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  • El chavismo vence en las elecciones regionales de Venezuela. ¿Y ahora?

    1. Artículo publicado originalmente el 17 de octubre de 2017

    Por Paulo Aguena “Catatau”, de São Paulo, SP

    El domingo, 15 de octubre, se realizaron elecciones para gobernadores en los 23 estados venezolanos, menos el Distrito Capital. El chavismo y el Polo Patriótico – un frente que además del PSUV está el PCV, PPT, etc. – vencieron en 18 estados, obteniendo el 54% de los votos. La MUD, (Mesa de Unidad Democrática), un frente opositor de derecha, venció en cinco estados, totalizando el 45% de los votos. La polarización fue inmensa. Todas las demás alternativas, a la izquierda y a la derecha, tuvieron juntas, cuando mucho, el 2% de los votos.

    El chavismo ganó en los tres estados gobernados por la oposición, pero perdió en cinco en los que gobernaba. La derrota que el oficialismo sufrió en Zulia y Táchira, estados fronterizos con Colombia, fue grave. Pero sacaron de las manos de la derecha el estado de Miranda – gobernado por Capriles, líder simbólico de la oposición – y Lara. Además, derrotó a la oposición en su mayor bastión, Carabobo.

    Con 11 millones de votantes, la abstención fue del 39%. Aunque fue alta, fue la menor de las cuatro elecciones para gobernadores que se realizaron bajo el chavismo. Este cuadro configura una derrota de la MUD y de Trump. Se trata también de una importante recuperación del chavismo, cuando hace un año la previsión era que ganaría en apenas 5 de los 23 estados.

    ¿Qué ocurrió?

    El resultado electoral expresó el cambio en la relación de fuerzas tras meses de una brutal ofensiva de la derecha. La situación comenzó a cambiar a partir de las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), celebradas el 30 de julio. A pesar del violento boicot de la derecha –paro patronal, paralización de los transportes, cortes de rutas y calles  a través de barricadas (guarimbas), etc.,- el hecho es que 8 millones de venezolanos se movilizaron para llegar a las urnas y elegir a sus representantes. La Constituyente fue instalada y las guarimbas, derrotadas. Dividida, a la MUD solo le quedaba participar en las actuales elecciones regionales.

    Muchos analistas, tanto de izquierda como de derecha, influenciados por fuentes de información de las agencias internacionales como Reuters, EFE, etc., se quedaron desconcertados ante el resultado. A algunos solo les queda hacer eco a la acostumbrada campaña de una parte de la oposición-esta vez, ni siquiera de toda – de que hubo fraude. No por casualidad, Estados Unidos ya declaró, una vez más, que las elecciones no fueron “libres” ni “justas”.

    De hecho, considerando el aumento del cerco imperialista, la brutal crisis económica que asola al país con una hiperinflación que en la semana anterior a las elecciones, golpeó con un 1.500% en el año, una especulación cambiaria que en la misma semana elevó el dólar paralelo sostenido desde Miami (dólar hoy) a 25 mil bolívares. Considerando todo esto, el cambio de la relación de fuerzas y la propia victoria del chavismo parece un milagro.

    De hecho, considerando el aumento del cerco imperialista, la brutal crisis económica que asola al país con una hiperinflación que la semana anterior a las elecciones, golpeó en la casa del 1.500% anualizadas; una especulación cambiaria que en la misma semana elevó el dólar en el paralelo sostenido desde Miami (dólar hoy) a 25 mil bolívares; considerando todo esto, el cambio de la relación de fuerzas y la propia victoria del chavismo parece un milagro.

    En realidad, son análisis superficiales que subestiman la profundidad del proceso revolucionario venezolano. Ella tiene sus raíces más remotas y profundas en la victoriosa guerra de la independencia liderada por Simón Bolívar (1810-1823), en la que, dicho sea de paso, murió la mitad de la población, se desarrollaron a lo largo de la historia de la lucha de clases en el país, cuyo último período estuvo marcado por la rebelión popular de 89 (Caracazo), por la derrota del golpe de la derecha que intentó derrocar a Chávez (2002) y, finalmente, por la derrota del paro patronal encabezado por la antigua dirección de PDVSA (2002-2003). Por eso, a pesar de las inmensas dificultades y sacrificios, las masas obreras y populares, verdaderos protagonistas de este proceso, demostraron una vez más que no están dispuestas a abandonar sus conquistas y depositan sus esperanzas en encontrar una salida socialista a la crisis.

    Encrucijada

    Aunque todavía goza de la confianza de la mayoría de los sectores más organizados y combativos de la población, existe un enorme descontento de las bases con los dirigentes chavistas. No es casualidad.

    El proceso revolucionario permitió a Venezuela convertirse en un país políticamente mucho más independiente del imperialismo. Sin embargo, pasados ​​19 años, el chavismo no fue capaz de romper con el modelo económico dependiente de la renta petrolera. El país siguió importando prácticamente todo, al mismo tiempo que una nueva burocracia estatal (boliburguesía) desviaba una parte de la renta nacional en provecho propio. Este modelo pudo sostenerse mientras el precio del petróleo estaba en alza. La caída trajo su colapso.

    Existe el riesgo de que el triunfo del chavismo del domingo pasado (15) se transforme en borrachera electoral. Al final, es la vigésima elección que el chavismo vence en las 22 ocurridas desde que Chávez llegó al poder hace 19 años. Pero ahora la situación es diferente. Hay un agotamiento del modelo político y económico chavista. El imperialismo lo sabe, por eso su ofensiva, empezando por la guerra económica, tiende a intensificarse. No habrá paz. Así, la verdad desnuda y cruda es que el país se encuentra en una encrucijada: o el proceso revolucionario avanza de forma decidida hacia el socialismo o será derrotado.

    El movimiento obrero y popular, que enfrenta de forma heroica la desesperante guerra económica, tiene esa intuición. Por eso, exige que el gobierno abandone los discursos, castigue a los corruptos y adopte urgentemente medidas radicales contra el capital y la derecha. El gobierno y la Constituyente se encuentran ahora más que nunca bajo esa justa presión.

    Un modelo verdaderamente socialista

    La Constituyente es una oportunidad casi única para tomar esas medidas, sustituyendo el modelo económico capitalista dependiente del ingreso del petróleo y de las importaciones por un modelo verdaderamente socialista. Para ello, en vez de buscar el control del mercado a través de una economía mixta, el Estado debe concentrar en sus manos los principales medios de producción y, bajo la dirección democrática de los trabajadores, pasar a la planificación de toda la economía. Solo así, se podrá construir un parque industrial que impulse la producción nacional y estructurar una producción agropecuaria con el objetivo de alcanzar la soberanía alimentaria.

    Avanzar en la expropiación de las empresas, colocándolas bajo control de los trabajadores; garantizar una PDVSA 100% estatal que ponga fin a las empresas mixtas entre el Estado (51%) y el capital extranjero (49%); suspender el pago de la deuda externa y aplicar el importe como parte de un plan de inversiones masivas para revertir el proceso de desindustrialización; avanzar en el control de los precios a través del control de la distribución por parte del Estado; expropiar a los grandes grupos mayoristas como medida de emergencia para garantizar la oferta de productos; instituir el monopolio estatal del comercio exterior para proteger los intereses del país y atender a las necesidades de los trabajadores; centralizar y estatizar el conjunto del sistema financiero, adoptando una rígida política monetaria y cambiaria; instaurar un Gobierno de los Trabajadores por medio de un organismo que ejerza las funciones legislativas y ejecutivas, a nivel nacional, estatal y local, a partir de representantes electos en los lugares de trabajo y en los barrios.

    Estos son algunos de los principales puntos programáticos colocados en el orden del día para que la izquierda revolucionaria defienda ante la Asamblea Nacional Constituyente y las masas venezolanas.

    La situación exige firmeza. Definitivamente, no se puede dar más vueltas.

    Foto: Guillermo imbassahy – periodistas libres

     

  • Greve geral do funcionalismo público agita a França

     

    Por Renato Fernandes, Campinas/SP

     

    Manifestantes em Paris. Crédito AP.

     

     

    No último dia 10 de outubro, uma greve geral do funcionalismo público agitou a França. De acordo com a principal central sindical do país, a CGT, cerca de 400 mil funcionários se manifestaram em 130 cidades do país contra os ataques que o funcionalismo vem sofrendo. Foram trabalhadores da educação, da saúde, dos trens, dos aeroportos (30% dos voos cancelados), entre outras categorias que agitam a luta dos trabalhadores no país.

