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  • Dos años después: Diez argumentos para comprender el golpe jurídico-parlamentario

    El tiempo perdido no se recupera

    La fortuna se cansa de traer siempre a la espalda al mismo hombre.

    Sabiduría popular portuguesa

     

    1. Las explicaciones monocausales para los cambios desfavorables que abrieron la situación defensiva, con elementos reaccionarios, en que vivimos desde, al menos 2016, no son convincentes. El tema es demasiado complejo para formular hipótesis que privilegien o reposen en un solo factor. Hay que aprender de las derrotas. Las interpretaciones unilaterales, incompletas, conducirán a conclusiones erróneas. La explicación debe ser pluricausal. No fueron, esencialmente, las políticas anticíclicas del gobierno de Dilma Rousseff, las que explican su caída. Aunque fuese cierto que una fracción de la clase dominante, en especial el capital financiero, era muy crítica antes de 2015, esta crítica no era hegemónica. Esta explicación, casi unánime en los círculos liberales y reaccionarios, y con alguna influencia en medios de izquierda, es una “cortina de humo” y, por lo tanto, es falsa.
    2. La operación Lava Jato abrió hace cuatro años la lucha entre dos fracciones de la clase dominante: aquella que quiere mantener el sistema partidista más o menos intacto, y aquella que decidió desplazar al PT y reformar el régimen político, “cambiando la rueda con el coche en movimiento”. La burguesía no es una clase con intereses y posiciones económicas y políticas monolíticas. Ninguna clase social tiene un “comité central”. El régimen democrático-electoral es más cómodo para la burguesía, justamente, porque fortalecen libertades democráticas para que sus diferentes fracciones puedan disputar la defensa de sus intereses inmediatos, y sus apuestas estratégicas, en espacio público. La superestructura empresarial y política giró poco a poco hacia el impeachment, pero finalmente, en pocos meses, la clase dominante se unificó y decidió apostar al golpe, bajo presión de la movilización de los sectores medios impulsada por la extrema derecha, fundamentalmente, en función del resultado de 2014; de la dificultad de la alternancia electoral frente al prestigio del PT y de Lula; del estancamiento económico provocado por la caída de las inversiones como consecuencia de la tasa media de ganancia; y de la presión de una fracción del imperialismo que condicionó inversiones en Brasil a la reducción de los costos productivos: peso fiscal del Estado, proporción deuda pública/PIB, y elevación del salario medio por encima de US$ 700,00.
    3. Los gobiernos, incluso los gobiernos de colaboración de clases y de coalición, inclusive en Brasil, no caen porque dejaron de tener apoyo unánime en la clase dominante. Los apoyos unánimes son raros hasta cuando son gobiernos de partidos de representación directa del capital. Pueden mantenerse indefinidamente con el apoyo de algunas fracciones. Solo están amenazados de caída cuando la burguesía se une y pasa en bloque a la oposición y tiene luz verde de una fracción importante imperialista. Aun así es necesario alimentar una subversión social para derrocar al gobierno.
    4. Los gobiernos no caen, en regímenes presidenciales de países de la periferia, porque han perdido la popularidad. Tienen que ser derribados. Si la impopularidad fuese un factor suficiente para derribar gobiernos electos, el gobierno Temer ya habría sido defenestrado el año pasado, tras la divulgación de las grabaciones en el garaje del Palacio. Y no cayó. Aguantó el juicio en el STE y dos votaciones en la Cámara de Diputados. Para que eso acontezca es necesaria una movilización social muy fuerte que abra el camino. Sin esta intervención, el Congreso y la Justicia no alcanzan la legitimidad para que puedan resolver la crisis de gobernabilidad, sacrificando al gobierno, pero preservando el régimen político. Es necesario, también, que el gobierno de turno no tenga capacidad de defenderse apoyado en su base social, neutralizando las presiones por la interrupción del mandato.
    5. No fue tampoco el giro del MDB hacia la oposición, ni la conspiración de Temer conduciendo a Eduardo Cunha a la presidencia de la Cámara de Diputados lo que explica, en lo fundamental, el golpe jurídico-parlamentario. Tampoco fue el giro de los banqueros, o de la Fiesp, lo que explica la inversión de la situación política, la caída de Dilma, o la prisión de Lula. Todo esto contó, pero fueron factores superestructurales. Interpretaciones que valoran excesivamente la operación de la lucha de partidos en la superestructura de la sociedad flirtean peligrosamente con concepciones conspirativas de la historia. La lucha de partidos tiene un gran lugar en la historia, pero no sustituye a la lucha de clases. El papel de los individuos tiene también su lugar, pero sólo muy excepcionalmente, o sea, en situaciones revolucionarias o contrarrevolucionarias, alteran el curso cualitativo de los acontecimientos.
    6. Si no hubiesen salido millones de personas de los sectores medios enfurecidas a las calles, con el pretexto de apoyar la operación Lava Jato, derrocar al gobierno, Dilma Rousseff no habría sufrido el impeachment, en función de las llamadas “pedaleadas fiscales”. La cuestión clave debe ser el análisis de la multiplicidad de factores que empujaron a la clase media hacia la campaña de derrocamiento del gobierno. Se produjo un proceso lento de desplazamiento de los sectores medios hacia la oposición, sobre todo, durante el primer mandato de Dilma Rousseff. Se expresó en las calles en junio de 2013. La explosión de junio de 2013 fue un fenómeno complejo, por lo tanto, policlasista. Los sectores medios, con audiencia de masas, liderados por grupos de extrema derecha salieron también, a las calles. Por eso hubo combates tan violentos contra las banderas rojas. No fueron solamente los sectores más escolarizados de asalariados urbanos los que se sintieron motivados, después de la represión, las marchas contra los aumentos de pasajes. Aunque, en general, prevalecieron reivindicaciones progresivas, una parte del malestar social de los sectores medios estuvo presente.
    7. En 2015/16 estas franjas medias volvieron a las calles, ahora furiosamente disconformes con la victoria electoral del PT en 2014, y provocados por la inflación en alza de la educación y salud privadas y demás servicios, por el endeudamiento de las familias, por la tendencia de caída del salario medio de la escolaridad superior, por el estancamiento del crecimiento, por el peso creciente del IRPF (Impuesto a la Renta de la Persona Física), por el crecimiento de la criminalidad, y, finalmente, por el bombardeo de las denuncias de corrupción. Los errores de los gobiernos liderados por el PT, no sus aciertos, empujaron a la inmensa mayoría de la clase media a los brazos de los líderes burgueses. La burguesía brasileña pasó a tener, por primera vez después de medio siglo, la hegemonía en las calles.
    8. Por otra parte, lo que, desde una perspectiva histórica, merece ser considerado excepcional fue la victoria electoral del PT para la presidencia, por cuatro veces consecutivas. La victoria de Lula en 2002 remite a las luchas de la década de los ochenta y al desgaste social acumulado después de los dos mandatos de FHC. Pero las tres victorias electorales siguientes solo fueron posibles en función del contexto externo extraordinario de valorización del precio de los commodities, que ofreció el fundamento para las tasas de crecimiento económico que fundaron la estrategia “gana-gana” de las políticas sociales que llevaron a la clase dominante a sostener a los gobiernos liderados por el PT, incluso después del escándalo del “mensalão”, y ampliaron la base social del lulismo. La tendencia del capitalismo contemporáneo no es la ampliación de reformas. Lo que pasa es lo contrario incluso en los países centrales. No comprender estas restricciones históricas a la concesión de reformas solo podrá alimentar las ilusiones políticas de que una nueva experiencia de conciliación de clases merece ser replicada.
    9. La incapacidad del PT y del lulismo de levantar una movilización de los trabajadores y de los sectores populares, a la altura del desafío planteado por la campaña por el impeachment de Rousseff, es una de las claves de comprensión de las derrotas que vinieron luego, hasta la prisión de Lula. Cuando se decidieron a ir a las calles, ya era demasiado tarde. La lucha política tiene sus tiempos. Y la dirección del PT y Lula tuvieron mucho tiempo para decidirse, porque el golpe palaciego fue articulado, a diferencia de Paraguay, en “cámara lenta”. Entre la carta de ruptura de Michel Temer, la renuncia de Joaquim Levy, al final de 2015, el giro de la Fiesp y la unificación de la burguesía, y las movilizaciones de algunos millones de “amarillitos” en marzo/abril, hasta la votación del ” impeachment en mayo de 2016, existió un espacio de seis meses. No pudieron defenderse porque, incluso, cuando estaban siendo acorralados por la presión burguesa, apostaron por la vía de las negociaciones, una elección políticamente suicida. ¿Por qué?
    10. Este es otro tema pluricausal. Las explicaciones monotemáticas no son convincentes. Pesó la increíble decisión del PT y de Lula de privilegiar las alianzas en el Congreso Nacional, y de negar apoyarse en la movilización popular durante sus trece años de gobierno, hasta la hora del golpe; pesó el malestar en la clase trabajadora organizada ante el giro político de Dilma Rousseff a partir de la victoria de 2014, aceptando los chantajes burgueses por un ajuste fiscal que no podría dejar de tener secuelas recesivas graves; pesó la dificultad de movilización de la amplia mayoría del pueblo pobre que no tiene instrumentos de autoorganización; pesó la extrema burocratización de los sindicatos, aún hoy, la red más poderosa de organizaciones de representación de la clase obrera y del pueblo; pesó la fragilidad orgánica del PT, todavía el mayor partido, pero que se ha convertido en un aparato electoral profesional, impotente ante la tarea de llevar a millones a las calles. Lo que, sin embargo, es cierto es que las derrotas estimulan reflexiones sobre la responsabilidad de los dirigentes. Así como la derrota de 1964 abrió una crisis en el PCB, la derrota de 2016 ya abrió una crisis en el PT que no podrá ser contenida. Lula es un preso político frente a la Lava Jato. Pero no es inocente ante la tragedia económico-social que se abate sobre el destino de decenas de millones que sufren las secuelas del gobierno Temer. Sin crisis, nada se transforma. La reorganización de la izquierda brasileña está apenas empezando. Y el futuro pasa por la Alianza impulsada por el PSOL y el MTST.

     

    Foto: AP

     

  • Más argumentos, menos provocaciones

    11 de mayo de 2018

     

    El #MAIS dejó de existir el 28 de abril y con inmensa alegría nos fusionamos a NOS para conformar la Resistencia. A pesar de eso, la organización ya extinta fue citada 11 veces en un texto de polémica reciente. El título del artículo de Mariucha Fontana, del PSTU, se refiere explícitamente a Valério Arcary y busca explicar las “verdaderas razones” por las que él criticó a ese partido.

    La polémica es absolutamente normal dentro de la izquierda, pero para ser de buena calidad, es bueno que sea guiada por argumentos y no por la obsesión en deconstruir la trayectoria militante del oponente. Debemos superar esta lógica. Somos todos mejores que eso.

    El Brasil cambió

    Brasil pasó por 13 años de gobiernos de colaboración de clases que la tradición política que reivindico denomina como un gobierno de Frente Popular. Este hecho de enorme importancia para la lucha de clases dividió el movimiento de los trabajadores, los sindicatos, movimientos y partidos políticos. Se estableció un divisor de aguas entre aquellos que fueron a administrar el Estado brasileño y otros que mantuvieron sus posiciones junto a la lucha de los trabajadores, enfrentando, inclusive, ataques de los gobiernos petistas. Siempre un marxista da mucha importancia a la lucha contra el gobierno de turno, contra el partido que en aquel momento administra los negocios de la burguesía.

    Recuerdo que por muchos años una parte de la izquierda ignoraba este hecho y, en el intento de colaborar con el  gobierno del PT, concentraba su agitación política en denuncias contra Fernando Henrique Cardoso. Sí. No hay futuro sin historia. En los buenos momentos de los gobiernos del PT, donde quedaban cargos y “favores”, es bueno recordar dónde estaba Valerio Arcary. ¿Quién no recuerda las polémicas duras hechas con el PT? Numerosos artículos, incontables debates públicos.

    No es razonable ofrecer como “verdadera explicación” a las posiciones políticas hoy defendidas por Valério que, después de pasar 13 años haciendo oposición de izquierda, ahora decidió “subir a un vagón del tren del campo de colaboración de clases de Lula, sucumbiendo a presiones electorales, de los aparatos burocráticos y de medios intelectuales pequeñoburgueses”. Además de extremadamente irrespetuoso, este ataque no presenta ningún argumento. Solo obedece a la lógica de separar personas y organizaciones entre aquellos que son verdaderamente revolucionarios (o en otras palabras, con los que estoy de acuerdo) y aquellos que son traidores y oportunistas (con los que estoy en desacuerdo).

    Es necesario decir: Brasil ha cambiado. El PT no gobierna más. Hoy, una parte de la izquierda socialista parece sufrir del mismo mal que le sucedió a aquellos que concentraban su denuncia en FHC cuando quien gobernaba era el PT. Pero hoy ha habido un golpe parlamentario y hay un nuevo gobierno, producto de este golpe.

