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Resolución Política Mundial del Encuentro Internacional del MAIS (Brasil) y MAS (Portugal)

 

.Un periodo de inestabilidad marcado por la crisis económica, choques geopolíticos, ofensiva imperialista y la resistencia de las masas.

1.- La restauración del capitalismo en Rusia, el este europeo, China y Vietnam, allanó el camino para una poderosa ofensiva del capitalismo, iniciada ya antes, bajo el liderazgo de Reagan y Tatcher. El imperialismo conquistó posiciones en el terreno político, económico y militar. Pero también avanzó sobre la conciencia de los trabajadores y sus organizaciones, empujando a las fuerzas socialistas y a las organizaciones de los trabajadores –cuyas direcciones no estuvieron a la altura-, hacia posiciones muy defensivas. Avanzó la ideología del fin de la historia, del capitalismo como único sistema socioeconómico viable. Se afirmó el proyecto de un mundo “unipolar” comandado por el imperialismo norteamericano, secundado por los socios europeos y japonés.

2.- El final del siglo XX y los primeros años del nuevo milenio ya presagiaban nuevos tiempos. Las crisis económicas regionales que marcaron el final de los años 90 y que desembocaron en la explosión de la burbuja de internet, ya señalaban un punto de inversión de la etapa abierta en los años 90, marcada por la hegemonía indiscutible norteamericana y la expansión del imperialismo. Al mismo tiempo, una renovación del movimiento de masas anunciada por el movimiento antiglobalización y una reanudación general de las luchas, culminó en procesos revolucionarios en América Latina y en una resistencia a la ofensiva militar en Oriente Medio que marcaron los primeros años del siglo XXI. Con la derrota de la ocupación imperialista en Irak y Afganistán en 2005, y la última crisis capitalista, después de 2007-08, se abrió un nuevo momento.

3.- A través de una inyección masiva de dinero público en el corazón de la economía capitalista, se evitó un crash global, similar al ocurrido en 1929. La Reserva Federal norteamericana salvó el sistema financiero y a las grandes multinacionales, con grandes sumas de dinero público. El Gobierno chino puso en marcha un plan de obras públicas de proporciones gigantescas para garantizar el aterrizaje suave de la economía china. El Banco Central Europeo continúa, al menos hasta finales de 2017, inyectando 60.000 millones de euros al mes en los mercados financieros. La caída vertical de la economía mundial ganó así un paracaídas salvador.

Aún así, la crisis no fue totalmente sofocada: se abrió un período de impasse económico y crecimiento anémico en las principales economías, que se conoció como la “gran recesión” o “larga depresión”. Pasados ​​casi diez años de la crisis financiera global, la economía norteamericana vive hoy un ciclo de crecimiento prolongado, pero de tasas modestas. Las economías de Europa y China parecen seguir esta tendencia, aunque sin bases sólidas para progresar. Sin embargo, el nuevo y modesto ciclo de crecimiento parece anclarse en las mismas bases frágiles que llevaron a la crisis anterior: financierización de la economía, sistemas bancarios sin provisiones sólidas, retorno de importantes burbujas especulativas a escala internacional y nacional. No se introdujeron cambios tecnológicos, en la división internacional del trabajo o grandes inversiones que puedan inaugurar un nuevo ciclo de expansión sostenido. Es el FMI quien alerta sobre el aumento de los conflictos entre los estados, la contracción del comercio mundial y la ausencia de un plan a mediano plazo por parte de los principales líderes imperialistas, en particular la Casa Blanca, como amenazas sobre la economía global. Todo indica que, además de un pico ascendente coyuntural, las profundidades de la economía capitalista mantienen todas las contradicciones que llevaron a la crisis anterior, prometiendo así lanzar más leña en al fuego de la lucha de clases.