     

    Macron e a destruição dos serviços públicos na França

     

    Se há uma coisa que a União Europeia e o presidente Emmanuel Macron concordam é que o funcionalismo público é um gasto muito grande para a França. Atualmente são cerca de 5,4 milhões de funcionários públicos. Isso representa o maior contingente da Europa. Um dos ótimos resultados deste funcionalismo público é que a França tem um dos melhores serviços de saúde do mundo. Porém, em relação ao número de habitantes, atualmente a França tem 1 funcionário público para cada 82 mil habitantes, enquanto a média europeia em 2016 era de 1 funcionário público para cada 61 mil – só para uma comparação, países como a Grécia, que realizou diversos cortes no funcionalismo público, tem 1 funcionário para cada 33 mil, enquanto a Alemanha, o país mais rico do continente e que já executou um corte no funcionalismo na Agenda 2010, tem 1 para cada 59 mil. No Brasil, seguindo a tendência dos países dependentes, temos 1 um funcionário para cada 44 mil habitantes, segundo dados de 2014.

    Como os serviços públicos são considerados gastos e não investimentos, Macron tem um projeto de desmonte do funcionalismo: demissão de 120 mil funcionários em 5 anos, através da não reposição dos aposentados; a continuação do congelamento de salários: o último aumento ocorreu em 2016, após 6 anos de congelamento, porém em relação ao poder de compra, os funcionários públicos tiveram uma queda de 9% desde 2000, enquanto os dos setores privados tiveram uma alta de quase 17%; além de retirada de direitos trabalhistas que estão sendo atacados na reforma trabalhista que está sendo discutida neste momento no Legislativo.

    O objetivo de todas essas medidas é o de economizar para pagar a dívida pública francesa e, dessa forma, retomar os investimentos privados no país, que buscam taxas de lucro mais atrativas. Isso também faz parte de um acordo mais geral com Angela Merkel (primeira-ministra alemã): como apontam diversos analistas, a redução dos gastos do Estado francês e da diminuição do Estado, com a consequente piora dos serviços públicos e retirada dos direitos trabalhistas, é parte da negociação sobre o fortalecimento da União Europeia, principalmente para o debate de um orçamento europeu comum e também sobre a mutualização das dívidas por meio dos Eurobônus.

     

    A classe trabalhadora está mostrando o caminho

     

    Desde setembro, a classe trabalhadora francesa já demonstrou disposição para lutar. Foram duas greves gerais (12 e 21 de setembro). Uma grande manifestação política contra o “golpe de Estado social” (23 de setembro), além de grandes manifestações parciais com bloqueios de estradas, de refinarias, com aposentados, entre outras lutas. Centenas de milhares de trabalhadores se colocaram em movimento e rejeitam abertamente o projeto de sociedade neoliberal que defende Macron.

    Porém, as direções das centrais sindicais estão muito aquém dessa luta. A greve do funcionalismo público foi a primeira, desde 2007, convocada pelas 9 centrais que representam a categoria. Nas greves de setembro, apenas 3 centrais sindicais convocaram-nas. Essa unidade das centrais foi fundamental para o sucesso da mobilização dos funcionários públicos, porém é necessário ir além de um dia de greve. É preciso a unidade das centrais e também uma greve geral com mais impacto que realize a convergência das lutas para derrotar os projetos de Macron: combater os ataques ao funcionalismo, mas também a reforma trabalhista que foi aprovada como uma espécie de Medida Provisória e que deve ser votada em novembro.

    Ir além dos limites impostos pelas direções sindicais é uma das tarefas que a esquerda combativa e os ativistas sindicais devem tomar para si. Um bom exemplo foi a última plenária federativa da Force Ouvrière (FO), realizada no último 30 de setembro. A FO é a terceira maior central sindical do país, representando cerca de 15% dos sindicalizados. Contra a política do secretário geral, Jean-Claude Mailly, que se opôs a convocação da greve geral contra a reforma trabalhista, os dirigentes de base votaram uma resolução para uma “mobilização interprofissional antes da ratificação da reforma (prevista para novembro). Essa rebelião de base demonstra o caminho e a disposição que os diversos sindicalistas e trabalhadores tem para derrotar os projetos neoliberais de Macron.

  • Las tareas políticas del 3º Congreso de la CSP Conlutas

     

    3 de octubre de 2017

    Por Camila Lisboa y Mauro Puerro, de São Paulo, SP

    Casi dos mil delegados se preparan para participar en el 3º Congreso de la CSP Conlutas, que comienza el próximo 12 de octubre. Seguramente, los delegados y las delegadas ahí presentes reflejarán las luchas y los desafíos planteados en el último período. De 2015 para acá, cuando se realizó el último congreso de nuestra Central, la necesidad de potenciar la resistencia contra los planes de ataques a nuestros derechos estuvo más colocada que nunca.

    Crisis económica y golpe parlamentario

    En los últimos dos años, la crisis económica se profundizó en nuestro país. Los gobiernos y los empresarios se armaron para aplicar un plan de ajuste fiscal durísimo contra los trabajadores. El entonces gobierno de Dilma (PT) demostraba toda la disposición para aplicar esos planes e incluso los inició. Sin embargo, el empresariado brasileño y sectores políticos de la derecha tradicional, como el propio vicepresidente Michel Temer (PMDB), aplicaron un golpe parlamentario, para asegurar que esos planes no sólo se apliquen, sino que se profundicen.

    A finales de 2016, se aprobó la PEC 55, que impone un techo de gastos para las áreas sociales durante 20 años. No hay precedente de un ataque de este tipo en las últimas décadas de nuestra historia. Junto a eso, Temer y el Congreso Nacional aprobaron el fin de la CLT con la Reforma Laboral y siguen amenazando los derechos de la seguridad social.

    Los desafíos de la resistencia

    A pesar de importantes manifestaciones contra Temer, como la marcha que reunió a más de 60 mil personas en São Paulo, en septiembre de 2016, y las ocupaciones de las escuelas y universidades contra la PEC 55, fue en 2017 que la fuerza de nuestra clase se demostró forma más categórica.

    Los días 8 y 15 de marzo prepararon la poderosa huelga general del 28 de abril. Impusimos retrocesos al gobierno, que tenía como plan aprobar la reforma de la previsión en el primer semestre. A partir de esa fuerza, era necesario avanzar en otro gran día de huelga general. Desgraciadamente, las mayores centrales de nuestro país retrocedieron en cuanto a la disposición demostrada en abril. En algunos casos, por apoyar directamente al gobierno Temer (Fuerza Sindical y UGT), en otros, por optar por construir una candidatura para 2018 y abstenerse de la resistencia del presente (CUT y CTB).

    El hecho es que, ante ello, el gobierno logró aprobar la reforma laboral, el proyecto de ley que permite tercerizar todo y mantenerse en el poder, incluso después de diversos escándalos de corrupción, como la delación de la JBS.

    Por lo tanto, construir la resistencia en ese segundo semestre y en el próximo período, tiene como desafío central retomar la unidad que permitió la realización de las acciones de marzo, abril y mayo (#ocupa Brasilia) de 2017. Para ello es muy importante medidas como la plenaria unificada de los metalúrgicos con participación de otros sectores que marcó el día nacional de lucha el 10 de noviembre.

    Combatir el avance de la derecha y construir una alternativa de la izquierda clasista

    Los ataques sobre nuestra clase se combinan con un fortalecimiento político e ideológico de sectores de derecha y ultraderecha. Discursos intolerantes que ganan simpatía también entre la clase obrera. La crisis económica y el ambiente de desesperanza que crea, combinado con la desmoralización completa de la clase política, abren espacios para que los sectores reaccionarios levanten la cabeza y se pongan en la disputa sobre el desenlace de esta crisis. Así, el general Antônio Hamilton Mourão “tranquilamente” da una declaración sobre la posibilidad de intervención militar y Bolsonaro viene creciendo en las encuestas electorales y en el gusto popular.

    Esta situación debe alertarnos. Es necesario armar a nuestra clase y nuestros instrumentos de lucha, como la CSP Conlutas, contra el avance de la derecha, porque su avance no solo se expresa en Bolsonaro y simpatizantes de la intervención militar, sino también en las figuras “no políticas”, como João Dória, prefecto de São Paulo por el PSDB, arduo defensor de las privatizaciones.

    Este escenario, sin embargo, no puede hacernos repetir los errores del pasado. Para combatir el avance de la derecha de forma consecuente es necesario construir un campo de independencia de clase. Una articulación política de los movimientos sociales y organizaciones políticas que disputen corazones y mentes del pueblo trabajador con un programa clasista y anticapitalista. Una articulación que se presente como una alternativa de clase no solo a los diversos representantes del capital, sino también a la política de conciliación de clases. Los 13 años de conciliación de clases de los gobiernos petistas y sus alianzas contribuyeron al surgimiento del gobierno Temer y toda su agresividad contra los trabajadores.