    Una de los recursos del texto es usar una cita de Valerio sobre 2013. El Brasil de 2013 no tiene nada que ver con el Brasil de hoy. Las Jornadas de Junio ​​fueron un proceso muy progresivo, se enfrentaron contra todos los gobiernos; trajeron a la luz demandas importantes como transporte, salud, educación, derechos; movilizaron una base social joven y trabajadora. Las movilizaciones de 2015 significaron lo opuesto en los tres criterios, tenían una dirección de derecha, por lo que se enfrentaban solo contra el PT; empuñaban banderas reaccionarias tanto en la política como en las costumbres; llevaron a las calles una base social de clase media alta, esencialmente blanca y con fuerte instinto antipopular.

    No hay continuidad. El PT está en la oposición, recupera peso y prestigio en una parte importante del activismo. Lula está preso, Bolsonaro tiene apoyo activo dentro de la clase trabajadora, 71 militares deberán disputar de forma organizada las elecciones de 2018. Se aprobaron retrocesos históricos contra los derechos de la clase trabajadora y del pueblo pobre. Las conquistas de la Constitución de 1988 fueron destruidas con la Enmienda Constitucional 55, y también derechos laborales básicos que estaban en la CLT desde 1943 fueron despedazados por la Ley 13.467. El Brasil cambió, la política ya no puede seguir siendo la misma.

    El divisor de aguas ahora es otro. La derecha creció, movilizó una expresiva base social de clase media, la extrema derecha ganó prestigio, se instaló en el país, una crisis de régimen por la derecha, instituciones como la Policía Federal, el Poder Judicial y las Fuerzas Armadas ganaron fuerza. En el afán de no capitular al gobierno depuesto, el PSTU terminó capitulando a la burguesía tradicional.

    Valério estuvo contra el PT durante sus gobiernos, cuando muchos querían cargos y prestigio. Y él también estuvo en el acto del Circo Volador y luego en la puerta de los Sindicato de los Metalúrgicos del ABC, cuando el Poder Judicial y la PF ejecutaron una orden de arresto contra Lula. Lo que nos guió fue la brújula de clase. Lo que cambió radicalmente fue la realidad política nacional. Los enemigos de nuestros enemigos no son nuestros amigos.

    El PSTU también cambió

    La Convergencia Socialista, que atrajo la simpatía de miles de activistas en la década de 1980, un ejemplo de flexibilidad táctica y firmeza en los principios para el movimiento trotskista, ya no tiene nada que ver con lo que es hoy el PSTU. El partido que compuso el Frente de Izquierda con PSOL y PCB en 2006, compuso varias Frentes Estatales en 2012 y 2014, buscando el diálogo con un importante sector de la clase trabajadora, ya no guarda ninguna semejanza con una campaña cuyo centro es convocar a una rebelión. La organización que luchó para elegir parlamentarios revolucionarios en Río de Janeiro, Natal, Belém, Minas Gerais y Porto Alegre nada tiene que ver con el completo desprecio por la actividad institucional. El PSTU pasó por una profunda revisión programática, lo que es legítimo. Lo honesto, sin embargo, es que sea abiertamente reconocido.

    La línea del “Fuera Todos”, aplicada en 2006 y abiertamente criticada, volvió con fuerza en el 2015 y se elevó a la categoría de programa, ya que hace tres años ininterrumpidos esta consigna es utilizada. Las mediaciones fueron sustituidas por el ultimatismo, los matices ya no son admitidos. La política es siempre la agitación de la estrategia final.

    En el movimiento de los trabajadores también es perceptible el cambio. En el 2007, el PSTU participó en un encuentro nacional con PCdoB y MST. Hoy se niega incluso a participar del tradicional Primero de mayo en la Praça da Sé.

    La virtud convertida en defecto

    En el artículo, me llamó la atención en particular la utilización de una intervención de Valerio en 2010, defendiendo la candidatura propia del PSTU, para sostener la visión de que él renegó de su propia historia. ¿Qué se espera de un intelectual militante de un partido político trotskista? ¿Que defiende sólo lo que tiene acuerdo? ¿Que utilice su posición de notoriedad para militar solo? Aprendimos exactamente lo opuesto. Tener conciencia de nuestro pequeño tamaño frente a la grandeza del proyecto socialista nos hace estar seguros de que no nos bastamos. Vivimos tiempos de individualismo exacerbado y por eso construir un colectivo, tener la conciencia de que muchas veces es mejor errar juntos que acertar solo, son valores fundamentales para nosotros.

    Valério discrepó muchas veces, pero rompió apenas una vez, cuando las circunstancias de la lucha de clases y de la lucha interna tornaron las divergencias irreconciliables. Esta postura es para nosotros un ejemplo, porque en nuestra esencia, somos constructores del colectivo y no rupturistas crónicos.

    Hagamos del embate de argumentos algo productivo, hasta para que el tiempo nos permita evaluar de acuerdo con el desarrollo de la realidad qué apreciaciones se han demostrado más correctas.

    Imagen: Blue, 1925, Kandinsky

     

     

  • ¡ES TIEMPO DE RESISTENCIA!

    ¡ES TIEMPO DE RESISTENCIA!
    Es necesario transformar la vida para cantarla enseguida

    Manifiesto fundacional de Resistencia, Corriente interna del PSOL

    “Levántense, como leones que despiertan
    tantos, como una tropa invencible
    Agite sus cadenas para que ellas caigan
    Como el rocío caía sobre ustedes
    Ustedes son muchos, ellos son pocos.”
    Percy Bysshe Shelley (1819).

    Vivimos tiempos de muros y miedos
    El escritor mozambiqueño Mia Couto nos recordó hace algunos años que vivimos tiempos sombríos, envueltos por el miedo y rodeados por muros que separan fronteras nacionales y apartan clases sociales. En sus palabras, “bajo las mismas nubes grises vivimos todos nosotros, del sur y del norte, del occidente y del oriente”. Citando a Eduardo Galeano, enumera: “Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. Los que no trabajan tienen miedo de nunca encontrar trabajo. Cuando no tienen miedo del hambre, tienen miedo de la comida. Los civiles tienen miedo de los militares, los militares tienen miedo de la falta de armas, las armas tienen miedo de la falta de guerras”. Y añade: “hay quien tenga miedo de que el miedo acabe”.

    En su continuo esfuerzo para superar sus insuperables contradicciones, el capital avanza por los caminos sangrientos de las guerras y de la devastación social. Las bombas lanzadas y las guerras civiles armadas por las potencias capitalistas en el sur del globo, llevan a la muerte a cientos de miles de víctimas de las armas y otros tantos que continúan muriendo por la violencia del hambre, o de las olas y de las fronteras, en los desesperados intentos de migrar. La violencia del capital en los países centrales acoge a refugiados y migrantes con xenofobia y racismo. Pero no ahorra a los nacionales, pues las políticas de austeridad retiran derechos y empujan hacia la miseria a sectores cada vez más grandes de la clase trabajadora de las naciones más desarrolladas. Pero, si para el 99% de la población la situación es desastrosa, para la personificación del capital -la burguesía- es rentable: del 82% de la riqueza mundial producida en 2016-2017 se apropió el 1% más rico de la población. “El capital es trabajo muerto, que como un vampiro vive solo de la succión de trabajo vivo, y vive más, en tanto más trabajo vivo chupe”, explicaba Marx hace ya un siglo.

    Así, donde la guerra convencional no se hace necesaria, la guerra social continúa chupando la sangre de la clase obrera. En el Brasil de los últimos años, unificada en torno a la propuesta de realizar rápidamente los más profundos ataques a la clase trabajadora, la burguesía movilizó sectores medios bajo el mote del “combate a la corrupción”, para apoyar un golpe parlamentario que llevó al gobierno de Temer y sus partidarios, comprometidos con el más devastador programa de austeridad. Dos años después de su llegada al poder, somos más de 13 millones de desempleados, con un cuarto de la población que vive por debajo de la línea de pobreza y el salario medio de los ocupados cayendo significativamente, más de la mitad de ellos recibiendo menos de un salario mínimo al mes.

    Ante ese cuadro de retroceso generalizado, por cierto que el gobierno de Temer es de una impopularidad impar, pero él se sostiene atacando las más elementales libertades democráticas y profundizando la violencia de la forma por aquí asumida por la dominación de clases desde siempre. Décadas de “guerra a las drogas” no resultaron sino en un crecimiento continuo de la violencia, especialmente contra las fracciones más precarizadas y pauperizadas de la clase trabajadora, mayoritariamente negras, que habitan las favelas y las periferias de las grandes ciudades brasileñas. Son ellos los que componen la mayoría de las decenas de miles de asesinados cada año (muchos de ellos, por la policía) y de los más de 700.000 presos de una población carcelaria que crece cada año. Aquellas y aquellos que se atreven a levantar la voz contra esa máquina matar y encarcelar creada y alimentada por el Estado, también son blancos de ella. El asesinato político de la concejala carioca Marielle Franco fue el ejemplo más impactante de la elevación del nivel de la práctica ya antigua de asesinatos de líderes indígenas, sin tierras, sin techos, sindicalistas urbanos y rurales y activistas sociales de los más diferentes movimientos de los oprimidos.

    En nombre del supuesto combate a la corrupción y a la violencia urbana, asistimos a las más absurdas maniobras jurídicas que eliminan derechos civiles elementales. Hemos observado también, desde la década pasada, el recurso cada vez más frecuente de convocatoria de las fuerzas armadas para tareas de seguridad pública, culminando con el reciente decreto de intervención federal militar en Río de Janeiro, en una escalada represiva que viene acentuando el blindaje del régimen democrático brasileño contra cualquier manifestación de descontento de los explotados y oprimidos, revelando una vez más la cara autocrática de la dominación burguesa.

    La corrupción y la violencia han sido invocadas por una ultraderecha de inspiración nítidamente fascista, que crece en capacidad de movilización, volviéndose más audaz en sus acciones violentas contra los sectores oprimidos y las representaciones de izquierda y de los movimientos sociales, así como más ambiciosa en sus pretensiones político-electorales. Su alimento es el miedo.
    Nosotros, sin embargo, no tenemos miedo de que el miedo acabe.

    Somos muchos, ellos son pocos
    Somos parte del 99%. Somos muchos, ellos son pocos. Por eso recurren a toda suerte de medidas coercitivas y a todo el arsenal de convencimiento, plantando cada vez más el miedo para recoger sumisión.

    Si queremos derrotarlos -¡y cómo queremos!- es necesario organizar a los muchos y muchas, la clase trabajadora por delante, movilizados en torno a un programa de transformaciones sociales radicales, un programa radicalmente anticapitalista, de combate a toda forma de explotación y opresión de un ser humano por otro, el machismo, el racismo, la lgbtfobia, la xenofobia, un programa que no tenga miedo de resistir en el presente, apuntando a la alternativa de futuro: el socialismo.

    Gran parte de la responsabilidad por la situación a la que llegamos debe ser atribuida a los partidos, movimientos y dirigentes de la clase obrera que, desde los años 1990, al menos, pero más acentuadamente después de la llegada del Partido de los Trabajadores al Gobierno Federal, renunciaron al programa socialista y a toda política que represente autonomía de clase. En nombre de la conciliación de clases, desarmaron la contestación al orden. No es casual que ya cuando su declaración en el Congreso Nacional se anunció, Dilma Rousseff exigió el camino de la política de austeridad, intentado convencer a los de arriba de su utilidad su, en lugar de tratar de movilizar a los de abajo para su defensa.

    Incluso fuera del gobierno, los dirigentes petistas y sus representantes en los movimientos sociales no rompieron con la lógica de la conciliación. Cuando la huelga general de 28 de abril de 2017 demostró que la indignación con el estado de las cosas podría generar movilizaciones de masas capaces de derrotar al gobierno, las direcciones conciliadoras retrocedieron, boicoteando los movimientos posteriores, con la expectativa de volver a ser aceptadas en la sala de la cena del poder burgués, alimentando la ilusión de que todo volvería a ser como antes, con Lula-allá en 2018. No entendieron que cuando “allá” estuvieron, eran sirvientes, no comensales.

    El resultado de tanta sumisión al orden está ahí: Lula, líder de las encuestas electorales, encerrado en una solitaria, como resultado de un proceso judicial tan frágil desde el punto de vista de las pruebas, como fuera el proceso de impeachment de Dilma. Con él nos solidarizamos, en esta situación, de la misma forma que nos opusimos al golpe, porque sabemos que cada ataque a los derechos democráticos, cada paso de retroceso institucional, alcanza no solo al PT, sino que busca callar cualquier alternativa de izquierda y sofocar el potencial antisistémico de las luchas de la clase trabajadora. Por eso también trabajamos para, efectivamente, construir frentes de luchas unitarios contra la liquidación de derechos, los ataques a las conquistas democráticas y las amenazas fascistizantes en el horizonte.

