ellos un norteamericano. A pesar de las denuncias de aislamientos y torturas, fueron profusamente seguidos por las redes e incluso un canal internacional transmitió en directo las declaraciones en ingles del prisionero norteamericano donde destaca los supuestos enfrentamientos violentos que en ese momento “ocurren en las calles”. Efectivamente, para el miércoles 16, se había convocado, reactivando la guarimba, “el trancazo contra la farsa electoral”, pero a pesar del intento, no ocurrió nada. No lograron ni un solo punto de concentración. La poca capacidad de convocatoria de la MUD no logró reactivar la guarimba, pero sí logró desinflar la candidatura de Falcón.

     

    Maduro: una campaña en contra del império

     

    El comando chavista nunca vio en peligro el triunfo electoral de Maduro, ni siquiera cuando en la última semana hubo presión de algunos para unificar las candidaturas antichavistas con un posible respaldo de la MUD a última hora. El desastre de la convocatoria guarimbera aseguró que no había forma de detener el proceso electoral donde era indiscutible el triunfo de Maduro.

    Pero otro problema era la abstención. Se trataba de garantizar una legitimidad política al triunfo de Maduro ante la amenaza de desconocimiento internacional. Maduro y el chavismo centraron su campaña en movilizar el sentimiento chavista, rescatar la imagen antimperialista de Chávez y convocar al patriotismo para dar una derrota contundente al enemigo externo, responsable de la situación económica. La campaña del imperio, nuevas sanciones y agresiones (embargo de activos petroleros en Aruba y bloqueo en Colombia de un barco cargado de toneladas de alimentos y medicinas para Venezuela) fortalecieron el acento antimperialista de la campaña.

    Olímpicamente se evadió el tema económico, la situación concreta del país, en el discurso de la campaña. Apenas se le mencionó como consecuencias de la guerra económica que adelanta el imperio contra el país. Pero la maquinaria electoral chavista, que prácticamente toca a cada venezolano directamente, empezó a resentir del descontento en las bases y dificultades para la movilización.

    La fortaleza del chavismo le permitió grandes concentraciones y movilizaciones en todo el país mientras ninguno de los candidatos opositores, ni la guarimba abstencionista, logró hacer ninguna movilización, pero se notó una caída en la capacidad movilizadora durante la campaña que algunos adjudicaron a la falta de un “contendor” electoral que animara la pelea.

    Pero era obvio que la tradicional maquinaria electoral chavista encontró un lecho de rocas que es el descontento real por la situación. La angustia diaria de conseguir la comida y los artículos de primera necesidad, el deterioro del nivel de vida, del sistema de salud y las políticas sociales, la migración de los hijos a otros países, la impunidad del comercio en la especulación y acaparamiento, la ineficiencia y corruptela en el gobierno para detener los efectos de la guerra económica, empiezan a hacer mella en la sólida base chavista, y lo que es peor, en las raíces populares de la revolución bolivariana.

    El propio Maduro empezó a dar un viraje en el discurso electoral e introdujo elementos tímidos de un plan económico. El anuncio del cambio del cono monetario (eliminación de tres ceros a la moneda) fue traído al debate electoral, cambiando el criterio que no eran temas electorales. En el cierre de campaña prometió encargarse personalmente de la lucha contra la guerra económica y derrotarla como derrotó la guarimba. Pero el acto de cierre, único y superior al de cualquier candidato, dejó el mal sabor de ser inferior a los grandes actos del chavismo hace cinco años.

    En estas elecciones, el fantasma de la derecha estaba derrotado, como nunca lo había logrado Chávez en doce años de gobierno. Esta vez no se trató de Maduro contra la derecha fascista ni siquiera contra un candidato outsider como Falcón. El triunfo electoral y la derrota de la derecha estaba garantizada antes de empezar las votaciones. Esta vez se trató de enfrentar el descontento dentro de las propias bases de la revolución que, sin pasar a la derecha, abandonan la movilización por la revolución, incluso la electoral. Y aunque la maquinaria chavista garantizó una importante movilización apelando al sentimiento antimperialista, sólo logró una victoria pírrica.