    El Congreso de la CSP Conlutas tiene la capacidad de presentarse al conjunto del movimiento social brasileño con esa disposición. Para ello es necesario fortalecer el discurso y la práctica unitaria, tener firmeza en el horizonte de combate y capacidad de diálogo.

    Resistir con la fuerza y ​​con la cara de nuestra clase

    El 3º Congreso también va a reflejar las luchas del movimiento popular y de los movimientos de lucha contra la opresión. De 2015 para acá, asistimos a muchas ocupaciones urbanas, como consecuencia de la crisis, que impacta sobre el derecho a la vivienda. Son diversos movimientos populares que fortalecieron la resistencia en nuestro país y se unificaron con el movimiento sindical para combatir los ataques. Nuestra Central, la única que es sindical y popular, necesita, cada vez más, tener capacidad de diálogo con esta forma de resistencia.

    El avance de la intolerancia contra las mujeres, negros/as y LGBT también se tradujo en resistencias importantes, como la lucha contra el genocidio de la juventud negra, la violencia hacia las mujeres y los ataques a los derechos reproductivos y el reciente combate a la “curación gay”. El carácter democrático de esas luchas exige que nuestra Central sepa intervenir en esos procesos, con disposición de unidad y combate.

    Fortalecer la CSP Conlutas como instrumento de frente único de nuestra clase

    La importancia política de nuestra Central no puede hacernos cerrar los ojos hacia sus límites. Construimos la Central más dinámica y más responsable con la defensa de los derechos de nuestra clase, pero en la realidad, somos una Central minoritaria. Fue esa evaluación que hizo, a menudo, con que los sectores políticos que construyen la CSP Conlutas se comprometieran en la construcción de síntesis de las acúmulos políticos de cada entidad y cada organización que la construye.

    Su actual formato contribuye a ello, pues las reuniones bimensuales de su  Coordinación Nacional, permiten importantes actualizaciones políticas de la coyuntura. Además, es necesario preservar el aspecto democrático de este formato, que permite que su dirección más cotidiana, la Secretaría Ejecutiva Nacional, tenga contacto con los debates y elaboraciones de las entidades y movimientos afiliados.

    Por lo tanto es decisivo profundizar el funcionamiento democrático de la central, fortaleciendo sus instancias, sus entidades y su carácter de organización de frente único, evitando el riesgo y el peligro de transformarse en colateral de alguna organización política, pues eso, desgraciadamente, ocurrió con la amplia mayoría de las centrales. La CSP Conlutas necesita y debe ser la excepción. Este congreso tiene el gran desafío de reafirmar esa concepción democrática.

  • Cataluña: ¿cuál debe ser la posición de la izquierda?

     

    4 de octubre de 2017

    Gabriel Casoni, de la secretaría política del MAIS

    La crisis desencadenada por el referéndum del 1 de octubre se agrava a cada instante. Ante la rebelión del pueblo catalán, que lucha heroicamente por el derecho a la independencia, se yergue la reacción del régimen monárquico. El Estado español y Cataluña están convulsionados.

    El presidente del Gobierno catalán, Carles Puigdemont, afirmó ayer a la BBC británica que la declaración de independencia se hará “en cuestión de días”. La presidenta del Parlamento anunció que la República Catalana será proclamada el próximo lunes 9, a las 10 h.

    El martes (3), Cataluña fue tomada por una poderosa huelga general. Las fábricas y los servicios no funcionaron. Más de 700 mil personas salieron a las calles en Barcelona ​​en una demostración de enorme fuerza y ​​representatividad popular.

    En el otro lado, en Madrid, el gobierno de Mariano Rajoy estudia los próximos pasos de la represión. El objetivo de la clase dominante española es uno solo: aplastar la rebelión catalana.

    Ante este cuadro dramático, los partidos de la izquierda española se pronunciaron. En el marco de una declaración de Pablo Iglesias este miércoles (4), Podemos e Izquierda Unida, defendieron una negociación, sin condiciones previas, entre el gobierno de Cataluña y el Estado español para llegar a un acuerdo de mediación. Aunque condenan la represión, no legitiman el referéndum del domingo; en realidad, lo acusan de romper la “legalidad”.

    Se trata de un gravísimo error, que se posiciona contra el derecho a la autodeterminación del pueblo catalán. Y esto en un momento de grave crisis del régimen monárquico basado en la Constitución de 1978, régimen que prepara la ocupación militar de Cataluña, si se concreta la proclamación de la república.

    La burguesía española se unifica en torno al discurso del Rey Felipe VI, que realizó amenazas expresadas ayer (3) en cadena nacional de televisión. El monarca, de la familia Bourbon, afirmó que “ante esta situación de extrema gravedad, que requiere el firme compromiso de todos con los intereses generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden…”. A buen entendedor, pocas palabras.

    En esa hora crítica, una posición de izquierda que no pase, en primer lugar, por el apoyo al derecho del pueblo catalán a decidir soberanamente sobre su destino, significa, de una u otra forma, ceder al régimen monárquico y opresor del Estado Español.

    La posición correcta viene de la izquierda anticapitalista y socialista de Cataluña y Madrid, que encuentra respaldo en algunos diputados de Podemos.

    ¡Viva la República libre de Cataluña! ¡Abajo la monarquía española!

    ¡Toda solidaridad al pueblo catalán!

  • Rebelión en Cataluña

     

    Editorial del 2 de octubre

    A pesar de la represión brutal, millones acudieron a las urnas en un referéndum sobre la independencia de Cataluña el domingo (1). Desafiando las barreras, las balas de goma y cachiporras policiales, el pueblo catalán luchó valientemente por el derecho a la libertad.

    De los 2.262.424 votos emitidos, 2.020.144 (90,09%) fueron a favor del “sí”, 176.565 (7,87%) del “no”; y blancos y nulos sumaron el 2,92%.

    Con la aplastante victoria del “sí”, el presidente del gobierno catalán, Carles Puigdemont, afirmó que la independencia será proclamada en los próximos días. “Nosotros, los ciudadanos de Cataluña, ganamos el derecho a tener un Estado independiente que se constituya en la forma de una República”, declaró. Puigdemont llevará al parlamento local los resultados de la consulta, para que este actúe “como prevé la ley del referéndum”.

    En Madrid, el conservador Mariano Rajoy, primer ministro del Estado monárquico español, afirmó que el referéndum fue ilegal y que no reconocerá el resultado. El presidente intentó justificar el uso de la violencia policial, que hirió a más de 800 personas. “Hicimos lo que había que hacer”, “no hubo referéndum, asistimos a una mera puesta en escena”, declaró. Rajoy anunció que convocará a todos los partidos con representación parlamentaria para debatir las consecuencias de la rebelión catalana.

    Los medios de comunicación, partidarios de la monarquía española, dispararon ataques furiosos. El diario El País publicó un editorial en el que afirma que hay que detener la “insurrección”. La Razón pidió “firmeza frente al golpe”. Los medios de comunicación expresan de este modo la posición de la burguesía española, que a pesar de hacer algunas críticas a la inhabilidad política de Rajoy, exige “pulso firme” para derrotar al movimiento por la independencia.

    En contrapartida, en defensa del referéndum los sindicatos de trabajadores de Cataluña y entidades civiles prometen una paralización general este martes (3). Los movimientos sociales, estudiantiles y democráticos también irán a las calles. La lucha del pueblo catalán despertó enorme solidaridad internacional.

    La represión es derrotada

    El gobierno español intentó impedir por la fuerza la realización de la consulta democrática. El primer ataque vino del Tribunal Constitucional español, que declaró ilegal el referéndum. Amparándose en esta ofensiva judicial, Rajoy desencadenó una brutal represión policial.

    Días antes de la consulta, varias autoridades catalanas fueron detenidas y las manifestaciones fueron reprimidas en nombre de la “legalidad”. El domingo, la escala represiva subió a niveles chocantes, recordando los tiempos de la dictadura de Franco. La guardia regional catalana -los Mossos d’Esquadra-, se negó a reprimir a las personas que dirigían la votación, el gobierno central envió a la Policía Nacional y a la Guardia Civil.

    Las escenas que se vieron revelaron un régimen dispuesto a pisotear la democracia. Los policías cerraron 319 centros de votación, golpearon a las personas en las filas, incluso ancianos, dispararon balas de goma y lanzaron gases a la población. Un hombre de 70 años infartó durante una acción represiva y fue llevado en estado crítico al hospital. Las imágenes de personas ensangrentadas se extendieron por las redes sociales, causando conmoción e indignación. El velo democrático se deshizo y la cara autoritaria del Estado español asustó al mundo.

    Sin embargo, la brutal represión no logró detener al pueblo catalán y su movilización por la libertad de elección. Miles de manifestantes se enfrentaron a las fuerzas policiales para garantizar el acceso a las urnas. Los bomberos formaron cordones para dar seguridad a los ciudadanos. Fueron incontables los ejemplos de valor y determinación democrática. Al final, la fuerza de un pueblo en lucha derrotó a la sangrienta represión.