    Sin embargo, esta disposición de unidad para luchar en torno a objetivos de resistencia, centrales en esta coyuntura de retrocesos, no nos llevará a aceptar el abrazo de los ahogados de los que insisten en la conciliación de clases. La clase trabajadora brasileña necesita de otra izquierda, que no tenga miedo de exponer sus convicciones socialistas y su programa radical de ruptura con el orden burgués.

    Invertir el signo de la dispersión
    El proceso de reorganización a la izquierda del PT comenzó antes, pero tomó cuerpo tras la llegada de Lula al gobierno federal. El PSOL fue su expresión más significativa en el plano partidario. Construirlo fue una victoria significativa, por representar un movimiento que rompía tanto las barreras de la legislación electoral a las organizaciones políticas construidas a partir de abajo, como con la intención del PT y sus aliados de ser la única voz de los trabajadores y trabajadoras. Por eso, continuaremos construyendo el PSOL, entendiendo su papel como instrumento electoral indispensable para la reorganización de la izquierda socialista en el Brasil de hoy.

    Construir el PSOL, por reconocer su importancia, no significa evaluar que él nos basta. En el plano electoral, apostaremos a la construcción de frentes más amplios de partidos socialistas y movimientos combativos de la clase trabajadora, como la que hoy reúne PSOL, PCB, MTST, APIB y otros movimientos sociales, en torno a la candidatura presidencial de Guilherme Boulos y Sonia Guajajara. Una candidatura que trabajamos para lanzar y por la que haremos campaña con entusiasmo.

    Consideramos que el PSOL no es suficiente para la clase porque su horizonte todavía es estrictamente electoral y su programa sigue atado a la estrategia democrático-popular, diseñada por el PT en los años 1980 y aún no superada por la izquierda brasileña. Trabajamos por la profundización del proceso de reorganización de la izquierda socialista, porque creemos que es necesario desarrollar un debate programático que nos lleve a otro nivel de comprensión de la realidad brasileña e internacional y presente alternativas de futuro en este difícil presente, capaces de movilizar a la clase, no sólo en las urnas, sino sobre todo en las luchas y en las calles.

    Como ya habíamos afirmado en nuestras primeras manifestaciones -tanto a partir de la Nueva Organización Socialista (NOS), como del Movimiento por una Alternativa Independiente Socialista (MAIS) -, no reivindicamos ser los únicos, ni los primeros en levantar estas cuestiones, pero, resaltamos nuestra satisfacción por invertir el sentido recorrido por la mayor parte de las experiencias recientes de la izquierda radical. Somos el fruto de un proceso de fusión, no de fragmentación.

    Ya en el 2016, entendíamos “que la coyuntura nos exige sumar fuerzas, evitando caminos autoproclamatorios, sectarismos y dogmatismos”. Al final, nuestro desafío sigue siendo “sobrepasar el cuadro de fragmentación actual, para presentar el ejemplo de una unificación con organicidad, que nos acredite contribuir a la superación de los límites actuales de la izquierda”. No pretendemos, de ninguna manera, partir del cero. “Somos una pequeña rama del gran árbol del marxismo revolucionario mundial” y, por lo tanto, tenemos una bella historia de luchas y experiencias organizativas de la clase trabajadora para inspirarnos y orientarnos. Tampoco pensamos que la organización que ahora fundamos sea suficiente o signifique por sí sola la superación de la fragmentación de los socialistas revolucionarios. Al contrario. Con paciencia y seriedad, continuaremos buscando nuevas síntesis y diálogos. Queremos que el paso que damos ahora sea el primero de muchos otros en el mismo sentido.

    Sin olvidar que las referencias no son dogmas y que necesitamos actuar sobre nuestro presente, seguimos fieles al objetivo de “arrancar alegría al futuro”. Al final, como nos enseñó una militante socialista y feminista, hija de exiliados políticos, nacida en Londres en la segunda mitad del siglo XIX, que fue activa en la organización de los sectores más precarizados de la clase trabajadora de entonces:

    “Mucha gente no comprende cuánto la noción de felicidad es importante para los socialistas, cómo ella está en el corazón mismo del pensamiento de Marx. Es ella, después de todo, el gran objetivo final de nuestra lucha, la felicidad – no como simple búsqueda del placer individual- sino como autorrealización del ser humano. (…) Muchas personas (…) no se dan cuenta de que ser feliz es algo para ser buscado en el presente; que no debe ser una utopía sino algo necesario, ahora, algo para ser intentado desde ahora, algo que nos hace mejores como personas y por lo tanto más capaces de enfrentar la larga lucha. No creo que exagere cuando pienso que la belleza de la vida, la alegría de vivir es lo que nos debe guiar y es lo que nos puede dar alguna fuerza. Que la revolución significa no solo la búsqueda de la vida y de la libertad, sino la búsqueda de la felicidad”.
    Eleanor Marx (1897)

    Congreso de Fusión NOS-MAIS
    São Paulo (SP), 30 de abril de 2018.

    Nasce a “Resistência”, nova organização política da esquerda brasileira

  • Que pasa en NICARAGUA : Explicación desde un enfoque critico de izquierda

     

    Tomas Andino Mencía, veterano militante socialista hondureño

    Foto: Jorge Cabrera/Reuters

     

    El mundo ha sido sorprendido por una impresionante movilización popular en Nicaragua, principalmente juvenil, que comenzó rechazando reformas al sistema de seguridad social, pero que ha evolucionado a pedir la renuncia del mismo gobierno. Su costo es trágico: decenas de muertos, heridos y detenidos, centros de estudio y trabajo destruidos, la actividad económica semi paralizada.

    Este acontecimiento requiere una explicación. Y al respecto, hay tres explicaciones colocadas en la mesa: la versión de la derecha y el imperio gringo, la del gobierno nicaragüense, y la que viene de la izquierda critica.

     

    La explicación de la derecha y del imperio, es que se trata de un gobierno “socialista” o de “izquierda” que por su propia naturaleza es dictatorial y enemigo de la democracia. Pero si así fuera, la propiedad seria colectiva, estatal o solidaria, y no es así; la propiedad privada capitalista es omnipresente y el país es tan neoliberal como muchos otros de América Latina, así que ese argumento no ayuda a entender nada.

    La explicación del gobierno hace ver el movimiento de las y los jóvenes nicaragüenses como una conspiración de la CIA. En su discurso del 21 de abril, Daniel Ortega acuso a los y las jóvenes de ser “pequeños grupos de la ultraderecha” que quieren “destruir la paz de que goza Nicaragua”. Resultando así que su gobierno sería la “victima” de una ofensiva bien orquestada, similar a la de las “guarimbas” de Venezuela.

     

    Mi explicación no comparte nada con las anteriores.

     

    En mi opinión lo que vemos es el estallido de un descontento social muy profundo, acumulado durante una década, que tiene como base un conjunto de contradicciones entre el gobierno y el Pueblo, incubadas en el capitalismo nicaragüense, de la mano de decisiones impopulares, actitudes dictatoriales e impositivas del dúo Daniel Ortega y Rosario Murillo.

     

    El contexto conflictivo de la crisis actual

     

    Voy a citar solo diez de esas contradicciones entre el gobierno y el Pueblo:

     

    Primero, la aprobación de construir el canal inter oceánico por una empresa china a un costo económico y social elevadísimo (US$ 50 mil millones), ha generado un fuerte descontento porque implica destruir muchas comunidades rurales, obviamente contra su voluntad, y ceder la soberanía territorial a dicha empresa por un siglo. De ahí ha surgido un amplio movimiento campesino y ciudadano opuesto, que es reprimido y vilipendiado por el gobierno, pero que se mantiene hasta el día de hoy.

     

    Segundo, la actividad extractiva, en particular minera, casi ha duplicado la superficie concedida en este periodo (del 12 % al 22%) generando fuertes conflictos en el área rural y con los movimientos ambientalistas, también reprimidos.

    Tercero, la presión sobre la tierra que ejercen monocultivos industriales como la palma africana y el azúcar, así como el gran incremento de la actividad ganadera, dejan menos disponibilidad de tierras para las y los campesinos.

     

    Cuarto, el descuido ambiental, cuya última manifestación fue la desidia del gobierno frente al incendio de la reserva en Indio Maíz, movilizo a sectores juveniles a protestar.

     

    Quinto, el control impositivo contra las organizaciones no gubernamentales, especialmente de derechos humanos y feministas, quienes no le perdonan las arbitrariedades, represión y acusaciones de abuso sexual, tiene en alta tensión las relaciones del gobierno con el mundo de la llamada “sociedad civil”.

     

    Sexto, la reelección presidencial, prohibida por la Constitución, que se impuso utilizando el mismo mecanismo que uso JOH: un fallo de la Corte Suprema, lo hizo ver como un autoritario.

     

    Séptimo: El mismo efecto han tenido las acusaciones de fraude electoral en las últimas dos elecciones presidenciales, donde se impuso la formula orteguista.

    Octavo: La vice Presidenta Rosario Murillo, esposa de Ortega, ejerce un férreo control sobre los medios de comunicación que es resentido por los medios independientes, llegando a proponer el control de las redes sociales.

    Noveno: Causa mucho malestar la extendida corrupción de funcionarios públicos, que se vuelven millonarios de la noche a la mañana, mientras el pueblo pasa dificultades económicas. Comenzando por la misma pareja presidencial, que es cuestionada por haber acumulado recursos desde la “piñata” pactada con Arnoldo Alemán, y de administrar alrededor de 4 mil millones de dólares de recursos del ALBA, sin rendir cuenta de su destino; hasta casos como el de Orlando Castillo Guerrero, gerente de aeropuertos por un desfalco millonario.

    Décimo: Después de varios años de buenas relaciones con el gobierno, una parte del empresariado nica (afiliados al poderoso COSEP) comienza a dudar de la conveniencia de continuar el matrimonio que ha mantenido durante una década con los Ortega-Murillo, periodo en el que se ha beneficiado en toda la línea, por temor a perder los favores del imperio, después que Donald Trump hiciera aprobar la Ley Nica-Act y de que comenzara a aplicar sanciones a funcionarios nicaragüenses. Desde entonces, han puesto sus barbas en remojo.

     

    Pese a eso, Nicaragua tiene buena reputación por sus fuentes de trabajo y la ausencia de delincuencia. Es porque las maquilas migran mucho a ese país precisamente porque los salarios de sus obreros y obreras están entre los más bajos de Centroamérica y en esas condiciones las empresas capitalistas se sienten ahí como en un paraíso. La ausencia de delincuencia, que va de la mano del empleo es, en efecto, su mejor condición competitiva.

     

    Por tanto, Nicaragua es un país que ha tenido un importante crecimiento capitalista, no equitativo, en el cual se han acumulado fuertes contradicciones económicas y sociales, con una ciudadanía deseosa de manifestarse sobre las mismas, que no ha podido hacerlo, no es tomada en serio o se le pasa factura con discriminación o represión.

     

    INSS, El conflicto detonante

     

    En ese contexto, se produjo el conflicto por la reforma al INSS, exigida por el Fondo Monetario Internacional. No era la primera vez que se hacía una reforma (en 2013 se hizo una que fracaso), solo que en esta ocasión se produjo cuando el descontento por las causas señaladas está en su máximo, especialmente entre la juventud que nació después de la Revolución de 1979. Las protestas comenzaron por los directamente afectados, los jubilados y jubiladas; a estos le siguieron las y los jóvenes estudiantes; y luego otros sectores de la población. Finalmente se incorporaron los empresarios, que previamente habían roto las negociaciones sobre ese tema en la Comisión Tripartita.

    Por lo dicho, la crisis actual no cae como un rayo en un cielo despejado, sino que tiene antecedentes importantes que la explican. Problemas estructurales y coyunturales de difícil solución en manos de una pareja presidencial cerrada, autoritaria y represiva.

     

    La irracionalidad de la argumentación oficial

    Por tanto, venir a decir que las manifestaciones sociales son una “conspiración” para desestabilizar al gobierno de parte de pequeños grupos de “ultra derecha”, es una afirmación propia de un gobierno dictatorial, incapaz de dar respuestas racionales y necesarias a los problemas planteados, y que insultan la inteligencia del público.

    Hasta el más desinformado observador advertiría que es imposible que la CIA tuviera tantos agentes infiltrados y pagados en todo el país, jubilados, entre trabajadores y un ejército de jóvenes matriculados como estudiantes universitarios, para salir, en el momento apropiado, a “desestabilizar” al gobierno. Pero es comprensible: el gobierno, acostumbrado a imponerse todo el tiempo, nunca espero una reacción social tan contundente y no ha podido hilvanar una explicación “mejor”.

    Es la clásica estrategia de un gobierno “progre” que se siente acorralado por su Pueblo: manipulan el sentimiento antiimperialista de la gente, que siente profundo respeto por la Revolución Sandinista de 1979 (incluido quien escribe estas líneas), para que se crea cualquier argumento, bajo la autoridad de que lo dijo el “líder”, Daniel Ortega.