     

    Cifras electorales

     

    Con un padrón electoral de 20.527.521 electores, el segundo boletín correspondiente al 98,78% de las actas, señala una participación de 9.132.655 electores correspondiente a un 46,02% del total (53,98% de abstención), correspondiendo a Nicolás Maduro 6.190.612 votos (67,78% de los votos y 31,19% del padrón electoral), Henry Falcón 1.917.036 votos (20,99% de los votos y 9,66% del padrón), Javier Bertucci 988.761 votos (10,82% de los votos y 4,98% del padrón) y Reinaldo Quijada 36.246 votos (3.96% de los votos y 1,82% del padrón).

    Los resultados coinciden con las encuestas previas y los exit pool realizados durante la votación. La abstención estuvo por debajo de lo que anunció la campaña mediática internacional (apenas un 20% de participación anunciaban los más optimistas), pero fue la más alta registrada para un proceso electoral presidencial.

    La manipulación mediática intenta colocar la alta abstención como un triunfo de la derecha. Por otra parte, el chavismo coloca a Maduro como el presidente con mayor porcentaje de votos (casi un 70%) y una ventaja record sobre su principal oponente (más de 46% de ventaja). Pero obedece a un simplismo que intenta pasar por alto lecciones importantes del proceso.

    La derecha fue derrotada desde antes de iniciar el proceso de votación y no influyó nada en la abstención, y a pesar de la guerra mediática, en el país no hubo ninguna expresión de triunfo por una abstención superior al 50%. Por otra parte, el esperado triunfo de Maduro no oculta la abstención proveniente de sus propias filas.

    En un país con más de 34 mil mesas de votación distribuidas geográficamente de tal manera que permite sectorizar la intención de voto, se pueden tomar un par de ejemplos. En un sector de clase media alta, tradicionalmente opositor al gobierno donde la MUD ha sacado una votación de 60% con un 15% de abstención, los resultados fueron: abstención 67%, Maduro 25%, Falcón 7%, Bertucci 1% (porcentajes sobre el padrón electoral), señalando que la abstención absorbió los votos de la MUD sin crecer ni afectar la votación del chavismo.

    Pero en un centro de las barriadas populares donde el chavismo tradicionalmente asegura un 70% de los votos con una abstención de 15%, los resultados ahora fueron: abstención 41%, Maduro 49%, Falcón 6%, Bertucci 4%, reflejando un aumento de la abstención proveniente del voto chavista sin crecimiento importante de la votación de la derecha.

    En general, si el voto tradicional de la MUD se pasa a la abstención (restando lo obtenido por Falcón y Bertucci), la abstención en este proceso creció en un 12% a partir de la votación chavista los que supone una caída de 2,5 millones de votantes. Es traído por los pelos achacar la caída de votos a la migración no registrada o al saboteo evidente del transporte privado que desapareció durante el proceso electoral.

    La expresión más evidente fue la calle. El chavismo realizó una importante concentración en el Palacio de Miraflores en la misma noche del triunfo, en contraste con la oposición que no ha hecho ni una reunión para “celebrar” el supuesto triunfo de la abstención, pero tampoco existieron, como en el pasado los estallidos festivos en las barriadas que se mantenían hasta el amanecer. El pueblo, incluso el que votó, respiró tranquilo al conocer la derrota de la derecha, pero no salió a celebrar el triunfo de Maduro.

    Es una clarinada. El pueblo está descontento, no castiga al gobierno votando por la derecha (los pírricos resultados de Falcón lo demuestran), pero ya no se movilizan por la revolución bolivariana. La guerra y la ineficiencia del gobierno para enfrentarla hacen mella en las bases del proceso revolucionario abierto desde el caracazo. El chavismo, aún hoy dirección indiscutible de la revolución, está siendo cuestionado por las bases. El destino del proceso revolucionario depende, más que de la acción de una derecha derrotada apenas sostenida por la presión del capital internacional, de lo que haga la dirección chavista para garantizar la consolidación e irreversibilidad del proceso revolucionario.

     

    Mas socialismo. Mas democracia. ¡Todo el poder a las bases!

     

    La inercia en el gobierno, las respuestas coyunturales y efectistas, pero poco efectivas, generan cada vez mayor desconfianza sobre la capacidad para derrotar la guerra y el saboteo de la derecha. Al día siguiente de las elecciones todos los precios subieron al menos un 30%. En las colas para el pan, los comerciantes pregonaban “ahora tienen Maduro y hambre por seis años más”. Los ojos de la gente dejaban traslucir la rabia.