    Rodear de solidaridad a Cataluña

    La lucha del pueblo catalán por el derecho a la independencia debe ser apoyada por los trabajadores y los pueblos en todo el mundo. Es hora de la máxima solidaridad. Deben realizarse actos en las embajadas, declaraciones de las organizaciones políticas y sindicales y el apoyo político en las redes sociales. Es necesario abrazar a Cataluña y denunciar la abominable represión del Estado español.

    La victoria de los catalanes será una victoria de todos los que luchan por el derecho democrático de la autodeterminación de los pueblos. El triunfo de Cataluña fortalecerá la lucha de los pueblos oprimidos en todo el mundo.

    Los trabajadores y la juventud de Cataluña deben confiar en sus propias fuerzas. Solo la lucha organizada podrá garantizar que el resultado del referéndum sea respetado.

    Los próximos días serán decisivos. El gobierno de Rajoy, probablemente con el apoyo de las potencias centrales de Europa, aumentará los ataques y la represión. Existe la posibilidad real de intervención militar.

    La lucha por la libertad de los pueblos tiene hoy en Barcelona su principal escenario de batalla. ¡Estemos todos con los catalanes!

     

  • Catalunha: só a mobilização popular garantirá a independência

    Por: Editoria Internacional

    Após o resultado das eleições alemãs que mostraram a erosão do sistema partidário tradicional daquele país, assim como o fortalecimento da extrema-direita que pela primeira vez ingressa no parlamento desde a Segunda Guerra Mundial, toda a atenção se foca no referendo pela independência da Catalunha, que ocorrerá no domingo, dia 1º. A tensão cresce, a polícia catalã que depende do governo catalão mostra sinais de não ter condições de manter a disciplina para aplicar as drásticas medidas previstas pelo governo de Madri. Por precaução, o comando da operação contra o referendo está com um coronel nomeado da Guarda Civil, que é a polícia do governo central do estado espanhol. Um deputado da esquerda no parlamento catalão favorável à independência, Benet Salellas, declarou em entrevista na TV, que os policiais catalães “devem desobedecer. Precisam se colocar ao lado das pessoas. Neste país, 80% da população disse que quer um referendo, que quer votar.” Publicamos um artigo sobre o referendo dos companheiros do MAS de Portugal, publicado em 28/09:

    Quando no passado dia 20 de setembro de 2017, o Estado Espanhol, a mando do governo do PP/Mariano Rajoy, desencadeou uma onde repressiva sobre as liberdades políticas e autonómicas da Generalitat* e do povo catalão, tentando impedi-los de decidir sobre o futuro da sua nação, o mundo abriu a boca de espanto.

    Como era possível que na Europa civilizada, afinal, se usassem métodos repressivos como prisão de elementos de um governo eleito, confiscar cadernos eleitorais e boletins de voto, tentar ocupar as sedes de um partido de esquerda, proibir manifestações de apoio ao direito de decidir, enviar milhares de polícias do Estado para a Catalunha, e um longo étecetera. Afinal a democracia, também na Europa, é só um apêndice, descartável quando seja necessário manter o poder dos mais fortes.Frente a esta escalada repressiva por parte de Mariano Rajoy e o seu corrupto PP, diga-se com o beneplácito do tradicional PSOE e do neopartido espanholista de direita Ciudadanos, os catalães saíram à rua às dezenas de milhares no mesmo instante. Enfrentando a operação policial, obrigando esta a retirar-se da maioria dos locais que ocupou, impedindo os assaltos às sedes da CUP (Candidaturas de Unidad Popular, partido de esquerda independentista catalão) e gerando uma onda de mobilização por toda a Catalunha, restantes cidades do estado espanhol, bem como em várias cidades no mundo, salvaram a possibilidade de que o referendo marcado para o próximo domingo, dia 1 de outubro, se possa realizar.

    Hoje, a incerteza de que o referendo pela independência da Catalunha se realize é uma realidade, no entanto, se se mantém essa possibilidade é porque a mobilização popular saiu à rua e é nesta que se encontra a chave para alcançar o direito a decidir e a independência. Sem mobilização muito provavelmente o governo catalão de Carles Puigdemont, do partido burguês independentista catalão PDCAT, e do seu parceiro da ERC (Esquerda Republicana Catalã), teriam recuado, aliás, nos acontecimentos daquele dia fizeram declarações em que vacilavam, mas foram obrigados a seguir em frente pela força das gentes.

    E será esta, que determinará se os Mossos d’Esquadra (polícia autónoma catalã) farão cumprir ou não a ordem do estado espanhol em não permitir a abertura dos locais de votação. Será esta que alentará o povo a ir votar. Será esta e só esta que após o 1 de Outubro permita que o processo de independência avance.

    Neste momento, a liderança política dos independentistas constituída pelo PDCAT, a ERC e as CUP está divida face ao dia seguinte. Os primeiros acordaram com o partido PODEMOS e os burgueses nacionalista bascos do PNV a possibilidade de um referendo pactado com o estado espanhol para os próximos dois anos, caso o 1 de outubro não se realize. Como será isso possível dentro de uma constituição saída do regime franquista que não permite a autodeterminação? Em 40 anos da constiruição actual espanhola só uma vez ela foi alterada, há cerca de 6 anos atrás, para quê? Para introduzir uma emenda que obriga o estado espanhol a pagar as dívidas aos bancos antes de qualquer outra obrigação. Os segundos (ERC e CUP) mantêm o que foi aprovado pela lei do referendo no Parlamento Catalão, que é que se o “Sim” vencer o referendo em 48 horas deverá haver uma declaração unilateral de independência. Mas um coordenador do PDCAT veio afirmar que em vez disso se abrirá um processo deliberativo de 6 meses.

    Uma das muitas centrais sindicais existentes na Catalunha, a CGT, já entregou pré-avisos de greve de 2 a 13 de outubro, o sindicalismo alternativo constituído por sindicatos sectoriais e regionais, decidiram marcar um dia de greve geral, mas ficaram de fora as principais CCOO (Comisiones Obreras) e a UGT, que na verdade têm uma grande aversão ao processo independentista. O exemplo dos estivadores de Barcelona em não realizarem trabalho de estiva nos barcos enviados pelo governo espanhol com efectivos e material policial terá que se multiplicar.

    Não há caminho alternativo, mobilizar, mobilizar e mobilizar. O regime do estado espanhol saído do mal chamado processo da Transição de 1978 não permite consultas de autodeterminação muito menos a desvinculação pactada. A burguesia espanhola sabe que a independência da Catalunha será o fim desse regime, porque logo atrás virá o País Basco e a Galiza.

    Assim, tão importante como a realização do referendo, garantir o direito a decidir no dia 1 de outubro e ir votar “SIM”, são os dias seguintes. Não afrouxar na luta por uma República Catalã que tenha na habitação, saúde, educação, segurança social e emprego para todas e todos elementos determinantes na sua constituição.

     

    Nota

    * Sistema institucional de administração autonómica da Catalunha constituído pelo Presidente do Governo, Governo e Parlamento

  • Alemanha: SPD – Uma oposição a fingir

    Por Antonio Louçã, Lisboa/Portugal
    
    

    Os dois partidos do Governo federal alemão foram os mais castigados pelo eleitorado. A política neo-liberal, de repetir sempre a mesma cassette, e impor mais do mesmo, alimentou um salto espectacular da extrema-direita.

    Entre os dois, o mais castigado foi o SPD. De nada lhe serviu substituir os seus dirigentes mais queimados no Governo por um Martin Schulz que andara pela Europa e fora poupado ao odioso da governação. Em muito pouco tempo, extinguiram-se os primeiros fogachos de entusiasmo que a substituição desencadeara: na substância, Schulz não tinha para oferecer nada diferente dos seus correligionários. O candidato a chanceler que era suposto ser a “arma secreta” da política eleitoral do SPD tornou-se a face visível da sua maior derrota eleitoral desde 1949.

    Escaldado com a derrota, logo o SPD anunciou pomposamente que recusava uma nova aliança com a CDU, para não deixar a oposição nas mãos da extrema-direita. Poderá ser verdade, mas de anúncios destes está o inferno cheio. Daqui até ao Natal, que é o prognóstico “optimista” de Merkel para concluir as negociações de uma nova coligação, muita água vai correr sob as pontes.

    A chanceler já disse que quer voltar a falar com o SPD. Os outros parceiros potenciais que tem à mesa (liberais, verdes e social-cristãos) odeiam-se cordialmente uns aos outros e puxam cada um para seu lado. Um SPD que começou por recusar negociações de coligação tanto poderá manter-se nessa recusa como colher as vantagens de ter aumentado a sua cotação, por dizer que não estava interessado.