     

    Argumentos que llegan al absurdo; por ejemplo, que estudiantes universitarios destruyen sus propias universidades, que como francotiradores les disparan a sus propios compañeros(as), que se torturan y se desaparecen a sí mismos; queman edificios públicos para atraer el repudio social hacia ellos, etc. Un libreto propio de un movimiento suicida, que más parece escrito por un asesor de JOH o de la Policía Militar hondureña.

     

    No dicen que la violencia es inicialmente desatada por bandas de motorizados de la clientela juvenil del gobierno, que es usada como grupo de choque y carne de cañón contra otros jóvenes. Todo a vista y paciencia de las autoridades policiales. Y cuando los jóvenes se defienden de estos grupos, o cuando desatan su indignación sobre símbolos del gobierno, entonces el oficialismo proclama la “demostración” de sus acusaciones. ¿Acaso creen que tratan con bobos? Afortunadamente la difusión de la tecnología celular, ha permitido filmar cuando los grupos de choque gubernamentales han sido protagonistas de semejantes hechos.

     

    Algunos compas tienden a hacer comparaciones simplistas. Dicen que es un guion similar al usado por los gringos en Venezuela. Si se tratara del caso del Presidente venezolano Nicolás Maduro, la explicación de Ortega tendría sentido porque, en Venezuela las “guarimbas” fueron organizadas por un partido de ultraderecha (“Voluntad Popular”, partido de Leopoldo López) para desestabilizar a ese gobierno. Pero NO es el caso de Nicaragua. En este país, el movimiento fue auto convocado por sectores progresistas, de la juventud universitaria como se ha dicho. El análisis para que sea objetivo, tiene que basarse en la realidad.

     

    Ver las cosas desde esta óptica, permite explica varias cosas “raras” del gobierno nicaragüense:

     

    ¿No es extraño que Ortega fuera el primer gobierno en reconocer a JOH y que nunca cuestiono la criminal represión que este arremetió contra el Pueblo Hondureño? ¿No es extraño que el gobierno norteamericano durante los últimos once años no “molesto” a Ortega con ningún intento serio de “desestabilización”? En comparación, el imperio promovió golpes de Estado en Venezuela, Honduras, Paraguay y Ecuador en ese periodo. A pesar que Nicaragua es un país mucho más débil que aquellos, durante ese tiempo, lo dejo “tranquilo”.

    Eso se explica por la luna de miel de once años que sostuvo beneficiando a la empresa privada, nacional e internacional, en los que cultivo jugosos negocios, incluido el gobierno golpista de Pepe Lobo y JOH, y con la reaccionaria iglesia católica nicaragüense (de ahí su eslogan del “Socialismo Cristiano y Solidario”).

    Ahora esos tiempos son el pasado. La pareja presidencial Ortega-Murillo ahora cuenta con la hostilidad del imperio, que buscara domesticar su gobierno, mediante acciones de boicot económico; cuenta con el divorcio de la empresa privada nacional o de un sector importante de esta; y cuenta con el repudio activo de una buena parte del Pueblo. El rumbo que tomará el país, dependerá, por un lado, de la respuesta del gobierno al movimiento de protesta lanzado por su juventud y por otros sectores populares, así como de la capacidad de este de conquistar mejores estándares democráticos y sociales. La moneda esta en el aire y todavía es prematuro para decir que pasara.

    Pero de lo que no cabe duda, es que, con la movilización social de las últimas semanas, sea que avance o retroceda, comienza una nueva era, en la que un nuevo sujeto histórico se ha levantado sin miedo de tomar la palabra y decidir su destino.

     

    Tegucigalpa, M.D.C. 22 de abril 2018

     

  • 24 de enero: un capítulo más del golpe parlamentario

    Editorial de 25 de Enero de 2018.
    Traduccion de Perspectiva Marxista Internacional, de Argentina
    La condena sin pruebas de Lula por la 8a sala del Tribunal Regional de la 4a Región (TRF-4) representa un capítulo lamentable más del golpe parlamentario iniciado con el impeachment de Dilma Rousseff sin delito de responsabilidad comprobado.
    Además de negar el recurso de defensa al expresidente y todos sus pedidos, el resultado unánime de los tres jueces y la ampliación de la pena a 12 años y un mes demuestran una terrible unidad en el Poder Judicial en torno de la Operación Lava Jato, sus métodos y objetivos reaccionarios.
    La sustentación del voto de los tres jueces de segunda instancia es una confirmación concreta de como sectores del Poder Judicial se colocan por encima de la sociedad, practican un discurso abierto en defensa de una meritocracia reaccionaria, por encima de las reglas de la democracia y alimentan un gran desprecio por la voluntad popular. En fin, una demostración más de que la Justicia está al servicio de los ricos y poderosos.
    La euforia del mercado, con alza récord de la bolsa, y la caída del valor del dólar, es también una demostración de quién se sintió victorioso con la confirmación de la condena del expresidente por el TRF-4.
    Y no solo el mercado se sintió más fuerte. Al final de la tarde, poco después del cierre del juicio, el Palacio de Planalto inició una ofensiva de agitación en Facebook y otras redes sociales con una etapa más de la campaña en defensa de la Reforma Previsional. El espíritu del gobierno ahora es “ir para arriba” para conseguir los 308 votos necesarios en la sesión del día 19 de febrero.
    Todo esto ocurre en un país donde políticos influyentes de la vieja derecha, que están probadamente involucrados en esquemas de corrupción, como Aécio Neves, Geraldo Alckmin y el propio presidente ilegítimo Michel Temer, no solo siguen en el poder sino que tampoco son seriamente investigados y procesados.
    El verdadero espectáculo en torno al juicio fue transmitido en vivo por los grandes canales de televisión, especialmente TV Globo. Lo que vimos este miércoles fue nada más que la continuación de este mismo golpe, esta vez contra la candidatura de Lula, pero con los mismos actores y con los mismos agentes involucrados.
    No apoyamos el proyecto político de Lula y de la dirección del PT. Sería muy positivo si la dirección del PT estuviese realmente dispuesta a rever su política de conciliación con los intereses de los ricos y poderosos. Pero eso no está ocurriendo, ni va a ocurrir. Los líderes del PT, y Lula en primer lugar, siguen defendiendo una política de alianza con sectores de la vieja derecha y de los grandes empresarios, incluso con sectores que apoyaron el impeachment. Desafortunadamente, no aprendieron de sus propios errores; a final de cuentas, para dar solo un ejemplo, quien puso a Temer como vice de Dilma fue la propia dirección petista.
    Pero a pesar de las duras críticas que tenemos a la política del PT, no podemos quedar callados en este momento de ofensiva del proyecto conservador. No estamos de acuerdo con los sectores de la izquierda que apoyan la condena sin pruebas de Lula o que afirman que la clase trabajadora no debe preocuparse con este proceso.
    Se equivoca también la dirección del PT cuando busca mezclar la campaña contra los ataques a las libertades democráticas y por el derecho de Lula de participar en las elecciones con el apoyo político a una eventual candidatura del expresidente en las elecciones de 2018.
    Es hora de una campaña contra los ataques a los derechos sociales y las libertades democráticas. Sería muy positivo si Lula, la dirección del PT, la de la CUT y el Frente Popular hicieran una campaña de hecho unitaria “en defensa de la democracia, contra los ataques al pueblo trabajador y por el derecho de Lula a ser candidato”.
    Intensificar la lucha contra la eliminación de derechos y los ataques a las libertades democráticas
    No es hora de bajar la cabeza y mucho menos la guardia. Evidentemente, es preciso reconocer que el día de ayer representó un paso adelante en la profundización del golpe parlamentario, pero el momento decisivo de esta guerra será en las calles y no dentro de los tribunales de esa justicia reaccionaria.
    La fecha de la próxima batalla ya está marcada. El gobierno ilegítimo de Temer y su bancada en el Congreso Nacional quieren iniciar en febrero la votación de la infame Reforma Previsional. Quieren seguir con la aplicación de su plan de eliminar derechos históricos de los trabajadores y de la mayoría del pueblo. Fue exactamente para eso que dieron el golpe.
    Las centrales sindicales, los movimientos sociales combativos y los partidos que defienden los intereses del pueblo trabajador deben preparar la resistencia a los ataques, que vendrán con mucha más fuerza. Se puede comenzar con un día nacional de paralizaciones y movilizaciones, con el objetivo de construir una verdadera huelga general en el país. La lucha directa de los trabajadores es el único idioma que los enemigos del pueblo entienden. Tenemos que repetir y ampliar lo que hicimos el día 28 de abril del año pasado. Si Lula está realmente preocupado con lo que está aconteciendo con el pueblo brasileño, como afirmó en la manifestación en Porto Alegre el día 23 de enero, debería entones usar toda su popularidad para colocarse al frente de esta convocatoria.
    Pero ni Lula ni el PT parecen haber aprendido la lección: no vamos a derrotar el golpe parlamentario apostando a acuerdos con los golpistas en el Congreso Nacional, insistiendo en una política de alianzas con la vieja derecha y con los grandes empresarios, ni tampoco con recursos judiciales en los tribunales de la Lava Jato.
    La principal lección que podemos sacar de lo ocurrido ayer es que la lucha contra el golpe parlamentario y sus capítulos, la defensa de nuestros derechos y de las libertades democráticas tendrán que ser prioritariamente, y cada vez más, en las calles, organizando movilizaciones, paralizaciones y huelgas, para derrotar todos los ataques que están siendo aplicados por el gobierno ilegítimo de Temer y sus aliados.
    Es la hora de afianzar una nueva alternativa política
    Defendemos la máxima unidad de acción en las luchas en defensa de los derechos de los trabajadores y de las libertades democráticas. Proponemos la construcción de un amplio frente único que confronte el golpe parlamentario y todos sus objetivos reaccionarios. El próximo paso de esta unidad debe ser intensificar nuestra movilización para derrotar la Reforma Previsional.
    Para construir y fortalecer este amplio movimiento unitario, de la clase trabajadora, la juventud y del conjunto de los explotados y oprimidos, debemos estar dispuestos a luchar al lado de aquello con los que no tenemos acuerdos políticos estratégicos. Los intereses de la clase trabajadora y de la mayoría del pueblo deben estar en primer lugar.
    Pero esa sincera disposición a estar juntos en la luchas no debe confundirse con hacer a un lado nuestras diferencias políticas. Por lo tanto, la defensa del derechos de Lula a participar en las elecciones no significa que estamos dispuestos a apoyar su proyecto político, principalmente de conciliación con los intereses de las grandes empresas y los bancos. Para nosotros, ¡los golpistas no merecen perdón!
    Por eso, es necesario que el PSOL defina su candidato(a) a presidente de la República en su Conferencia Electoral marcada para el día 10 de marzo. Por haberse consolidado como el mayor partido de oposición de izquierda a los gobiernos petistas, el PSOL tiene la responsabilidad de llamar a la construcción de un frente de izquierda socialista, una nueva alternativa de independencia de clase. Vemos también como algo muy positivo la posibilidad de afiliación de Guilherme Boulos al PSOL y la propuesta de que él pueda ser uno de los nombres para encabezar esta alternativa.
    La izquierda socialista necesita encarar estos dos desafíos políticos: estar en la línea del frente de las luchas unitarias en defensa de los derechos de la clase trabajadora y de la mayoría del pueblo, y ser firme en la presentación de una nueva alternativa política de izquierda radical, socialista, que supere el proyecto de conciliación de clases de la dirección del PT.
  • ¿Unir a la izquierda es apoyar a Lula en 2018?

    3 enero de 2018

    Por Gabriel Casoni, de São Paulo (SP)

    La entrevista a Marcelo Freixo en Folha de São Paulo generó enorme repercusión. (http://www1.folha.uol.com.br/poder/2017/12/1946626-nao-sei-se-e-o-momento-de-unificar-a-esquerda-nao-diz-marcelo-freixo.shtml) En las redes sociales el diputado del PSOL (Partido Socialismo y Libertad) pasó a ser duramente criticado, especialmente por dirigentes (http://www.diariodocentrodomundo.com.br/entrevista-de-freixo-folha-revela-falta-de-maturidade-politica-do-psol-por-joaquim-de-carvalho/)  y blogueros (https://www.brasil247.com/pt/colunistas/migueldorosario/334958/Suprema-ironia-entrevista-de-Freixo-uniu-a-esquerda.htm)  ligados al PT (Partido de los Trabajadores). El argumento principal parece irresistible: la necesidad de la unidad de la izquierda para enfrentar la ofensiva de la derecha.

    La ironía de la historia, con todo, es que la dirección del PT, al mismo tiempo en que ataca a Freixo por supuestamente dividir el campo de la izquierda, negocia alianzas y acuerdos con partidos golpistas, grandes empresarios y líderes de la derecha en todo el país (http://www.infomoney.com.br/mercados/politica/noticia/7057309/ensaia-aliancas-com-apoiadores-impeachment-eleicoes-pmdb-planeja-costura-estados).