    La prepotencia de la derecha, supone en el descontento de la gente con el gobierno, un apoyo tácito a su política. Juegan con fuego con un pueblo curtido de insurrecciones callejeras. La rabia acumulada puede convertirse en un estallido social y la derecha olvida que ha sido el chavismo el dique de contención que ha impedido que la furia de un pueblo enardecido los liquide aún antes de ajustar cuentas con el gobierno.

    El pueblo quiere acción y autoridad, quiere que cese la impunidad con que se desarrolla el saboteo económico, pero empieza a desconfiar de la capacidad y eficiencia del gobierno e incluso señala a la corruptela burocrática de sectores del gobierno y los militares corresponsable de la crisis económica. En palabras de una dirigente comunal “tenemos un buen gobierno, pero no hace nada”.

    No hay una propuesta económica visible. La política de Chávez de construir el socialismo con núcleos paralelos, injertos al tejido del podrido capitalismo, no pudieron soportar la caída de una economía capitalista dependiente, rentista y parasitaria. El gobierno ha mantenido los programas sociales aun a costa de la viabilidad financiera del propio gobierno. Más del 80% del ingreso está dedicado a sostener esos programas conduciendo a una parálisis financiera del funcionamiento del Estado, pero aún así la efectividad de los programas sociales va en descenso ante la drástica disminución del poder adquisitivo debido al ataque despiadado contra la moneda, el cerco financiero y el sabotaje económico interno.

    La oposición desmantelada y casi sin apoyo, solo se mantiene a expensas de la presión del capital internacional que terminadas las elecciones anuncia medidas más fuertes que incluyen sanciones a lo que paguen cuentas pendientes con el estado venezolano y a la banca que maneje cuentas o créditos con Venezuela y su empresa petrolera. Es una burla la campaña indicando la situación de default de PDVSA. Cualquier petrolera, presenta como parte de su balance las expectativas de explotación futura de yacimientos petroleros que ni siquiera le pertenecen, sino que son concesiones. PDVSA es la única empresa que tiene explotación exclusiva de las mayores reservas de petróleo en el mundo y aun así quieren presentarla como una empresa en quiebra para hacerse por vía de embargos de los miles de activos que posee en el exterior.

    La campaña contra Venezuela no va a parar. Es una piedra en el zapato para el imperio del negocio petrolero. La revolución bolivariana aun campea en el patio trasero del imperio, y la coyuntura de gobiernos neoliberales puede cambiar de un momento a otro dada la debilidad del apoyo social de esos gobiernos. Venezuela sigue siendo para el imperio el enemigo a vencer.Eso no va a cambiar asi hayan resultados electorales espectaculares, mientrar exista la posibilidad de derrotar la revolución el imperialismo seguirá apostando a eso.

    Se trata entonces de fortalecer la movilización popular, pero no solo para procesos electorales, sino para enfrentar y derrotar definitivamente al enemigo interno y externo. Solo construyendo el socialismo, pero apoyándose en las bases sociales de la revolución eso es posible.

     

    Medidas de guerra ante la guerra económica

     

    Proteger la moneda. Hay que romper a lógica de relación con el dólar impuesta por el imperio a través del FMI y la Banca Mundial. Volver al patrón oro (y otros minerales, incluso petróleo). Un bolívar soberano referido a un equivalente en oro en las reservas del país. No tiene referencia con el dólar, ni oficial ni paralelo, sino de acuerdo al valor del oro. A diferencia de otros países, incluso EEUU, producimos oro lo que permite aumentarla liquidez de la moneda.

    Nacionalización inmediata de toda la banca impidiendo las manipulaciones de las transacciones financieras y el ataque a la moneda.

    Monopolización del comercio internacional prohibiendo la exportación o importación por privados. Penas severas al contrabando de extracción, en particular de artículos de primera necesidad. Cierre de las fronteras al comercio. La responsabilidad del contrabando de extracción recae fundamentalmente en la corruptela de los cuerpos de seguridad de las fronteras.