    Se se confirmar que fica de fora, não será por fidelidade a qualquer princípio (onde eles já vão, os princípios todos, para o SPD!) e sim por estratégia de recomposição eleitoral. Na verdade, nenhum abismo o separa da CDU. A política que a “Grande Coligação” esteve a fazer na última legislatura não foi inventada pela CDU e sim pelo próprio SPD, durante o Governo em aliança com os verdes, na primeira década do século – o governo de composição aparentemente mais “à esquerda” que alguma vez existiu na Alemanha do pós-guerra.

    Mas a aparência “esquerdista” desse governo serviu-lhe afinal para ser o verdadeiro iniciador da grande viragem neo-liberal. A legislação anti-laboral conhecida como “Agenda 2010” foi concebida e posta em prática pela dupla Fischer-Schröder. Com a criação do “subsídio de desemprego II”, esse Governo expropriou as poupanças de mais de quatro milhões de trabalhadores e precarizou drasticamente as relações de trabalho. A revolta de massas que na altura se ergueu contra a viragem neo-liberal foi sufocada pelos sindicatos, desesperadamente apostados em salvarem um governo que era da mesma cor.

    A política de Merkel e Schäuble só teve de prolongar, quase em piloto automático, a viragem que o SPD tinha iniciado. O fracasso da campanha eleitoral de Schulz explica-se muito mais pela sua identidade partidária com Schröder do que pela aliança governamental com Merkel. Toda a sua retórica de campanha a reclamar “justiça social” soava a falso. Todo o teatro que venha a fazer, se ficar na oposição, contra a “Agenda 2010”, será desmontável com a simples pergunta sobre a autoria desse pacote legislativo infame.

    Para combater o prosseguimento da política anti-popular, seja por uma nova edição da mesma fórmula, seja pela aliança direita-liberais-verdes, e para combater a ascensão da AfD, será necessária uma alternativa de luta, com presença social militante e com uma intervenção activa em todas as batalhas políticas.

  • Catalunha: Para derrotar a repressão e defender os direitos democráticos: convocar uma Greve Geral já!

  • A esquerda depois de Charlottesville

    Robert Greene II*  – originalmente publicado na Jacobin Mag em 09/09/2017.

    Tradução: Gleice Barros

     

    A esquerda não pode se deixar consumir pelo debate sobre antifascistas. Precisamos de um programa proativo e de uma organização paciente.

     

    Os acontecimentos de Charlottesville permaneceram nas manchetes nas últimas semanas por diversas razões. Surpresa pela audácia da procissão de tochas dos neonazistas, simpatizantes da Ku Klux Klan e ultradireitistas em uma cidade americana, somada ao assassinato da ativista Heather Heyer durante um contraprotesto, incendiaram a cobertura inicial. A resposta abominável do Presidente Trump à tragédia e às lutas locais contra estátuas dos Confederados a manteve efervescente. E os frequentes debates obtusos sobre os méritos dos antifascistas têm jogado ainda mais oxigênio.

     

    Mas seria um erro para a esquerda americana ver isso como um ponto decisivo de mudança histórica ou confundir os portadores de tochas fascistas com uma força de massas. Ao contrário: ser consumida por debates sobre o apoio aos antifascistas em confrontos de rua contra neonazistas faz perder-se no panorama político mais geral.

     

    Os momentos pós-Charlottesville exigem mobilizações antirracistas e é encorajador que as organizações de esquerda tenham entrado em ação e visto seus números crescerem. Enfrentando-se contra a ultradireita – particularmente quando feito de forma eficaz e em massa, como em Boston – pode incentivar as pessoas que estão frustradas e desencantadas devido à administração Trump. Mas é preciso se vincular a uma organização política tangível que vá além da defesa e do simbolismo.

     

    As discussões sobre o antifascismo também são importantes. Entrevistas feitas com contra-protestantes nas ruas de Charlotterville deixaram claro que estes eram mais do que alegres antifascistas que estavam ali para ajudar. Na verdade, Cornel West lhes agradeceu por terem salvo sua vida.

     

    Mas o debate sobre o antifascismo não pode estar no centro da discussão política de esquerda. Estou menos preocupado em ser assassinado por neonazistas do que com a falta de acesso a um sistema de saúde de qualidade. Estou mais preocupado com a restrição dos direitos políticos e o perigo que isso causa à democracia hoje e no futuro do que com a simples dano representado por uma estátua confederada. Isso não é ignorar o esforço em derrubar estátuas confederadas. O que está nos espaços públicos comuns, afinal, precisa representar o tipo de país que queremos que os Estados Unidos sejam. Mas não podemos permitir que este conflito obscureça nossa visão.

     

    Resumindo, as lições pós-Charlottesville são as lições que deveríamos ter aprendido mais cedo neste ano. Não podemos simplesmente reagir a Trump e à alt-right. Ser proativos, avançar em um programa claro que possa mobilizar e galvanizar uma faixa ampla do povo – esta deve ser a característica da esquerda americana. Caso contrário, a raiva genuína contra Trump e o partido republicano será perdida e desperdiçaríamos nossa chance de construir um tipo de esquerda com bases amplas que, ao final, é o melhor bastião contra a ultradireita.

     

    A política que precisamos

     

    A maioria da base da plataforma da esquerda que precisamos já está pronta, esperando para ser usada para estimular debates e ações genuínos na sociedade americana. Dois pontos em particular deveriam encabeçar a agenda da esquerda.

     

    O primeiro é a assistência de saúde universal: Medicare para todos. A oferta arbitrária dos republicanos em eliminar a Affordable Care Act [Lei de Saúde Acessível – em tradução livre] mostrou que mesmo uma versão extremamente defeituosa de cobertura “universal” ainda é popular suficiente para evitar tentativas de revogação. Agora, de acordo com recente pesquisa, o apoio popular ao sistema de cobertura dos gastos de saúde pelo governo, financiado pelos impostos (o chamado sistema single-payer – NT) está crescendo. Mesmo democratas centristas, como Kamala Harris, estão declarando apoio. Depois de décadas de luta, a cobertura universal está, senão na esquina, pelo menos em um horizonte próximo.

     

    Crucialmente, a demanda pelo Medicare para todos também oferece um sentido para construir laços de solidariedade. Como o escritor de Atlantic, Vann R. Newkirk, recentemente apontou, Martin Luther King Jr. e outros ativistas dos direitos civis viram a cobertura de saúde universal como um componente crítico para sua luta por uma sociedade justa e igualitária. O mesmo é verdade hoje. Entre os movimentos – seja pelas vidas negras ou pelo salário mínimo de quinze dólares [por hora] ou pelo direito dos imigrantes – a assistência médica universal é uma demanda que unifica.

     

    Existe outra razão para priorizar o impulsionamento por assistência médica universal. Organizações de ultradireita, como o partido dos trabalhadores tradicionalistas, começaram a fazer propostas a brancos pobres em locais como Appalachia com conversas sobre empregos e acesso à saúde de qualidade. Não podemos permitir que uma tendência a favor da saúde de qualidade ou um argumento a favor de bons empregos, sejam usados como uma porta o fascismo.

     

    Direitos eleitorais universais deveriam ser a segunda demanda para qualquer plataforma imediata de esquerda. Nosso sistema político e econômico não pode ser mudado, radicalmente e no longo-prazo, por meio de eleições. Mas um número incontável de pessoas está sendo atingido pelo sistema que existe hoje e um aumento substancial na participação de eleitores é um pré-requisito para vencer em reformas que irão melhorar a vida dessas pessoas em curto prazo.

     

    Os conservadores entendem a importância de direitos eleitorais. Em anos recentes, diversos estados controlados pelo partido republicano têm aprovado leis que restringem direitos políticos, seja por meio de requisitos de identificação ou prazos mais curtos para registro de eleitores.  Eles sabem que uma menor e desmoralizada base eleitoral torna mais difícil eleger candidatos de esquerda.

     

    No passado, a era Populista dos anos 1890 parou em parte por conta das Leis Jim Crow e as novas constituições estaduais no Sul que limitaram severamente os direitos eleitorais para afro-americanos (e muitos brancos pobres também). Pelo contrário, o surgimento de uma forte base eleitoral no Norte urbanizado, que incluiu sindicalistas e afro-americanos, impulsionada pelo avanço do New Deal,  deu à social democracia na América algumas de suas mais antigas e importantes vitórias – apesar da oposição dos republicanos conservadores e democratas sulistas.