    Así, la cúpula lulista hace un juego astuto marcado por la disimulación.

    Por un lado, agitando de manera oportunista la bandera de la “unidad”, busca bloquear el surgimiento de una alternativa de la izquierda independiente en las elecciones de 2018, alternativa que tendrá más fuerza en el caso de que Guilherme Boulos (principal referencia del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo- MTST) confirme su candidatura presidencial por el PSOL. Por otro, para reatar lazos con el gran capital, quieren demostrar cómo Lula puede ser nuevamente útil a la clase dominante. Las recientes declaraciones del expresidente, cuidadosamente pensadas para agradar al mercado financiero, hacen parte de la estrategia de hilvanar un nuevo pacto con los ricos y poderosos.

    ¿Y la unidad para luchar contra Temer y las reformas?

    La dirección del PT se muestra muy interesada en no permitir el crecimiento del PSOL, y particularmente en evitar la candidatura del líder del Frente Pueblo Sin Miedo. Pero poco o casi nada dice sobre la fundamental unidad para defender los derechos de los trabajadores. Esa cuestión pasa bien lejos de sus preocupaciones. Para los blogueros lulistas, la “unidad de la izquierda” es sinónimo de apoyo electoral a Lula.

    Los derechos de los trabajadores no pueden esperar las elecciones. En febrero, será puesta a votación la reforma de la previsión social. ¿Cuáles son los planes del PT y de la CUT (Central Única de los Trabajadores) para barrer ese ataque a las jubilaciones de los trabajadores? ¿Van a llamar al pueblo a la lucha? ¿Van a impulsar un día de huelga nacional o mantendrán la línea de recular, como hicieron luego de la huelga general del 28 de abril de 2017? ¿Van a construir la unidad de la clase para derrotar ese proyecto? ¿O el llamado a la unidad de la izquierda solo vale para pedir votos para Lula?

    Para unir a la izquierda, primero es preciso romper con la derecha

    El argumento de que el PSOL y Freixo hacen el “juego a la derecha” cuando defienden una alternativa independiente de la izquierda en 2018, se muestra hipócrita en boca de los dirigentes petistas. ¿Cómo hablar de unidad electoral contra la derecha si se sabe que el PT negocia alianzas con partidos y dirigentes golpistas en las más diversas partes del país, tanto en los estados como a nivel nacional?

    Y no se trata solo de las conocidas alianzas con la familia Sarney, Renan Calheiros y Kátia Abreu. El partido de Lula, además de estar con el PMDB (Partido Movimiento Democrático Brasileño) en Minas Gerais, negocia coaliciones con el partido de Temer en cinco estados de la región Nordeste (http://g1.globo.com/politica/blog/matheus-leitao/post/pt-e-pmdb-formam-alianca-em-6-estados-tse-julga-antecipacao-de-campanha-jornais-de-sabado-4.html). En 2016, el PT apoyó candidatos del partido de Eduardo Cunha en 648 ciudades brasileras.

    La dirección del PT tendría más autoridad para hablar de unidad de la izquierda, si hubiese roto con la derecha. Sin embargo, a decir verdad, la lucha contra los “golpistas” apenas fue un discurso para impresionar al público de izquierda. En realidad, el proyecto de conciliación de clases del lulismo se mantiene intacto, tanto en el programa como en la práctica de las coaliciones políticas. La orientación sigue siendo exactamente la misma: aliarse a sectores burgueses para ganar las elecciones y gobernar por medio de un pacto con las viejas elites (https://www.youtube.com/watch?v=YOylOTnAYXk).

    Curiosamente, la cúpula lulista todavía no cayó en la cuenta que esa estrategia falló miserablemente con el golpe parlamentario. Fueron las alianzas con la derecha las que abrieron las puertas al ajuste neoliberal y al cercenamiento de derechos. Además, ese proceso se inició en el segundo mandato de Dilma, corroyendo el apoyo popular que tenía el gobierno.

    Michel Temer y Eduardo Cunha no fueron un rayo en cielo azul; los golpistas crecieron bajo las alas de los gobiernos petistas. Cuando la marea cambió, los viejos aliados traicionaron. Las pequeñas concesiones sociales del lulismo fueron toleradas en cuanto el impulso económico las permitía. Cuando el ciclo de crecimiento se agotó, el escenario cambió radicalmente. Al final, la burguesía rompió con el PT, pero, trágicamente, el PT todavía no rompió con la burguesía.

    Lula tiene el derecho de ser candidato, pero no tiene el monopolio de la izquierda

    Tanto el PSOL como Marcelo Freixo están por el derecho democrático de Lula a ser candidato a presidente, eso ya fue dicho y repetido en innumerables ocasiones. Es evidente que se trata de un juicio político por medio del cual un sector de la burguesía quiere excluir al petista de las elecciones vía expediente judicial. La tentativa de criminalizar a Lula debe ser repudiada por el conjunto de la izquierda.

    Pero el derecho de Lula de ser candidato no debe ser comprendido como apoyo político al petista.

    La izquierda socialista, aquella que no acepta alianzas con los golpistas, que apuesta a un programa anticapitalista para transformar el país, que tiene un proyecto de poder basado en la movilización de los trabajadores y del pueblo pobre, aquella que no admite financiamiento de los grandes empresarios y banqueros, que no hace de las constructoras y los ganaderos amigos inestimables, en fin, aquella que cree que para cambiar el Brasil es preciso lucha de clases y no conciliación de clases; esta izquierda tiene el derecho a concurrir a las elecciones con cara propia, para presentar sus ideas y programa.

     

  • 2017: ofensiva reaccionaria y resistencia social

    21 de diciembre de 2017

    Editorial especial de fin de año

     

    Pasado poco más de un año del impeachment de Dilma Rousseff (PT), podemos afirmar que hubo: consolidación del golpe parlamentario y profundización de la ofensiva de la clase dominante. Entramos en un período de la lucha de clases en el que predominan los elementos reaccionarios.

    La situación política defensiva ha evolucionado negativamente en los últimos meses. En este segundo semestre, ocurrió el desarrollo de un escenario adverso. Esta coyuntura tuvo un sentido inverso a la del primer semestre, cuando aumentó la resistencia de los trabajadores y la ofensiva del gobierno encontró obstáculos.

    Una relación de fuerzas adversa como la que vivimos no significa que no haya luchas importantes, y que no puedan existir momentos de ascenso. Para salir adelante, hay que apostar a la resistencia social y avanzar en la construcción de una alternativa de izquierda anticapitalista.

    Nuevo momento de la economía

    Después de dos años de profunda recesión (caída del PIB del 3,8 % en 2015 y el 3,6 % en 2016), la economía brasileña presenta signos, aunque frágiles, de recuperación. El PIB (Producto Interno Bruto) debe crecer en torno al 1 % en 2017.

    A pesar del nuevo momento económico, caracterizado por la recuperación lenta y frágil, las inversiones productivas siguen a un nivel reducido y las inversiones públicas en caída. La sutil mejora en el ambiente económico no significa reversión del escenario de devastación social. Por el contrario, la tímida retomada está basada en el congelamiento salarial, un desempleo elevado, desmonte de derechos sociales, destrucción de los servicios públicos y entrega del patrimonio nacional al capital extranjero.

    Ofensiva social y política de la clase dominante

    La situación defensiva que ahora atravesamos se manifiesta en diversos aspectos de la realidad. Podemos destacar, por ejemplo, serios ataques a los derechos -como la reforma laboral, la Ley de tercerización, PEC del Techo, entre otros-, y las condiciones básicas de vida de la clase trabajadora y del pueblo pobre, así como el nuevo salto en la apropiación privada e imperialista del patrimonio público y de la riqueza nacional, como las privatizaciones y subastas del pre-sal.

    Es necesario tener en cuenta también el aumento de la represión, de la violencia y los ataques a las libertades democráticas y a los sectores oprimidos, así como los cambios antidemocráticos en el régimen político, como las contenidas en la reforma electoral reaccionaria. Hay aún una ofensiva ideológica conservadora en varias vertientes y la aparición de una extrema derecha con peso minoritario de masas.

    La resistencia de la clase obrera y del pueblo

    Ante estos ataques colosales, el proletariado y los oprimidos se resisten. Hay un cuadro de luchas de resistencia en el marco de una situación defensiva. Por ejemplo, el DIEESE registró, en 2016, la existencia de 2096 huelgas, un número elevado para los padrones brasileños. Un movimiento social que viene ganando cada vez más relevancia es el de las ocupaciones urbanas por el derecho a la vivienda. La ocupación Pueblo Sin Miedo del MTST, en São Bernardo do Campo (SP), se convirtió en un símbolo de la resistencia popular en el país.

    El momento más fuerte de la resistencia social ocurrió en los cuatro primeros meses de este año, cuando se formó un frente único de entidades y movimientos contra las reformas de Temer. La huelga general del 28 de abril, que fue una paralización nacional política, marcó el auge de ese movimiento: involucró a millones de trabajadores y conquistó amplio apoyo popular. Las luchas del primer semestre ayudaron a debilitar al gobierno y a aplazar la reforma de la previsión social. En realidad, entre la huelga general de abril y las delaciones de la JBS de mayo, estuvo colocada la posibilidad de la caída del gobierno de Temer.

    El papel que jugaron las direcciones políticas y sindicales fue uno de los principales motivos que explican la supervivencia del gobierno. La derecha sindical (Fuerza Sindical y UGT) trabajó abiertamente para derrotar al movimiento después de abril. La CUT y CTB, a pesar de los discursos incendiarios, también ayudaron al retroceso del movimiento de masas. La estrategia de Lula y el petismo, y sus satélites, fue capitalizar electoralmente el desgaste de Temer, pues no quieren el derrocamiento del gobierno en las calles.

    La lucha de las mujeres, LGTB y negras y negros

    El movimiento de mujeres viene siendo uno de los polos más dinámicos de las luchas de resistencia. Las movilizaciones de las mujeres contra Cunha, las manifestaciones contra la violencia sexual y el feminicidio, los fuertes actos del 8 de marzo, las recientes manifestaciones contra la PEC que prohíbe el aborto, la consolidación de una amplia vanguardia feminista, vienen demostrando el potencial y la fuerza de la lucha de las mujeres.

    Es necesario destacar, también, las diversas e importantes movilizaciones del movimiento LGBT, que sigue una dinámica parecida a las movilizaciones de las mujeres. Ante los ataques conservadores y reaccionarios, el movimiento levanta la cabeza y logra responder llevando, en varias ocasiones, miles a las calles, como ocurrió en los actos contra la curación gay. Por su parte, la lucha del movimiento negro se hizo sentir en la conquista de las cuotas en las universidades públicas, en la dinámica creciente de los movimientos de periferia y en los actos contra el encarcelamiento y el genocidio de la juventud negra y pobre.

    El gobierno de Temer y la Lava Jato

    Después de un primer semestre de muchas dificultades, el gobierno logró eludir la crisis y mantener la aplicación del ajuste estructural, de modo que Temer sigue con el apoyo de la mayoría de los grandes empresarios y banqueros.

    Se trata del gobierno más impopular desde el fin de la dictadura militar, pero también es aquel que logró aprobar en un tiempo récord la reestructuración de las relaciones de explotación y entrega de la riqueza del país. Con una base parlamentaria mantenida con la distribución de cargos y fondos, Temer aplicó un conjunto de medidas que los gobiernos que lo precedieron no lograron hacerlo: cambios constitucionales, como la PEC del Techo; la reforma laboral; la reforma de la enseñanza media; la privatización de las reservas del pre-sal y de las estatales; y muchas otras. De las principales reformas, queda sólo la de la previsión social.

    El fortalecimiento de Temer no significa el fin de la inestabilidad política. La crisis del sistema político-partidario aún no ha sido solucionada. La Lava Jato, aunque ha perdido fuerza, debe seguir con sus acciones, aunque con menos intensidad.

    Otro aspecto de la crisis del sistema político-partidario consiste en la crisis de la representación política de la burguesía. Los principales partidos y líderes políticos de la derecha presentan altísimos niveles de rechazo en las encuestas. Esta crisis de representación se manifiesta también, en este momento, en la falta de un nombre que unifique a la burguesía para la carrera presidencial: este papel fue cumplido desde 1994 por uno de los caciques tucanes. La apuesta del PSDB es unificar a la derecha tradicional alrededor del nombre de Alckmin.

    El cuadro de inestabilidad política, la crisis del sistema político partidario y las divisiones burguesas no representaron un cuestionamiento del régimen democrático-burgués en Brasil. A pesar de toda turbulencia, el régimen funcionó bien para el gran capital, basta ver los efectos del golpe parlamentario en la aprobación de las reformas capitalistas. Los choques que ocurrieron tensaron el régimen, pero tensaron a la derecha, en el sentido de un mayor endurecimiento y no al revés.