    Plan de emergencia de producción interna bajo control obrero, campesino y de las comunas. Hay que derrotar la anarquía capitalista. La producción socialista se puede y se debe planificar. Dividir al país en regiones y subregiones con base a su vocación y capacidad productiva, en el marco de un plan centralizado de producción. Cada subregión estará bajo control de las organizaciones obreras, campesinas y comunales a la que se subordinarán las instituciones estatales y militares para garantizar el plan nacional de producción y distribución. Penas severas al bachaqueo, la especulación y el acaparamiento.

    Protección del salario y el poder adquisitivo. Fijar el valor del salario mínimo, en moneda oro, de acuerdo a su poder adquisitivo en 2014, conforme al precio mensual de una cesta de productos básicos constituyendo una escala móvil mensual del salario.

    Romper el cerco financiero impuesto por el imperio cambiando la relación comercial que aún sigue basada en la compra y venta a EEUU y Europa. Priorizar relaciones comerciales con África, Asia y Latinoamérica al margen del dólar, con monedas concertadas e inclusive con trueque de productos. Convocar a la solidaridad internacional de obreros y campesinos para impedir el bloqueo de los gobiernos a las importaciones de alimentos y medicinas a Venezuela.

    Se trata de construir el socialismo propuesto por Chávez no a partir del Estado pesadamente burocrático, ineficiente y hasta corrupto, sino a partir de las organizaciones de base de trabajadores, campesinos y comunas.

    Solo la movilización del pueblo alrededor de una política de construcción de una economía socialista garantizara el triunfo de la revolución bolivariana.

     

     

  • Lo que venció en las elecciones del Sindicato de Trabajadores de la Construcción Civil de Fortaleza (CE)

    En la madrugada de este sábado, 19, se realizó el escrutinio de las elecciones del Sindicato de los Trabajadores de la Construcción Civil de Fortaleza (CE), después de tres días de un pleito muy disputado. A esta altura, muchos ya deben saber que la Chapa 1 – Unión y Lucha (PCB y Resistencia /PSOL) salió victoriosa, con 740 votos (36% de los votos válidos).

    En segundo lugar llegó la Chapa 2 (CUT /CSD), con 705 votos (34%), y por último quedó la Chapa 3 (PSTU), con 640 votos (30%). Lo normal, en el interior de la izquierda, ante un resultado disputado como este, es que los comentarios sobre el proceso busquen valorar las cualidades de la chapa ganadora, especialmente si quien escribe era partidario de ella.

    De hecho, tenemos mucho orgullo, como siempre dice Nestor Bezerra, de nuestros “guerreros y guerreras” que son responsables de la victoria de la Chapa 1. Pero lo que considero aún más importante destacar son los otros motivos que explican el resultado y también sus consecuencias políticas. Fue la victoria de una política y la derrota de otra, en el interior de la izquierda socialista. Fue la afirmación y el fortalecimiento de una política de unidad para luchar contra los ataques de los patrones y gobiernos; de un frente único de la izquierda socialista, para construir una nueva alternativa de independencia de clase, democrática y socialista y de la lucha sin tregua contra la extrema derecha y en defensa de las libertades democráticas de nuestra clase.

    Por eso, con todas nuestras diferencias con la política de conciliación de clases de la dirección del PT, llevamos a la campaña la defensa política y democrática de la libertad de Lula, preso y condenado sin pruebas. En el marco de la campaña, construimos también una gran actividad en el gremio con la presencia de Guillermo Boulos, nuestro precandidato a la presidenta de la República, por el frente político y social construido a partir del MTST, PSOL, PCB, APIB, entre otros movimientos sociales y las organizaciones políticas. La unidad para luchar fue la marca de la Chapa 1.

    Cabe resaltar que antes de la inscripción de las chapas, la Chapa 1 defendió la unidad de la CSP-Conlutas (Resistencia/PSOL y PSTU) y de la Unidad Clasista (PCB), pero esa posibilidad de unificar a toda la izquierda socialista en el proceso electoral de este importante sindicato, fue rota por la dirección del PSTU. La lucha de la Chapa 1 por la unidad del gremio siguió durante la campaña, defendiendo la unificación de todos los trabajadores y las organizaciones que actúan en el gremio en la lucha de la campaña salarial, que está abierta en este momento.