     

    Mais recentemente, resultados em nível local comprovaram o poder duradouro de um eleitorado mobilizado. As vitórias de Chokwe Lumumba em Jackson, no pleito de prefeito do Mississipi e Khalid Kamau em South Fulton, na eleição da Câmara de Vereadores, foram possíveis pela presença de ativistas políticos de esquerda em campo. O fato que estas vitórias ocorreram no interior sulista e com larga participação política de afro-americanos também desmente concepções comuns sobre o que a Esquerda aparenta ser e onde pode competir.

     

    Lumumba e Kamau reuniram pessoas onde estavam, enquanto também esboçaram uma visão reflexiva. O que me traz a outra parte importante das ferramentas da esquerda pós-Charlottesville: educação política.

     

    O debate sobre monumentos e bandeiras confederadas é a oportunidade perfeita para mudar o pensamento americano não apenas sobre o mundo em que vivemos, mas em que tipo de mundo podemos viver se a esquerda tiver a oportunidade de governar. Além de considerar quais estátuas derrubar, poderíamos discutir quais estátuas colocar em seus lugares. Porque não ter mais monumentos, por todo o país, dos batalhões compostos majoritariamente por negros (e também povos indígenas) dos Estados Unidos ou de Harriet Tubman? Mas não devemos apenas falar sobre estátuas e história pública, por mais importantes que sejam para moldar os debates futuros sobre o destino do país.

     

    A educação política deve atingir um número superior de americanos, para expandir sua concepção do que é possível e aprender como enxergar o mundo. Educação de esquerda, acima de tudo, deveria ser uma via de mão dupla. Pode ter várias formas – desde um estande em um evento comunitário ou organizar um seminário em uma sede de um sindicato para simplesmente assegurar que organizações socialistas estão abertas ao público, o quanto for possível.

     

    Exemplos de educação política, como as que descrevi, já existem. Em meu estado adotivo, Carolina do Sul, o SC Progressive Network oferece anualmente a Escola Modjeska Simkins” para ativistas iniciantes. Nomeado em homenagem a um dos maiores defensores dos direitos humanos, o seminário ensina história assim como táticas de protesto e ativismo. Outro esforço educacional como esse pelo país, são os netos espirituais da Escola Highlander Folk nos anos 1930, 40 e 50.

     

    Finalmente, protestos massivos contra a supremacia branca continuarão a ser táticas cruciais para avanço. O ato em Boston no último mês, onde um punhado de neonazistas se depararam com trinta mil contra-protestantes, foi uma enorme vitória para os progressistas e a esquerda e demonstrou o poder da solidariedade profunda e publicamente.

     

    Mas tais ações devem também ser atreladas a tipos de programas e táticas políticas acima – usando-as como oportunidade não somente para reunir todos aqueles que se opõem à supremacia branca, mas para falar com as pessoas sobre as formas que a guerra de classes vinda dos poderosos, a de gênero, a discriminação racial e o revanchismo político, atingem virtualmente todos diariamente.

     

    Não podemos deixar que narrativas sobre “brancos pobres” determinem o discurso sobre o racismo na sociedade americana. Os supremacistas brancos que marcharam em defesa da estátua de Robert E. Lee incluem muitos brancos ricos e com ensino superior que não teriam escrúpulos ao destruir as vidas dos brancos americanos pobres. Eles também destroem as vidas e aspirações de afro-americanos, judeus, latinos, imigrantes e da comunidade LGBT.

     

    Ao desafiar estas narrativas e vinculá-las a demandas concretas para um futuro melhor, podemos alcançar pessoas que se uniram por Charlottesvile mas não sabem o que fazer a seguir.

     

    Freando a supremacia branca

     

    Estas recomendações não são politicamente populares. Não parecem ser o material da revolução. Mas são materiais que, necessariamente, melhoram as condições políticas para um futuro próximo – que devem ser feitas antes de podermos trabalhar para mudanças mais transformadoras. Educação política, por exemplo, será crucial para ressuscitar o movimento trabalhista, para evitar mais derrotas como as sofridas pelas campanhas de sindicalização do sindicatos dos motoristas da planta da Boeing em Charleston, Carolina do Sul ou da planta da Nissan em Canton, Mississipi.

     

    Uma esquerda forte expande a esfera pública, oferece uma concepção mais ampla do que é possível atingir politicamente. Oferece às pessoas uma política não de bode expiatório ou de austeridade, mas uma saúde pública universal e uma atuação democrática. Historicamente, é o antídoto mais poderoso para combater a ultradireita.

     

    Mas também devemos lembrar que a vitória nas batalhas de rua não é igual a uma vitória política duradoura.  Nem, por outro lado, ver um parlamento democrata em 2018 ou um democrata na Casa Branca em 2020 é a medida final da vitória. Os problemas da América de Trump são, sem surpresa alguma, bem parecidos com os problemas da América de Obama. E da América de Bush. E da América de Clinton.

     

    Uma esquerda efetiva pós-Charlottesville terá que se preocupar, como sempre, com um plano a longo prazo e uma organização paciente. Esta é a única forma que finalmente interromperá o retorno de políticas de ideologia branca – a única ideologia política que sempre esteve realmente no poder na América.

     

    * Robert Green II é estudante em PhD na Universidade da Carolina do Sul e editor-revisor para o blog da Sociedade de Historiadores Intelectuais dos Estados Unidos.

  • Alemães vão às urnas e Merkel tenta reeleição

    Por Victor Wolfgang Kemel Amal, Florianópolis?SC

    No dia 24 de setembro ocorrerão as eleições para o parlamento alemão (Bundestag), que determinarão se a coalizão liderada pela chanceler Angela Merkel permanecerá no governo por mais 4 anos. Ao todo são 630 cadeiras em disputa, em que apenas os partidos que fizerem no mínimo 5% dos votos obtém representação. Os governos nunca são compostos por apenas um partido, mas uma coalizão que obtenha maioria de 50% + 1 das cadeiras.

    Também, esta eleição fecha o ciclo de “eleições perigosas” que ocorreram na Europa no último um ano – Áustria, Holanda e França – em que candidatos da extrema direita anti-União Europeia (UE) corriam lado a lado aos candidatos do “establishment” político europeu. Como a Alemanha é o eixo de sustentação da UE, as eleições terão caráter plebiscitário sobre o futuro do bloco. Este artigo pretende abordar alguns dos temas candentes do atual debate eleitoral e os principais partidos que estão na disputa.

    O lugar da Alemanha na política internacional

    O Comissário de Defesa do Bundestag, Hans-Peter Bartels, escreveu em janeiro deste ano um relatório sobre a precaríssima situação em que se encontra o exército alemão. Comparativamente, o contingente de soldados que o país contava em 1990 era de 500 mil; enquanto em 2017 a cifra chega a apenas 170 mil. Este fato ilustra bem o caráter do imperialismo alemão contemporâneo. Enquanto relega o papel de interventor militar para os Estados Unidos e seus vizinhos, França e Inglaterra, a Alemanha utiliza sua posição na União Europeia (UE) para expandir seus capitais para as frágeis economias dos países menos desenvolvidos do bloco. Evidência disso é a correspondência entre o volume de exportações alemãs em relação ao PIB: 46% de sua riqueza vem das exportações. Esse número é altíssimo mesmo comparado à outras grandes economias exportadoras, como a China (20%) e o Japão (18%).

    Isto não quer dizer, todavia, que a Alemanha não tenha grande influência na política internacional, ainda que seu poder venha de cheques ao invés de armas. Em 2015, com a eleição de Alexis Tsipras (Syriza) como primeiro ministro da Grécia, várias das reformas neoliberais que levaram o país ao fundo do poço estavam sendo postas em cheque, gerando diversos ataques do capital financeiro (fuga de capitais, especulação, etc.). Por sua vez, a Alemanha foi protagonista no suporte político às chantagens que a Troika (Banco Central Europeu, Comissão Europeia e FMI) impôs contra o povo grego como condição de auxílio na crise que ela própria criou.

    Com o estopim da crise dos refugiados, também em 2015, Merkel abriu as portas para 1 milhão de refugiados entrarem na Alemanha, ao mesmo tempo que fez um sangrento acordo com a Turquia para que os 3 milhões de sírios que lá estavam não pudessem chegar à Europa. Desde uma tentativa fracassada em 2016 de golpe militar contra o presidente turco, Erdogan, este fez um plebiscito para concentrar os poderes do país no executivo, tornando-se na prática um ditador. A Alemanha pouco fez contra esta movimentação autoritária devido ao medo do rompimento do acordo e consequente vinda de 3 milhões de refugiados para a Europa.