    La recuperación del lulismo

    La capacidad de recuperación de Lula expresa, por un lado, el enorme rechazo al gobierno de Temer y a las reformas, y por otro, no deja de dificultar la reorganización a la izquierda. A un año de la elección de 2018, el petista está al frente en la carrera presidencial, con expresiva ventaja sobre los principales adversarios.

    Pero ¿qué explica la recuperación de Lula? La vida del pueblo trabajador empeoró en el último período. Los salarios cayeron, el desempleo se disparó y el consumo de las familias se derrumbó. Al cuadro de aguda crisis social se sumaron la eliminación de derechos sociales y los cortes brutales de los fondos destinados a las áreas sociales. Ante ese huracán reaccionario y la ausencia de una fuerte alternativa por la izquierda, los ojos volvieron a mirar el pasado. Los trabajadores y amplios sectores de vanguardia comenzaron a comparar la situación actual con los tiempos de los gobiernos de Lula, cuando la vida había mejorado.

    La continuidad del golpe requiere la elección de un nuevo gobierno sometido al actual programa de expoliación. En ese sentido, incluso con Lula prometiendo un nuevo gobierno de conciliación con los ricos y poderosos, la elección del petista no es conveniente a la burguesía en este momento, toda vez que el petista suba la rampa del Planalto en base a la expectativa popular de reversión del panorama actual. Por eso, lo más probable es que Lula sea condenado en segunda instancia y no pueda presentarse en 2018. El impedimento de la candidatura de Lula significará un grave ataque antidemocrático que debe ser repudiado por el conjunto de la izquierda y de los movimientos sociales.

    La dirección del PT y de la CUT actúan casi exclusivamente para llevar la candidatura de Lula lo más lejos posible. Pero son conscientes de la probable condena en segunda instancia. Las negociaciones en que está comprometida la cumbre petista incluyen, por ejemplo, la costura de acuerdos con antiguos aliados de la directa, como Renan Calheiros, José Sarney, Kátia Abreu, entre otros. Lula hace gestos explícitos hacia la burguesía en el intento de reanudar lazos, por lo que habla de “perdón a los golpistas”.

    La fuerza de la extrema derecha

    La evolución regresiva del escenario político brasileño abrió un espacio inédito a la extrema derecha. El llamado a una salida autoritaria y conservadora, abiertamente reaccionaria, creció en una parte de la población, sobre todo en las capas medias, pero también en un sector de los trabajadores. El rabioso antilulismo no fortaleció a los partidos y figuras tradicionales de la derecha. Al contrario, el PSDB, el PMDB y sus caciques fueron fuertemente golpeados por la crisis, tanto que presentan niveles de rechazo popular altísimos, superiores a los del PT y Lula.

    La principal figura que capitaliza hoy el espacio político de la extrema derecha es Jair Bolsonaro, que aparece en segundo lugar en las encuestas presidenciales. Otros síntomas del crecimiento de la extrema derecha fueron las declaraciones de militares de alto rango sobre la intervención militar. Desde la caída de la dictadura, los comandantes del Ejército no se atrevían a manifestarse con un discurso político de tal insolencia.

    No hay, sin embargo, peligro real de un golpe militar en la presente situación política. Los generales saben que, en las actuales circunstancias, un golpe militar es inviable e indeseable. La burguesía y el imperialismo, en la actual relación de fuerzas, no necesitan un régimen militar para imponer sus planes, por lo tanto, no está colocado en el horizonte próximo un golpe militar o fascista que modifique la naturaleza del régimen político en Brasil. La extrema derecha va a buscar ocupar, por ahora, un espacio político electoral dentro del régimen democrático burgués.

    Principales retos para 2018

    Unidad en la lucha por derrotar a Temer y las reformas

    Ante la ofensiva de la burguesía, se plantea como tarea fundamental la construcción del Frente Único y de la unidad de acción para la lucha. En el presente momento, el programa mínimo en torno al cual debe construirse la unidad del movimiento de masas puede resumirse en pocas palabras: ¡Fuera Temer y las reformas! La tarea inmediata es bloquear la reforma de previsional en febrero. Las principales centrales sindicales, el PT y Lula necesitan pasar de las palabras a la acción. Es hora de convocar la movilización popular para defender el derecho a la jubilación.

    Construcción de una nueva alternativa política

    Con la aproximación de las elecciones de 2018, es necesario redoblar esfuerzos en la construcción de una alternativa de izquierda anticapitalista, que avance en la superación de la conciliación de clases representada por el petismo y el lulismo, que abrió las puertas para el golpe de Cunha y Temer.

    En ese sentido, es fundamental el lanzamiento de una candidatura presidencial por el PSOL. Una candidatura que exprese un Frente de Izquierda Socialista que sea más amplio que el PSOL, es decir, que involucre a movimientos sociales (MTST), otros partidos (PSTU, PCB), sindicatos combativos (CSP-Conlutas, Intersindical, etc.), colectivos de opresiones, la juventud, otras organizaciones políticas, artistas, entre otros. En esa perspectiva, consideramos a Guilherme Boulos, líder de la organización Pueblo Sin Miedo, un excelente nombre como candidato a presidente.

    Foto: ANTONIONI CASSARA / NINJA

  • La paradoja de 2017 y las principales tendencias para 2018

    21 de diciembre de 2017

    Por: Valerio Arcary, columnista de Esquerda Online

    1.  Subestimar a los enemigos es un camino seguro hacia la derrota. La paradoja de 2017 es que el gobierno de Temer tiene muy baja popularidad, pero este rechazo en las encuestas no significa que debemos sacar la conclusión de que es un gobierno débil. Paradojas son aquellas contradicciones que nos parecen desconcertantes porque son contraintuitivas. Algo es contraintuitivo cuando desafía una idea simple y hasta racional que, por lo tanto, parece verdadera. Nuestras mentes prefieren un sesgo lógico que favorece el reconocimiento de pensamientos aparentemente coherentes.

    ¿Cómo es posible decir que un gobierno que no tiene sustentación en la mayoría de la población no es débil? De débil o fuerte son adjetivaciones. Adjetivo significa asignar una función, es decir, calificar. ¿Merece ser considerado débil un gobierno que logró aprobar, en tan poco tiempo, tantas contrarreformas? Es verdad que no pudo aprobar todavía la “madre” de todas las contrarreformas, que es la de la previsional, pero si Temer llega a finales de 2017, relativamente, debilitado, después del desgaste de las dos votaciones que negaron autorización para su investigación, solicitada por Janot en nombre del Ministerio Público, todavía está de pie, y la hipótesis más probable sigue siendo, desgraciadamente, que pueda terminar el mandato hasta finales de 2018.

    Tiene el apoyo de la mayoría de la burguesía, del Poder Judicial y del Congreso, de las Fuerzas Armadas, de la mayoría de los medios de comunicación y se beneficia con los cambios que sobrevinieron con el nombramiento de Raquel Dodge en el MPF y de Segovia en la Policía Federal.

    En el caso de Raúl Dodge en el MPF y de Segovia en la Policía Federal, tiene el apoyo de la mayoría de la burguesía, del Judiciario y del Congreso, de las Fuerzas Armadas, de la mayoría de los medios, y se beneficia de los cambios que ocurrieron con el nombramiento de Raquel Dodge en el MPF y de Segovia. Está protegido por el apoyo de los gobiernos de los países centrales y de los gobiernos del Mercosur. La situación del gobierno de Temer es excepcional: fue el resultado del golpe del impeachment, no fue elegido y, tan o más importante, no pretende reelección. El bloque político-social que garantizó el derrocamiento de Dilma Rousseff puede, por lo tanto, apoyar las contrarreformas reaccionarias antipopulares y, al mismo tiempo, organizarse en torno a candidaturas que no se presentarán como herederas del gobierno de Temer para garantizar una oportunidad de alcanzar la segunda vuelta en 2018.

    1.  Sin embargo, el gobierno Temer sufrió durante el año una seria crisis y tal vez podría haber sido derrocado. Circunstancias inusitadas, durante algunas semanas en mayo, abrieron esta posibilidad, no sólo por el nivel de resistencia activa alcanzado por la huelga general del 28 de abril y la marcha del 24 de mayo, sino también por la denuncia y la delación premiada de la JBS, que fue aceptada por el Ministerio Público liderado por Janot.

    Esta rara combinación, entre otros factores como la dosificación brutal de ajuste fiscal encabezado por Meirelles y, en especial, la iniciativa de la Lava Jato, dividió a la clase dominante y dejó al gobierno de Temer semiparalizado, impidiendo la aprobación hasta ahora de la reforma de la previsión social. Tembló, pero lo cierto es que no cayó. No se ha invertido la situación defensiva, desfavorable, abierta entre 2015 y 2016 y que culminó con el impeachment. Las campañas por el Fuera Temer y Directas Ya no lograron alcanzar una dimensión suficiente para derribarlo. En el segundo semestre vivimos, por lo tanto, una coyuntura peor que aquella de marzo y junio.

    1. Una cuestión de método se plantea cuando pensamos en las perspectivas para 2018. Los pronósticos para el futuro son como los contrafactuales para el pasado, es decir, algo posible que no ocurrió. Es necesario medir, ponderar, ajustar, calibrar la fuerza de presión de distintos factores que ejercen presiones de primer, segundo, tercer grado. Los pronósticos serios deben ser hechos apoyados en la identificación de tendencias y contratendencias, o sea, el cálculo de probabilidades. Al mantener la misma relación social de fuerzas, las posibilidades estarán limitadas a un estrecho escenario. Sucede que la relación social de fuerzas puede cambiar. Probablemente, oscilará.

    Brasil no es un país escandinavo, y no hay lugar para el aburrimiento. Tenemos que considerar en las previsiones el impacto de hechos “gigantescos” que están por venir. Imposible, en este momento, tener la percepción de cuál será la reacción popular a una probable condena de Lula en enero en el segundo juicio. Tampoco sabemos cómo podría repercutir la delación de Palocci comprometiendo a Lula.

    No sabemos si la capacidad de reacción sindical y popular a la aprobación de la reforma de la previsión social será mayor que en esta víspera de Navidad. O los efectos de una evolución de la investigación contra Aécio Neves. Los márgenes de error, en este momento, ¿son grandes o pequeños? Son inmensos. La variable: tiempo no se puede ser ignorada. Los márgenes de incertidumbre son demasiado grandes. El Marxismo debe inspirarse en buena ciencia, o sea, prudencia, y el comportamiento social de las clases tiene mucho de imprevisible. Las regularidades existen, pero las irregularidades, también.

    1. ¿Cuál será el escenario económico-social más probable?

    (a) Todos los indicadores disponibles sugieren la continuidad de una tímida recuperación económica, que no debe ir más allá del 1 % del PIB en 2017, después de cuatro años que sumaron un retroceso del PIB superior al 8 %;

    (b) Estamos en un contexto externo de crecimiento lento de la economía mundial, tanto en Estados Unidos, en Europa, como en Japón, que se refleja en los países semiperiféricos, además de la revalorización de los precios de las materias primas;

    (c) Entre las principales variables merecen destacar la gran caída de la inflación, en un año, de un 10 % a menos del 3 %; la caída de la tasa Selic del 13 % al 7 %; el saldo positivo de 60.000 millones de dólares en la balanza comercial que, sumado al equilibrio en el balance de pagos, mantuvo las reservas en un nivel cómodo de 380 mil millones de dólares, es decir, un año y medio de importaciones, lo que favorece también una estabilidad del cambio;

    (d) En el acumulado en doce meses, la proyección de IED, o inversión externa está siendo algo por encima de los 84.500 millones de dólares (4,4 % del PIB);

    (e) la reducción lenta del desempleo debe proseguir; después de dos años seguidos de retracción, el consumo de las familias tuvo un alza del 1,2 % en el tercer trimestre de este año; la caída de la tasa de interés aún no se tradujo en reducción de los spreads bancarios (en términos generales, es la diferencia entre el precio de oferta y demanda para un determinado valor. Puede emplearse como indicador de la liquidez de un valor -menores spreads indicarían más liquidez- aunque también es posible que se vea influido por otros factores). Actualmente, el 45 % de los depósitos a la vista, el 36 % de los depósitos a plazo y el 30% de los de ahorro se recogen de los bancos en forma de restricciones obligatorias para mantener reservas bancarias, fiscalizadas por el Banco Central, pero esta política será flexibilizada para incentivar el crédito, lo cual podrá impactar.

    1. En qué medida esta evolución económica puede traducirse en sensación social de alivio durante el próximo año es todavía imprevisible. Se necesitan al menos varios meses, tal vez hasta más de un semestre, de consistente mejora en el marco económico para que la percepción de malestar se transforme en sensación de bienestar, pero puede suceder, y en este caso favorecerá una candidatura de centro-derecha. También es la hipótesis más probable que Lula no pueda ser candidato. Sin embargo, todos los datos disponibles indican una tendencia a la baja en la tasa de rechazo de Lula.