    El compromiso de la Chapa 1 fue construir la campaña salarial y la nueva gestión del sindicato buscando permanentemente la unidad de todo el gremio. El objetivo es dirigir el sindicato conjuntamente con todos los activistas, militantes y cipeiros (persona que integra la Comisión Interna de Prevención de Accidentes), independientemente de qué chapa participaron o apoyaron. Esta búsqueda permanente de la unidad para luchar y el frente único de la izquierda socialista fue la marca principal de la Chapa 1, y se salió victoriosa en las elecciones de los obreros de la construcción civil de Fortaleza.

    La campaña de la Chapa 1 ya fue la mayor expresión de esta unidad, pues fue garantizada no solo por los obreros de la chapa y por la militancia del PCB y de la Resistencia, sino que tuvo el apoyo decisivo de otros movimientos y organizaciones: MTST, las dos Intersindicales y de otras las corrientes del PSOL (Comuna, Insurgencia), entre otros grupos. La política del aislamiento y de la autoproclamación, expresada principalmente en la campaña de la Chapa 3 (PSTU) fue la gran derrotada de estas elecciones, quedando en último lugar del voto democrático de los trabajadores.

    De negativo, queda la campaña de calumnia y difamación hecha contra el camarada Nestor Bezerra, actualmente diputado estadual, y también contra otros integrantes de la Chapa 1, promovida por las otras dos listas. Esta campaña sucia, de bajezas y mentiras, esperábamos de sectores más degenerados de la CUT, pero, desgraciadamente, fue hecha también por la dirección mayoritaria de la CSP-Conlutas, hecho que debe ser repudiado por la base, entidades y movimientos de la central.

    Creemos que debe ser discutido en forma abierta en sus foros, para que, quien acusó, sea obligado a probar o retractarse con el compañero. Más allá de este grave problema, el momento es de dar vuelta la página. Basta de ataques, peleas y bajezas. El compromiso de la Chapa 1 es con la unidad del gremio y de toda la clase trabajadora. Y esa tarea fundamental empieza ahora, con la construcción de la campaña salarial, con la lucha contra los impactos de la reforma laboral y contra el desempleo, que asume índices alarmantes en el Nordeste y en el gremio. Es hora de unidad para luchar. ¡Vamos! Sin Miedo de Cambiar Brasil.

  • Dos años después: Diez argumentos para comprender el golpe jurídico-parlamentario

    El tiempo perdido no se recupera

    La fortuna se cansa de traer siempre a la espalda al mismo hombre.

    Sabiduría popular portuguesa

     