    Por último, desde a eleição de Trump, Merkel vem se opondo radicalmente à diversas de suas políticas (Acordo de Paris sobre o clima; refugiados; etc.) e instando a Europa a proteger a si própria ao invés de depender de países estrangeiros. Ainda, a nova rodada de sanções econômicas contra a Rússia aprovada pelo Senado norte-americano em agosto foi denunciada pelo ministro de relações exteriores de Merkel, o socialdemocrata Sigmar Gabriel, como pretexto para exportação de gás dos EUA para a Europa às custas da instabilidade no continente. Esta postura lhe rendeu um aumento de popularidade, dado que 87% dos alemães não confiam em Trump e, desde o ano passado, a confiança dos alemães nos EUA caiu de 59% para 22%.

    A desigualdade social na Alemanha
    A despeito de a Alemanha ter o maior PIB per capita e o menor índice de desemprego da UE, ainda existe em seu âmago uma desigualdade social inextricável às sociedades que passaram pelo programa de reformas neoliberais. Após um período de estagnação econômica após a reunificação dos anos 1990, em 2005 a Social Democracia de Gehrard Schröeder aplicou um duro pacote de medidas de austeridade e desregulamentação do trabalho: a Agenda 2010.

    Estas medidas tiveram um efeito parecido com o que ocorreu nos EUA pós crise de 2008: diminuição do desemprego e da inflação às custas da diminuição dos salários e benefícios sociais. Entre 2005 e 2015, o desemprego teve uma queda de 10% para 5%, ao mesmo tempo que o índice relativo de pobreza cresceu de 14% para 16% e os benefícios sociais diminuíram de 10% para 9%.

    Esse descompasso se explica pelo fato de os empregos criados terem sido aqueles de meio-período, baixos salários e pouca regulamentação, chamados “mini-empregos”. Estes pularam de 4,1 milhões em 2002 para 7,5 milhões em 2017, e vem substituindo os postos de trabalho de tempo e direitos integrais. Atualmente, apenas 18% dos jovens entre 25 e 34 anos tem contrato fixo.

    Atualmente, existem bolsões de enorme riqueza dentro do território alemão, como os grandes centros em Berlim ou Hamburgo e as pequenas cidades industriais. Entretanto, existe um considerável número de cidades que permaneceram à margem do ciclo de crescimento da última década, aqueles “deixados para trás na globalização”. A cidade de Gelsenkirchen, por exemplo, que entrou em crise após o declínio da indústria de carvão, apresenta uma taxa de desemprego de 14,5%, quase 3 vezes maior que a média nacional.
    Outro dado importante é a distribuição de bens e propriedades, onde a Alemanha figura como país mais desigual do bloco europeu, com cerca de 45% da população sem casa própria e 40% sem dinheiro emergencial guardado em bancos.

    Os partidos: União Democrática Cristã (CDU)

    A CDU é o partido mais tradicional da Alemanha pós-Segunda Guerra Mundial. Foi fundada em 1950, pelo chanceler Konrad Adenauer, que aglutinou em torno de si a elite política conservadora alemã. Desde então, a CDU governou em 48 dos 68 anos de sua existência e hoje possui 430 mil filiados. Seu partido irmão é a União Social Cristã – CSU – que existe apenas no estado da Bavária (maior do país) e sempre participa da coalizão de governo junto com a CDU. Merkel foi eleita chanceler pela primeira vez em 2005, formando a “grande coalizão” junto da Social Democracia (SPD). Em 2009, com maior popularidade, foi reeleita e conseguiu uma coalizão “pura” de direita, com o partido liberal FDP. Todavia, em 2013, apesar da CDU conseguir fazer 41,5% dos parlamentares, o FDP não ultrapassou a cláusula de 5% para entrar no parlamento e mais uma vez ocorreu a “grande coalizão” CDU-SPD.

    Atualmente existe uma divisão entre a ala liberal e conservadora da CDU. Do lado liberal está Angela Merkel, que em seus 3 mandatos tomou posições (relativas) pró-imigração, casamento homoafetivo, entre outros temas que tradicionalmente não contavam com apoio do partido (o fato de ela aderir pautas progressistas mínimas – como abrir a fronteira para refugiados que estavam sendo metralhados na Hungria – causa horror ao setor mais reacionário do partido). De outro lado está Wolfgang Schäuble, o carrasco da Grécia que impôs as mais duras chantagens econômicas contra o país em 2015, e passou a organizar uma oposição interna à Merkel após sua política de abertura das fronteiras em 2015. Apesar desta divisão, o programa do partido é consensualmente neoliberal, pró-Agenda 2010 e atrelado à outras pautas conservadoras.

    Por ocasião da abertura das fronteiras, a popularidade de Merkel esteve em seu menor patamar histórico. Foi nesse momento que a AfD (Alternativa para Alemanha) aproveitou para aglutinar em torno de si parte da base racista e xenofóbica da CDU que estava descontente com a política de Merkel. Para reverter esta perda de popularidade, a Chanceler capitulou ao programa de Schäuble e deu uma guinada direitista e conservadora. Este foi o sentido de seu sangrento acordo com a Turquia, que trancafiou 3 milhões de sírios no país, e seu recente apoio à proibição da burka (vestimenta religiosa islâmica). Essa “direitização” do centro ocorre nos países europeus na tentativa de resposta aos novos partidos de extrema direita, como foi o caso de Mark Rutte nas eleições holandesas deste ano. Aparentemente, essa estratégia política vem dando resultados, dada sua recuperação nas pesquisas de intenção de voto: final de 2016 tinha apenas 22% das intenções, a menor sua história, e atualmente tem 37%.

    Partido Social Democrata (SPD)

    O SPD é o mais antigo partido da Alemanha, fundado em 1875, na época dos grandes partidos da Segunda Internacional Comunista. Todavia, seu apoio aos créditos de guerra durante a Primeira Guerra Mundial (1914), a traição aos espartaquistas Rosa Luxemburgo e Karl Liebknecht (1918) e a formação do Partido Comunista Alemão (1919) levaram os revolucionários alemães à abandonarem o SPD. Desde o fim da Segunda Guerra, o partido esteve no governo durante 34 anos dos 68 que passaram desde as primeiras eleições em 1949, sendo apenas em 21 destes como cabeça da coalizão. Atualmente, possui 440 mil filiados e em 2013 fez 25,7% dos votos.
    Historicamente, o SPD teve sempre um programa reformista de conciliação de classes. Ou seja, defendia limitadamente direitos trabalhistas, benefícios sociais, entre outras árduas conquistas dos trabalhadores. Todavia, após a reunificação da Alemanha (1989) o partido abandonou progressivamente a defesa dos mais mínimos direitos sociais. A consequência disto é que desde que Gehrard Schröeder aplicou o pacote neoliberal de reformas trabalhistas – Agenda 2010 – o SPD nunca se recuperou plenamente de sua perda de popularidade e base política.

    A novidade é que, este ano, o candidato Martin Schulz é vinculado à ala mais de esquerda do partido e promete rever a Agenda 2010, retornando ao tradicional programa socialdemocrata de conciliação de classes. Esta virada reformista de Schulz é o que explica a sua ascensão meteórica nas pesquisas de opinião após o anúncio da candidatura. Durante todo o mês de abril, Schulz havia subido 7% nas intenções de voto enquanto Merkel havia descido 6%, gerando um empate técnico. Contudo, sua ascensão foi acompanhada por uma queda posterior, cujas razões ainda não estão claras.

    Muitos argumentam que a migração dos votos novamente na direção de Merkel se deu pelo medo da incerteza que muitos eleitores passaram a ter após o Brexit, a eleição de Trump e a ida ao segundo turno de Marine LePen. Outros colocam que se tratou de má campanha no estado bastião do SPD, a Renânia do Norte-Vestfália. Outros dizem que foi apenas uma ascensão instantânea devido à mudança da candidatura do neoliberal Sigmar Gabriel para o reformista Martin Schulz. Atualmente, o SPD possui apenas 22% das intenções de voto, podendo terminar com votação inferior à sua pior eleição, em 2009, quando fez 23%.

    A Esquerda (Die Linke)

    A Esquerda, chamado também de Partido de Esquerda, nasceu em 2007 a partir da fusão do Partido Socialismo Democrático (sucessor jurídico do antigo partido único da Alemanha Oriental) e a Alternativa Eleitoral para o Trabalho e a Justiça Social (racha à esquerda da socialdemocracia após a implementação da Agenda 2010). Atualmente, A Esquerda conta com 60 mil filiados e nas eleições de 2013 chegou a 8,6% dos votos, tendo direito à 64 cadeiras no Bundestag. Dada a “grande coalizão” entre a CDU e o SPD, A Esquerda figurou nos últimos 4 anos como o principal partido de oposição no parlamento. Nas eleições de 2017 o partido tem 10% das intenções de voto, dando continuidade à tendência de crescimento.