    El padrón histórico de capacidad de transferencia de votos en Brasil es alto. Ya sucedió incontables veces desde 1986. Sarney ayudó a elegir a Quércia, que eligió a Fleury. FHC eligió a Covas, que eligió a Alckmin. Brizola eligió Alencar y Garotinho. Lula eligió a Dilma Rousseff y Haddad. Esto indica que lo más probable es la disputa de una candidatura del PT por un lugar en la segunda vuelta de 2018. Aunque Alckmin esté mejor colocado como la candidatura hacia donde debe converger la mayoría de los pesos pesados ​​del PIB, la investigación de corrupción en las grandes obras de São Paulo, tras la denuncia de lenidad en el acuerdo de la constructora Camargo Corrêa, lo debilita. No es suficiente, el arco de alianzas políticas en torno a Temer y Maia, MDB/DEM/. El gran espectro del centro todavía está articulando una posible candidatura (Meirelles es improbable, pero puede ser ACM Neto, por ejemplo) para, entre otros objetivos, blindar la acción futura de la Lava Jato. La presión del PIB por una candidatura única será grande, pero parece difícil. En resumen: no sabemos siquiera quiénes serán los candidatos. Intentar proyectar cómo estará el país unas semanas antes de las elecciones, por lo tanto, es, en rigor, imposible.

    Foto: EBC

  • El chavismo vence en las elecciones regionales de Venezuela. ¿Y ahora?

    1. Artículo publicado originalmente el 17 de octubre de 2017

    Por Paulo Aguena “Catatau”, de São Paulo, SP

    El domingo, 15 de octubre, se realizaron elecciones para gobernadores en los 23 estados venezolanos, menos el Distrito Capital. El chavismo y el Polo Patriótico – un frente que además del PSUV está el PCV, PPT, etc. – vencieron en 18 estados, obteniendo el 54% de los votos. La MUD, (Mesa de Unidad Democrática), un frente opositor de derecha, venció en cinco estados, totalizando el 45% de los votos. La polarización fue inmensa. Todas las demás alternativas, a la izquierda y a la derecha, tuvieron juntas, cuando mucho, el 2% de los votos.

    El chavismo ganó en los tres estados gobernados por la oposición, pero perdió en cinco en los que gobernaba. La derrota que el oficialismo sufrió en Zulia y Táchira, estados fronterizos con Colombia, fue grave. Pero sacaron de las manos de la derecha el estado de Miranda – gobernado por Capriles, líder simbólico de la oposición – y Lara. Además, derrotó a la oposición en su mayor bastión, Carabobo.

    Con 11 millones de votantes, la abstención fue del 39%. Aunque fue alta, fue la menor de las cuatro elecciones para gobernadores que se realizaron bajo el chavismo. Este cuadro configura una derrota de la MUD y de Trump. Se trata también de una importante recuperación del chavismo, cuando hace un año la previsión era que ganaría en apenas 5 de los 23 estados.

    ¿Qué ocurrió?

    El resultado electoral expresó el cambio en la relación de fuerzas tras meses de una brutal ofensiva de la derecha. La situación comenzó a cambiar a partir de las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), celebradas el 30 de julio. A pesar del violento boicot de la derecha –paro patronal, paralización de los transportes, cortes de rutas y calles  a través de barricadas (guarimbas), etc.,- el hecho es que 8 millones de venezolanos se movilizaron para llegar a las urnas y elegir a sus representantes. La Constituyente fue instalada y las guarimbas, derrotadas. Dividida, a la MUD solo le quedaba participar en las actuales elecciones regionales.

    Muchos analistas, tanto de izquierda como de derecha, influenciados por fuentes de información de las agencias internacionales como Reuters, EFE, etc., se quedaron desconcertados ante el resultado. A algunos solo les queda hacer eco a la acostumbrada campaña de una parte de la oposición-esta vez, ni siquiera de toda – de que hubo fraude. No por casualidad, Estados Unidos ya declaró, una vez más, que las elecciones no fueron “libres” ni “justas”.

    De hecho, considerando el aumento del cerco imperialista, la brutal crisis económica que asola al país con una hiperinflación que en la semana anterior a las elecciones, golpeó con un 1.500% en el año, una especulación cambiaria que en la misma semana elevó el dólar paralelo sostenido desde Miami (dólar hoy) a 25 mil bolívares. Considerando todo esto, el cambio de la relación de fuerzas y la propia victoria del chavismo parece un milagro.

    De hecho, considerando el aumento del cerco imperialista, la brutal crisis económica que asola al país con una hiperinflación que la semana anterior a las elecciones, golpeó en la casa del 1.500% anualizadas; una especulación cambiaria que en la misma semana elevó el dólar en el paralelo sostenido desde Miami (dólar hoy) a 25 mil bolívares; considerando todo esto, el cambio de la relación de fuerzas y la propia victoria del chavismo parece un milagro.

    En realidad, son análisis superficiales que subestiman la profundidad del proceso revolucionario venezolano. Ella tiene sus raíces más remotas y profundas en la victoriosa guerra de la independencia liderada por Simón Bolívar (1810-1823), en la que, dicho sea de paso, murió la mitad de la población, se desarrollaron a lo largo de la historia de la lucha de clases en el país, cuyo último período estuvo marcado por la rebelión popular de 89 (Caracazo), por la derrota del golpe de la derecha que intentó derrocar a Chávez (2002) y, finalmente, por la derrota del paro patronal encabezado por la antigua dirección de PDVSA (2002-2003). Por eso, a pesar de las inmensas dificultades y sacrificios, las masas obreras y populares, verdaderos protagonistas de este proceso, demostraron una vez más que no están dispuestas a abandonar sus conquistas y depositan sus esperanzas en encontrar una salida socialista a la crisis.

    Encrucijada

    Aunque todavía goza de la confianza de la mayoría de los sectores más organizados y combativos de la población, existe un enorme descontento de las bases con los dirigentes chavistas. No es casualidad.

    El proceso revolucionario permitió a Venezuela convertirse en un país políticamente mucho más independiente del imperialismo. Sin embargo, pasados ​​19 años, el chavismo no fue capaz de romper con el modelo económico dependiente de la renta petrolera. El país siguió importando prácticamente todo, al mismo tiempo que una nueva burocracia estatal (boliburguesía) desviaba una parte de la renta nacional en provecho propio. Este modelo pudo sostenerse mientras el precio del petróleo estaba en alza. La caída trajo su colapso.

    Existe el riesgo de que el triunfo del chavismo del domingo pasado (15) se transforme en borrachera electoral. Al final, es la vigésima elección que el chavismo vence en las 22 ocurridas desde que Chávez llegó al poder hace 19 años. Pero ahora la situación es diferente. Hay un agotamiento del modelo político y económico chavista. El imperialismo lo sabe, por eso su ofensiva, empezando por la guerra económica, tiende a intensificarse. No habrá paz. Así, la verdad desnuda y cruda es que el país se encuentra en una encrucijada: o el proceso revolucionario avanza de forma decidida hacia el socialismo o será derrotado.

    El movimiento obrero y popular, que enfrenta de forma heroica la desesperante guerra económica, tiene esa intuición. Por eso, exige que el gobierno abandone los discursos, castigue a los corruptos y adopte urgentemente medidas radicales contra el capital y la derecha. El gobierno y la Constituyente se encuentran ahora más que nunca bajo esa justa presión.

    Un modelo verdaderamente socialista

    La Constituyente es una oportunidad casi única para tomar esas medidas, sustituyendo el modelo económico capitalista dependiente del ingreso del petróleo y de las importaciones por un modelo verdaderamente socialista. Para ello, en vez de buscar el control del mercado a través de una economía mixta, el Estado debe concentrar en sus manos los principales medios de producción y, bajo la dirección democrática de los trabajadores, pasar a la planificación de toda la economía. Solo así, se podrá construir un parque industrial que impulse la producción nacional y estructurar una producción agropecuaria con el objetivo de alcanzar la soberanía alimentaria.

    Avanzar en la expropiación de las empresas, colocándolas bajo control de los trabajadores; garantizar una PDVSA 100% estatal que ponga fin a las empresas mixtas entre el Estado (51%) y el capital extranjero (49%); suspender el pago de la deuda externa y aplicar el importe como parte de un plan de inversiones masivas para revertir el proceso de desindustrialización; avanzar en el control de los precios a través del control de la distribución por parte del Estado; expropiar a los grandes grupos mayoristas como medida de emergencia para garantizar la oferta de productos; instituir el monopolio estatal del comercio exterior para proteger los intereses del país y atender a las necesidades de los trabajadores; centralizar y estatizar el conjunto del sistema financiero, adoptando una rígida política monetaria y cambiaria; instaurar un Gobierno de los Trabajadores por medio de un organismo que ejerza las funciones legislativas y ejecutivas, a nivel nacional, estatal y local, a partir de representantes electos en los lugares de trabajo y en los barrios.

    Estos son algunos de los principales puntos programáticos colocados en el orden del día para que la izquierda revolucionaria defienda ante la Asamblea Nacional Constituyente y las masas venezolanas.

    La situación exige firmeza. Definitivamente, no se puede dar más vueltas.

    Foto: Guillermo imbassahy – periodistas libres

     

  • Guevara: Héroe y mártir de la revolución permanente

     

    8 de octubre de 2017

    El 9 de octubre de 1967 fue asesinado, a mando de la CIA, en la selva boliviana, el revolucionario argentino Che Guevara. En homenaje al legado del Che Guevara, en el  50 aniversario de su muerte, republicamos el artículo escrito por el trotskista argentino Nahuel Moreno poco después de la divulgación de su asesinato.

    Editores de la Izquierda Online

    Por Nahuel Moreno. Publicado originalmente en el diario del PRT de Argentina, “La Verdad” el 23/10/67.

    Con el asesinato del Che, los revolucionarios latinoamericanos no sólo perdimos nuestro líder indiscutible, así como Fidel, sino también el más apasionado luchador de la revolución permanente de nuestra época.

    Su propia vida obedece a una profunda lógica, que es la de la revolución permanente. De revolucionario pequeñoburgués en nuestro país que no comprende el peronismo, a dirigente del movimiento pequeñoburgués más revolucionario de América Latina, encabezado por Fidel. De activista estudiantil argentino a guerrillero cubano. De jefe guerrillero a constructor de la economía socialista. Como tal, reivindica la importancia del propio proceso revolucionario interno, de la elevación de la conciencia de las masas.

    No se duda de su carácter revolucionario latinoamericano, y no deja por un minuto de indicar que Cuba es parte de la revolución continental. En sus visitas a China, URSS y África lo ven como representante del internacionalismo proletario, de la revolución mundial. De regreso a Cuba, pasa de las declaraciones y enunciados a la preparación de la guerrilla en el eslabón más débil de la corriente capitalista sudamericana: Bolivia. Si lo entierran podemos decir: “No enterrar un cadáver, sino semillas revolucionarias”.

    Guevara, que arriesgó la vida cuantas veces fue necesario, hasta perderla para la revolución cubana y latinoamericana, no tuvo miedo de enfrentarse y dar respuesta a los problemas más graves planteados por la revolución. Desde la defensa de Cuba hasta la construcción del socialismo en la etapa de transición, pasando por las relaciones económicas entre los países socialistas, no hubo problema de importancia decisiva en la lucha de los trabajadores que Guevara no abordara desde el punto de vista de la revolución permanente.

    La revolución permanente en América Latina como única defensa segura de Cuba

    Los trabajos más conocidos de Guevara sobre la guerra de guerrillas son categóricos: la defensa de la revolución cubana pasa por la extensión de la revolución latinoamericana. “Es el deber de los revolucionarios, sobre todo en este momento, conocer, percibir y captar cambios en la correlación de fuerzas que se han dado, en el trabajo de la guerra de guerrillas: un método” en el mundo, y comprender que estos cambios facilitan la lucha de los pueblos. El deber de los revolucionarios latinoamericanos, no es esperar que un cambio en la correlación de fuerzas produzca el milagro de una revolución social en América Latina, sino hacer pleno uso de todo lo que favorezca el movimiento revolucionario en esta correlación de fuerzas variable y hacer la revolución”.

    Para que no haya dudas de que se preconizaba la revolución permanente, en el mismo trabajo citaba a Marx: “Marx siempre recomendó que una vez que se haya comenzado el proceso revolucionario, el proletariado revolucionario debe golpear y golpear sin descanso. La revolución que no se profundiza constantemente es una revolución que retrocede.