    1. Las explicaciones monocausales para los cambios desfavorables que abrieron la situación defensiva, con elementos reaccionarios, en que vivimos desde, al menos 2016, no son convincentes. El tema es demasiado complejo para formular hipótesis que privilegien o reposen en un solo factor. Hay que aprender de las derrotas. Las interpretaciones unilaterales, incompletas, conducirán a conclusiones erróneas. La explicación debe ser pluricausal. No fueron, esencialmente, las políticas anticíclicas del gobierno de Dilma Rousseff, las que explican su caída. Aunque fuese cierto que una fracción de la clase dominante, en especial el capital financiero, era muy crítica antes de 2015, esta crítica no era hegemónica. Esta explicación, casi unánime en los círculos liberales y reaccionarios, y con alguna influencia en medios de izquierda, es una “cortina de humo” y, por lo tanto, es falsa.
    2. La operación Lava Jato abrió hace cuatro años la lucha entre dos fracciones de la clase dominante: aquella que quiere mantener el sistema partidista más o menos intacto, y aquella que decidió desplazar al PT y reformar el régimen político, “cambiando la rueda con el coche en movimiento”. La burguesía no es una clase con intereses y posiciones económicas y políticas monolíticas. Ninguna clase social tiene un “comité central”. El régimen democrático-electoral es más cómodo para la burguesía, justamente, porque fortalecen libertades democráticas para que sus diferentes fracciones puedan disputar la defensa de sus intereses inmediatos, y sus apuestas estratégicas, en espacio público. La superestructura empresarial y política giró poco a poco hacia el impeachment, pero finalmente, en pocos meses, la clase dominante se unificó y decidió apostar al golpe, bajo presión de la movilización de los sectores medios impulsada por la extrema derecha, fundamentalmente, en función del resultado de 2014; de la dificultad de la alternancia electoral frente al prestigio del PT y de Lula; del estancamiento económico provocado por la caída de las inversiones como consecuencia de la tasa media de ganancia; y de la presión de una fracción del imperialismo que condicionó inversiones en Brasil a la reducción de los costos productivos: peso fiscal del Estado, proporción deuda pública/PIB, y elevación del salario medio por encima de US$ 700,00.
    3. Los gobiernos, incluso los gobiernos de colaboración de clases y de coalición, inclusive en Brasil, no caen porque dejaron de tener apoyo unánime en la clase dominante. Los apoyos unánimes son raros hasta cuando son gobiernos de partidos de representación directa del capital. Pueden mantenerse indefinidamente con el apoyo de algunas fracciones. Solo están amenazados de caída cuando la burguesía se une y pasa en bloque a la oposición y tiene luz verde de una fracción importante imperialista. Aun así es necesario alimentar una subversión social para derrocar al gobierno.
    4. Los gobiernos no caen, en regímenes presidenciales de países de la periferia, porque han perdido la popularidad. Tienen que ser derribados. Si la impopularidad fuese un factor suficiente para derribar gobiernos electos, el gobierno Temer ya habría sido defenestrado el año pasado, tras la divulgación de las grabaciones en el garaje del Palacio. Y no cayó. Aguantó el juicio en el STE y dos votaciones en la Cámara de Diputados. Para que eso acontezca es necesaria una movilización social muy fuerte que abra el camino. Sin esta intervención, el Congreso y la Justicia no alcanzan la legitimidad para que puedan resolver la crisis de gobernabilidad, sacrificando al gobierno, pero preservando el régimen político. Es necesario, también, que el gobierno de turno no tenga capacidad de defenderse apoyado en su base social, neutralizando las presiones por la interrupción del mandato.
    5. No fue tampoco el giro del MDB hacia la oposición, ni la conspiración de Temer conduciendo a Eduardo Cunha a la presidencia de la Cámara de Diputados lo que explica, en lo fundamental, el golpe jurídico-parlamentario. Tampoco fue el giro de los banqueros, o de la Fiesp, lo que explica la inversión de la situación política, la caída de Dilma, o la prisión de Lula. Todo esto contó, pero fueron factores superestructurales. Interpretaciones que valoran excesivamente la operación de la lucha de partidos en la superestructura de la sociedad flirtean peligrosamente con concepciones conspirativas de la historia. La lucha de partidos tiene un gran lugar en la historia, pero no sustituye a la lucha de clases. El papel de los individuos tiene también su lugar, pero sólo muy excepcionalmente, o sea, en situaciones revolucionarias o contrarrevolucionarias, alteran el curso cualitativo de los acontecimientos.