    Seu programa tem fortes traços anticapitalistas apesar de, em certa medida, se limitar ao trabalhismo e justiça social radical, ou seja, não defende reformas estruturais da sociedade capitalista. A candidata da Esquerda ao cargo de chanceler, Sahra Wagenknecht, que nasceu na Alemanha Oriental e se orgulha de ter ficado em casa quando “os proto-fascistas derrubaram o muro de Berlim”, defende o aumento do salário mínimo de 8,84 euros para 12 euros por hora (que redundaria em um aumento de cerca de 500 euros por mês); 75% de impostos para fortunas que ultrapassem 1 milhão de euros; investimento de 100 bilhões em infraestrutura; fim imediato da Agenda 2010; dissolução da OTAN – Tratado da Aliança do Atlântico Norte (aliança militar dirigida pelos Estados Unidos na Europa); fim do papel econômico predatório da Alemanha na União Europeia. Ainda, Sahra é grande crítica ao presidente da Turquia, Erdogan A Esquerda tomou posição contrária à campanha turca em favor do plebiscito pró-Erdogan na Alemanha (existem muitos turcos vivendo na Alemanha que tiveram o direito a votar no plebiscito).

    Contudo, o fato de a maioria de seus votos advirem dos antigos estados da Alemanha Oriental, e que estes estados foram atingidos por grave onda xenofóbica após o ápice da crise dos refugiados em 2015, Sahra defende um programa no mínimo reacionário para os imigrantes. Apesar de não colocar em questão o direito ao asilo político, estabelece distinção entre refugiados políticos e econômico, estipulando um número limitado para a vinda dos segundos. Sahra afirma, abertamente, que seu objetivo com estas declarações é ganhar os votos dos trabalhadores descontentes com os refugiados que estão pensando em apoiar a AfD (partido de extrema direita).

    Desde 2016, A Esquerda participa junto ao SPD e os Verdes da coalizão de governo em Berlim. Apesar das grandes diferenças entre eles, a ascensão da AfD, que no ano passado entrou em todos os parlamentos regionais que disputou, fez com que os três partidos decidissem estabelecer uma coalizão progressista em torno de pautas mínimas como direito à cidade, vinda de refugiados, etc. Em 2014, a mesma coalizão já havia sido composta na Turíngia, embora o estado não se compare em importância à Berlim.

     Partido Verde

    Os Verdes, como são popularmente referidos, surgiram nos anos 80 como institucionalização partidária de movimentos sociais pacifistas decorrentes dos levantes de maio de 68 na Europa. Os principais eixos de seu programa são a proteção do meio-ambiente; o fim das armas nucleares; dissolução da OTAN; não-violência e pacifismo, entre outros. Nos anos 1980, um setor mais conservador que também defendia pautas ambientais rompeu e formou o Partido Ecológico Nacional. A existência de conservadores na fundação dos Verdes se deu porque o partido não tem interesse fundamental nas pautas econômicas dos trabalhadores, mas sim no “pacifismo” e meio ambiente.

    Os Verdes chegaram ao governo pela primeira vez durante as coalizões com a Socialdemocracia entre 1998 a 2005, que levou à crise partidária pela participação da Alemanha nos bombardeios da OTAN em Kosovo em 1999 e o apoio à guerra do Afeganistão em 2001. Agora, com um total de 60 mil filiados, os Verdes estão divididos entre uma ala que se considera “realista”, vinculada ao candidato a Chanceler Cem Özdemir; e outra que se considera mais “fundamentalista”, e defende não compor governos que sejam contra os princípios partidários. Özdemir, na campanha deste ano, defende atuação forte da OTAN no leste-Europeu e um aprofundamento das sanções contra a Rússia; ao mesmo tempo que novas medidas, mais duras, sejam tomadas contra o autoritarismo da Turquia de Erdogan. Nas eleições de 2013 fizeram 8,4% dos votos, totalizando 63 cadeiras no Bundestag. Este ano as previsões se mantiveram na faixa dos 8%

    Partido Livre Democrático (FDP)

    O FDP é o partido mais tradicional da burguesia alemã, ao lado da CDU. Por ser um partido declaradamente elitista, nunca tentou ser majoritário no parlamento alemão, mas sim parte da coalizão interessada em defender os interesses da elite econômica do país. Fundado em 1948, participou de coalizões tanto com a CDU quanto o SPD, e apesar de nunca ter atingido maioria para nomear um chanceler, esteve dentro do governo por 41 anos, mais que qualquer outro partido. Nas eleições de 2013, fez apenas 4,8% de votos e pela primeira vez em sua história ficou de fora do Bundestag. Agora, sob a liderança de Christian Lindner, possui cerca de 10% das intenções de voto e a participação no novo governo é muito provável. Tradicionalmente, o FDP ocupa o ministério das relações exteriores nas coalizões de governo. Isso é relevante nesse caso pois Lindner já manifestou que a Alemanha deve reconhecer a Crimeia como parte da Rússia, muito influenciado pela burguesia alemã que possui fortes negócios com os russos e vem sendo prejudicados pelas sanções dos Estados Unidos contra o país após a anexação da Crimeia em 2014.

    Alternativa para a Alemanha (AfD)

    Fundado em 2013, a AfD era originalmente um partido eurocético de acadêmicos contrários à moeda única europeia e a ajuda financeira que os alemães deram aos gregos após a crise da dívida do país em 2010. Naquele ano, fizeram 4,8% dos votos e não entraram no Bundestag. Todavia, a partir da crise migratória decorrente da Primavera Árabe e que chegou em seu ápice em 2015, a AfD deu um giro xenofóbico e islamofóbico anti-imigração que conseguiu aglutinar em torno de si parte da população contrária à política de abertura de fronteiras executada por Merkel. Desde então, a AfD vem obtendo representação em todos os parlamentos regionais e conta com 10% das intenções de voto para as eleições deste ano, conferindo espaço de representação nacional para a extrema direita nacionalista pela primeira vez na Alemanha desde a ascensão do nazismo.

    Além da saída da União Europeia e uma política econômica ainda mais neoliberal, a AfD tem um programa marcadamente islamofóbico dentro do contexto de entrada de refugiados na Europa advindos de países com maioria muçulmana. Mesmo antes disso, a Alemanha possui grande histórico de vinda de imigrantes muçulmanos para o país, como o caso dos turcos após a Segunda Guerra, que literalmente reconstruíram o país. Entre suas pautas políticas, figura o fechamento das mesquitas, proibição do Al Corão (livro sagrado muçulmano), expulsão dos refugiados e imigrantes que chegaram nos últimos anos, fechamento dos centros de assistência aos refugiados, criação de campos de concentração para refugiados que tentarem entrar no país, etc. A AfD foi o único partido a saudar a eleição de Trump e o Brexit, em 2016, e conta com forte apoio das mídias russas (Sputnik e Rússia Today) e de empresários vinculados ao governo russo.

    Possíveis coalizões

    A grande coalizão, CDU-SPD, é uma das alternativas possíveis para estas eleições, tal qual já ocorreu outras vezes na história recente. Porém, o SPD avalia que sua perda de popularidade se deveu em parte às coalizões com a CDU; e caso não faça uma boa votação como as pesquisas vêm apontando (22%), a presença no governo seria menor que anteriormente e cara em termos políticos. Dada a oscilação do SPD, a preferência de Merkel é uma coalizão CDU-FDP, que possuem bastante afinidade programática. Contudo, para isso ocorrer, a CDU deve fazer mais de 40% dos votos ou o FDP fazer mais de 10% para totalizar 50% + 1 das cadeiras parlamentares. Caso isso não ocorra, Merkel também considera estabelecer uma coalizão CDU-FDP-Verdes. Apesar de esta coalizão ser inédita ela não deixa de ser impossível, dado que os Verdes há muito abandonaram seu radicalismo originário, em particular o atual candidato Cem Özdemir.

    Do lado da esquerda, é possível que a coalizão SPD-Esquerda-Verdes, que atualmente governa Berlim, se coloque de forma inédita em nível nacional. Todavia, isto implicaria uma abrupta ascensão desses três partidos na reta final da campanha, o que é improvável dada a atual tendência de estagnação do SPD e limite dos 10% da Esquerda e os Verdes (com as atuais intenções de voto, os três somam apenas 40% do Bundestag). Se após as eleições de 2013 os três somavam 311 das 630 cadeiras, ou seja, quase o suficiente para coalizão, o rechaço mútuo entre A Esquerda e o SPD impossibilitaram qualquer diálogo. Agora, com a entrada do FDP e AfD no parlamento fica mais difícil que em 2013 que os partidos consigam as cadeiras necessárias para repetir a coalizão Vermelha-Vermelha-Verde de Berlim. Ainda, todos os partidos afirmaram que em hipótese alguma estabelecem unidade com a AfD (mesmo a CDU e o FDP), apesar de que sua possível votação de 10% já a inclui no rol dos principais partidos nacionais.