    Con toda claridad, insistía que había una estrategia contrarrevolucionaria de conjunto en toda América, de los exploradores nacionales y del imperialismo yanqui y que la única respuesta es una lucha continental de conjunto. “Dado este panorama americano, es difícil que haya victoria y se consolida en un solo país. La unión de las fuerzas represivas debe ser respondida por la unión de las fuerzas populares. En todos los países en los que la opresión de las masas llega a límites intolerables, la bandera de la rebelión debe ser levantada, y esta bandera debe tener, por necesidad histórica, características continentales. La cordillera de los Andes está destinada a ser la Sierra Maestra de las Américas, como Fidel ha dicho, y todos los inmensos territorios que este continente encierra están destinados a ser escenarios de una lucha a muerte contra el poder imperialista”. “No podemos decir qué características adquirirá esta lucha continental, ni tampoco cuánto tiempo durará, pero podemos predecir su inicio y su triunfo, porque es el resultado de circunstancias históricas, económicas y políticas inevitables y su curso no puede ser detenido. Iniciarla cuando las circunstancias están dadas, independientemente de la situación en otros países, es la tarea de las fuerzas revolucionarias, en cada país. El desarrollo de la lucha determinará la estrategia general, la predicción sobre el carácter continental de ella surge del análisis de las fuerzas opuestas, pero esto no excluye -lejos de ello- un comienzo independiente. Así como la iniciación de la lucha en un punto de un país está destinada a extenderse a todo un país, la iniciación de la guerra revolucionaria contribuye a desarrollar nuevas condiciones en los países vecinos”.

    El Che, junto con Fidel, fueron los mejores voceros de la estrategia y la teoría revolucionaria de la dirección cubana: hay un solo proceso revolucionario a escala continental, del cual Cuba es un eslabón muy importante, pero solo un eslabón. La revolución es de conjunto, continental, el triunfo se obtendrá en una batalla total.

    La etapa de transición como un proceso revolucionario

    En octubre de 1963 la revista cubana Nuestra Industria publicó una apasionante polémica entre el Che y Alberto Mora, ministro de Comercio Exterior, sobre las leyes económicas dominantes en la época de transición al socialismo en un país atrasado como Cuba.

    Mora sostenía que había que dejar que la economía cubana en su conjunto y cada empresa se manejaran automáticamente de acuerdo a las leyes de la oferta y la demanda. Por ejemplo, que cada empresa o cooperativa produjera los productos que mejor precio pudieran obtener. Dicho de otra forma, que cada empresa controlada por los obreros siguiera actuando como si fuera una empresa capitalista cuyo único objetivo es la mayor lucro posible. Mora insistió en que la ganancia de cada empresa y de cada obrero es el único motor de la economía de transición. La conclusión del Ministerio de Comercio Exterior surgía por sí sola: la centralización y planificación de la economía cubana son secundarias, las ganancias de las empresas y los obreros es lo más importante. Había que darle autonomía a las empresas y pagarle a los obreros por producción, como era en el capitalismo.

    Guevara insistió en que la economía en marcha al socialismo no es una economía capitalista en manos de los obreros, sino una economía que tiene objetivos diametralmente opuestos a la capitalista. El objetivo de una economía socialista es el desarrollo económico de conjunto en beneficio del país y los trabajadores y no el lucro de tales empresas o trabajadores, a pesar de ser un país atrasado. Por eso era esencial la centralización y planificación de la economía nacional en su conjunto. Si la producción de materiales para construir miles de casas es una necesidad de los trabajadores cubanos, aunque esta producción sea deficitaria, hay que hacerla, sostenía Guevara, porque es beneficiosa para el conjunto de los trabajadores del país. De acuerdo con el criterio de Mora si no daba ganancias no había que hacerlo.

    Guevara sacaba de su análisis teórico conclusiones opuestas a las de Mora: había que centralizar y planificar cada vez más la economía cubana y, en lugar de alentar el pago de premios a los obreros para levantar la producción, esto había que lograrlo por medio de la elevación de la moral socialista de ellos. Para el Che la transición de la economía cubana debía ir acompañada de un proceso revolucionario, que era la elevación de esa conciencia en los trabajadores cubanos.

    Como en todos sus análisis teóricos y políticos el Che acostumbraba a pasar por alto los detalles, algunos aspectos de la realidad, el atraso de Cuba, de sus trabajadores, que exigen que se le dé gran importancia a los incentivos materiales. De cualquier forma, su insistencia en la importancia de la planificación y centralización como motor del desarrollo socialista, como del progreso permanente de la conciencia revolucionaria de los incentivos morales de los trabajadores, era esencialmente correcto. Con todos los errores teóricos y de detalles que se quisieran, la posición del Che era la revolucionaria, la que apostaba al desarrollo de la conciencia revolucionaria de las masas cubanas, y la de Mora la oportunista, estalinista, que quería apelar a métodos burgueses para lograr el desarrollo socialista.

    Esta polémica se inscribe en la que vienen llevando a cabo los estalinistas de la línea de Jrushchov y los maoístas. Toda la vanguardia revolucionaria mundial sabe que el estalinismo ha levantado la teoría de que el socialismo se lo irá  construyendo apelando al afán de lucro o de salario de los obreros. Los maoístas, por el contrario, creen que el socialismo se lo construirá apelando a la conciencia política de las masas.

    La dirección cubana cerró esta polémica con una posición correcta, de síntesis de ambas posiciones, pero destacando el aporte esencial hecho por el Che. El 8 de mayo de 1965 el presidente Dorticós dio la posición oficial de la dirección cubana sobre la polémica llevada a cabo: “Estamos muy contentos de que el factor moral haya sido empujado por los esfuerzos del ministerio de Industria (Guevara) al máximo. Sabemos que esta posición ha sido adoptada por el ministro y aplaudimos su doctrina. Nuestro presente y nuestro futuro dependen fundamentalmente de nuestra ideología y nuestra moral. Esta no niega el principio cardinal que debe regular el pago del trabajo en una sociedad socialista; concretamente a cada cual según su trabajo. En nuestra opinión este principio es total y consistentemente compatible con el principio que subraya la importancia de los estimulantes morales. Para armonizar y sintetizar estos dos factores, mientras mantenemos su ajuste, debemos reforzar cada día la importancia y la extensión de estímulos morales como uno de los objetivos de nuestro trabajo económico”.

    Se opone a la política comercial de la URSS, en defensa de los países atrasados

    No se ha destacado lo suficiente la batalla política y teórica llevada a cabo por Guevara contra este aspecto de la política económica de la URSS. El gobierno soviético negoció con los otros países socialistas como si fueran países capitalistas. Intercambia las mercaderías por su valor en el mercado mundial y a veces paga menos los productos de los países socialistas atrasados. Estos, al igual que bajo el régimen imperialista, tienen que venderle a la URSS materias primas por productos industriales. En ese cambio a iguales valores hay ya una explotación comercial, la misma que llevan a cabo los países imperialistas con las naciones atrasadas en el mercado mundial. Todo estudiante de economía sabe que las materias primas bajan año a año su valor en relación a los productos industriales. Esta misma relación se da entre los países atrasados socialistas y la URSS.

    Guevara, revolucionario de una sola pieza, denunció sin pausa esta injusticia “burguesa”, cometida por la URSS. En el seminario de solidaridad afro-asiático llevado a cabo en Argel a principios de 1965 afirmó categóricamente: “El desarrollo de los países que van tomando el camino de la libertad debe ser apoyado por los países socialistas; ésta es mi profunda convicción”.

    “¿Cómo puede ser considerado de beneficio mutuo vender a los precios del mercado mundial las materias primas que han costado sudor y sufrimiento a las masas de los países atrasados y comprar a los precios del mercado mundial las máquinas producidas por las grandes plantas automatizadas de hoy en día? Es obligación de los países socialistas terminar esta tácita complicidad con los países explotadores del Oeste”.

    Su lucha por la unidad económica de los países socialistas y atrasados

    No conforme con denunciar indirectamente la concepción falsa, burocrática, del comercio exterior de los gobernantes soviéticos, Guevara da todo un programa revolucionario esencialmente correcto.

    “Un profundo cambio conceptual debe ser hecho en relación a las relaciones internacionales. No debe ser el comercio internacional quien determina la política, sino, por el contrario, el comercio internacional debe estar subordinado a una política fraternal hacia los otros pueblos.”

    Internacionalista convencido, se opone al intento de que cada gobierno socialista cuide sus piezas, su país, e insiste en la necesidad de una unificación y planificación de conjunto de las economías de los distintos países socialistas y atrasados. “El desarrollo no puede ser abandonado a una completa improvisación; la construcción de la nueva sociedad debe ser planificada. Planificación es una de las leyes del socialismo y sin socialismo no puede existir. Sin una correcta planificación es imposible garantizar adecuadamente una relación armoniosa entre los varios sectores económicos de un país que tiene que producir rápidamente los avances que requiere la época en que vivimos. La planificación no es un problema individual para cada uno de nuestros países pequeños, con un desarrollo desigual, propietarios de algunas materias primas o productores de ciertos productos, manufacturados o semiterminados, pero sin producir otros productos en forma aislada. Por esta razón la planificación debe ser orientada, en la actualidad, desde el primer momento, hacia una cierta especialización regional, de manera que las economías de varios países pueden complementarse y de esta manera la integración se haría sobre la base de un genuino beneficio mutuo”.

    ¡Cómo contrasta esta posición con la batalla de los gobiernos ruso y chino por defender su autarquía o independencia en lugar de tender a planificar sus economías en forma mancomunada!

    Y, para que no queden dudas del rol que le hace jugar a la economía en el proceso de la revolución mundial, nuestro Che, suponemos que a gritos, dice: “Las armas no deben ser consideradas mercaderías en nuestro mundo; uno debe entregarlas sin ningún pago en las cantidades requeridas por los pueblos que necesitan de ellas”. Uno piensa en Stalin, el teórico del socialismo en un solo país, vendiendo a precio de oro y a cuentagotas las armas al proletariado español durante la Guerra Civil y no puede menos que admirar más y más a este héroe de la revolución permanente.

    Su testamento: el internacionalismo revolucionario

    Los revolucionarios del mundo entero consideramos a los guerrilleros vietnamitas la vanguardia de la revolución. La falta de apoyo total por parte de la URSS y China la consideramos una traición.

    No hay otro internacionalismo militante en este momento que no sea luchar para que se apoye con todo a Vietnam del Norte y a los guerrilleros vietnamitas, y hacer la revolución en los propios países. Esa es la posición de Fidel. En su carta «testamento» el Che insiste apasionadamente en lo mismo. Escuchémoslo:

    “Cuando analizamos la soledad vietnamita nos asalta la angustia de este momento ilógico de la humanidad. El imperialismo norteamericano es culpable de agresión. Sus crímenes son inmensos y repartidos por todo el globo. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpables los que en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, sí, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son culpables los que mantienen una guerra de insultos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista. Preguntemos, para lograr una respuesta honrada: ¿Está o no aislado el Vietnam, haciendo equilibrios peligrosos entre las dos potencias en conflicto?

    “”Y: ¡qué grandeza la de ese pueblo! ¡Qué estoicismo y valor, el de ese pueblo! Y qué lección para el mundo entraña esa lucha.

    “Hasta dentro de mucho tiempo no sabremos si el presidente Johnson pensaba en serio iniciar algunas de las reformas necesarias a un pueblo, para limar aristas de las contradicciones de clase que asoman con fuerza explosiva y cada vez más frecuentemente. Lo cierto es que las mejoras anunciadas bajo el pomposo título de ‘lucha por una gran sociedad’ han caído en el desagüe de Vietnam.

    “El más grande de los poderes imperialistas siente en sus entrañas el desangramiento provocado por un país pobre y atrasado, y su fabulosa economía se resiente del esfuerzo de la guerra. Matar deja de ser el más cómodo negocio de los monopolios. Armas de contención, y no en número suficiente, es todo lo que tienen estos soldados maravillosos, además del amor a su patria, a su sociedad y un valor a toda prueba. Pero el imperialismo se empantana en Vietnam, no halla camino de salida y busca desesperadamente alguno que le permita sortear con dignidad este peligroso trance en que se encuentra. Pero los ‘cuatro puntos’ del Norte y los ‘cinco’ del Sur lo atenazan, haciendo aún más decidida la confrontación.

    “Todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre solo porque no se ha producido ninguna conflagración de carácter mundial, está otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible e inaceptable, dado por los norteamericanos.

    “Y a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad. No temer la guerra es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos”.

    Si Trotsky fue el profeta y teórico de la revolución permanente, Guevara es su héroe, su mártir. Que cometió errores, que no era un teórico del calibre de Marx, Lenin o Trotsky, que magnificó la técnica guerrillera del foco y las tres etapas, ¡vamos chicos!, como dirían los camaradas cubanos a los pedantes unidos de las cofradías izquierdistas de América y Europa, todos nosotros lo sabemos. Rosa Luxemburgo no le va a la zaga en errar en algunos problemas teóricos y Liebknecht no sabía muy bien lo que era la dialéctica, y son, sin embargo, grandes del proletariado y la revolución mundial.

    Nuestro Guevara ya lo es también, por derecho propio, por su vida, por sus enseñanzas, por su muerte. Pero por si eso no bastara, lo sería por haber acuñado en su último documento público, su carta testamento, la consigna y el programa de los explotados del mundo en este momento: “Hacer dos, tres, muchos Vietnam”. “Con cantos trágicos, con tableteos de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria”, juramos hacerlo así, Comandante Guevara. Descansa en paz.