    6. Si no hubiesen salido millones de personas de los sectores medios enfurecidas a las calles, con el pretexto de apoyar la operación Lava Jato, derrocar al gobierno, Dilma Rousseff no habría sufrido el impeachment, en función de las llamadas “pedaleadas fiscales”. La cuestión clave debe ser el análisis de la multiplicidad de factores que empujaron a la clase media hacia la campaña de derrocamiento del gobierno. Se produjo un proceso lento de desplazamiento de los sectores medios hacia la oposición, sobre todo, durante el primer mandato de Dilma Rousseff. Se expresó en las calles en junio de 2013. La explosión de junio de 2013 fue un fenómeno complejo, por lo tanto, policlasista. Los sectores medios, con audiencia de masas, liderados por grupos de extrema derecha salieron también, a las calles. Por eso hubo combates tan violentos contra las banderas rojas. No fueron solamente los sectores más escolarizados de asalariados urbanos los que se sintieron motivados, después de la represión, las marchas contra los aumentos de pasajes. Aunque, en general, prevalecieron reivindicaciones progresivas, una parte del malestar social de los sectores medios estuvo presente.
    7. En 2015/16 estas franjas medias volvieron a las calles, ahora furiosamente disconformes con la victoria electoral del PT en 2014, y provocados por la inflación en alza de la educación y salud privadas y demás servicios, por el endeudamiento de las familias, por la tendencia de caída del salario medio de la escolaridad superior, por el estancamiento del crecimiento, por el peso creciente del IRPF (Impuesto a la Renta de la Persona Física), por el crecimiento de la criminalidad, y, finalmente, por el bombardeo de las denuncias de corrupción. Los errores de los gobiernos liderados por el PT, no sus aciertos, empujaron a la inmensa mayoría de la clase media a los brazos de los líderes burgueses. La burguesía brasileña pasó a tener, por primera vez después de medio siglo, la hegemonía en las calles.
    8. Por otra parte, lo que, desde una perspectiva histórica, merece ser considerado excepcional fue la victoria electoral del PT para la presidencia, por cuatro veces consecutivas. La victoria de Lula en 2002 remite a las luchas de la década de los ochenta y al desgaste social acumulado después de los dos mandatos de FHC. Pero las tres victorias electorales siguientes solo fueron posibles en función del contexto externo extraordinario de valorización del precio de los commodities, que ofreció el fundamento para las tasas de crecimiento económico que fundaron la estrategia “gana-gana” de las políticas sociales que llevaron a la clase dominante a sostener a los gobiernos liderados por el PT, incluso después del escándalo del “mensalão”, y ampliaron la base social del lulismo. La tendencia del capitalismo contemporáneo no es la ampliación de reformas. Lo que pasa es lo contrario incluso en los países centrales. No comprender estas restricciones históricas a la concesión de reformas solo podrá alimentar las ilusiones políticas de que una nueva experiencia de conciliación de clases merece ser replicada.
    9. La incapacidad del PT y del lulismo de levantar una movilización de los trabajadores y de los sectores populares, a la altura del desafío planteado por la campaña por el impeachment de Rousseff, es una de las claves de comprensión de las derrotas que vinieron luego, hasta la prisión de Lula. Cuando se decidieron a ir a las calles, ya era demasiado tarde. La lucha política tiene sus tiempos. Y la dirección del PT y Lula tuvieron mucho tiempo para decidirse, porque el golpe palaciego fue articulado, a diferencia de Paraguay, en “cámara lenta”. Entre la carta de ruptura de Michel Temer, la renuncia de Joaquim Levy, al final de 2015, el giro de la Fiesp y la unificación de la burguesía, y las movilizaciones de algunos millones de “amarillitos” en marzo/abril, hasta la votación del ” impeachment en mayo de 2016, existió un espacio de seis meses. No pudieron defenderse porque, incluso, cuando estaban siendo acorralados por la presión burguesa, apostaron por la vía de las negociaciones, una elección políticamente suicida. ¿Por qué?
    10. Este es otro tema pluricausal. Las explicaciones monotemáticas no son convincentes. Pesó la increíble decisión del PT y de Lula de privilegiar las alianzas en el Congreso Nacional, y de negar apoyarse en la movilización popular durante sus trece años de gobierno, hasta la hora del golpe; pesó el malestar en la clase trabajadora organizada ante el giro político de Dilma Rousseff a partir de la victoria de 2014, aceptando los chantajes burgueses por un ajuste fiscal que no podría dejar de tener secuelas recesivas graves; pesó la dificultad de movilización de la amplia mayoría del pueblo pobre que no tiene instrumentos de autoorganización; pesó la extrema burocratización de los sindicatos, aún hoy, la red más poderosa de organizaciones de representación de la clase obrera y del pueblo; pesó la fragilidad orgánica del PT, todavía el mayor partido, pero que se ha convertido en un aparato electoral profesional, impotente ante la tarea de llevar a millones a las calles. Lo que, sin embargo, es cierto es que las derrotas estimulan reflexiones sobre la responsabilidad de los dirigentes. Así como la derrota de 1964 abrió una crisis en el PCB, la derrota de 2016 ya abrió una crisis en el PT que no podrá ser contenida. Lula es un preso político frente a la Lava Jato. Pero no es inocente ante la tragedia económico-social que se abate sobre el destino de decenas de millones que sufren las secuelas del gobierno Temer. Sin crisis, nada se transforma. La reorganización de la izquierda brasileña está apenas empezando. Y el futuro pasa por la Alianza impulsada por el PSOL y el MTST.

     

    Foto: AP