4.- La combinación entre la profunda crisis capitalista global -la primera desde la restauración capitalista en el Este-, así como la respuesta de la clase trabajadora y del movimiento de masas, abrió la posibilidad de revertir la etapa defensiva iniciada a principios de los años 90. La brutal ofensiva del imperialismo para hacer que los trabajadores y los pueblos paguen por la crisis, inauguró un periodo de luchas, revueltas y procesos revolucionarios. La primavera árabe, el ascenso de las luchas de los trabajadores europeos, los movimientos de “Indignados” y “Occuppy”, las jornadas de lucha de 2013 en Brasil y Turquía fueron algunas de las expresiones más agudas de la respuesta de las masas.

Así, en varias regiones del globo, la posibilidad de lograr victorias estratégicas e invertir la correlación de fuerzas fue real. En algunos momentos y regiones, como en el Norte de África, la cuestión de quién gobierna -la cuestión del poder- llegó a estar objetivamente planteada. Las movilizaciones masivas en varios países europeos y las numerosas huelgas generales -en Grecia, en el Estado español, en Portugal, y más recientemente en Francia, colocaron la posibilidad de frenar los planes de austeridad. El ascenso electoral de una nueva izquierda antiausteridad, en Europa y no solo con el éxito de Podemos, el Bloque de Izquierda y, sobre todo, de Syriza, abrieron la perspectiva de una salida progresiva de la crisis del euro y de la Unión Europea.

5.- Sin embargo, ninguno de estos conflictos estratégicos se resolvió de forma favorable para los trabajadores. Es cierto que para ello pesaron las limitaciones heredadas del retroceso post este: poco protagonismo de la clase trabajadora organizada, retroceso en la conciencia y falta de un horizonte socialista, incluso al nivel de la vanguardia. Pero la verdad es que la fuerza progresiva de las movilizaciones y la radicalización no fueron aprovechadas por los líderes y organizaciones que dirigieron estos procesos.

Las principales direcciones sindicales no impulsan la unificación y la radicalización de las luchas para derrotar a los planes de ajuste, llevando a la división y al desgaste de los trabajadores. Las fuerzas de izquierda, muchas de ellas que, apoyadas en esta ola de luchas, multiplicaron sus resultados electorales y la representación institucional, tampoco pudieron apuntar a un camino de ruptura ni siquiera con los planes de austeridad. El ejemplo más grande es el gobierno de Syriza, en Grecia. Así como su victoria electoral abrió una perspectiva de ruptura con la dictadura financiera de la UE y del euro, que entusiasmó a los trabajadores de toda Europa, su capitulación allanó el camino para el actual momento defensivo.

El programa “mínimo”, de superación de los planes de austeridad en los marcos del capitalismo y de la UE, falló precisamente porque termina en los límites de la propiedad privada e impide las medidas básicas para una superación de la crisis favorable a los trabajadores: nacionalización de la banca, control de capitales, no pago de la deuda, etc. La mayoría de la vanguardia aún no ha sacado las debidas conclusiones y la mayoría de la izquierda europea abre camino a nuevas desilusiones, alimentando esperanzas en alianzas con la socialdemocracia, siguiendo el modelo de la “Jerigonza” portuguesa.

El impasse de la economía capitalista genera un aumento de los conflictos geopolíticos

6.- La incapacidad del imperialismo para revertir de forma sostenida la crisis económica de 2007-2008 llevó a que se abriese todo un período de inestabilidad política, polarización social y tensiones geopolíticas crecientes. Estamos ante una nueva realidad. El Orden Mundial de Estados, heredado de la Segunda Guerra Mundial y, en particular, del final de la Guerra Fría y de la restauración capitalista, se muestra incapaz de responder a las necesidades del capital. El agotamiento del orden tendencialmente unipolar, basado en el dominio norteamericano secundado por la Unión Europea y Japón, se vuelve patente. Nuevos y viejos actores buscan ganar espacio entre las brechas abiertas por la crisis.

China, apoyada en dos décadas de acumulación de excedentes y en una reserva de mano de obra casi interminable, disputa cada vez más abiertamente el dominio comercial, militar y político, sobre el sur del Pacífico, el Índico, así como en partes de África, su peso financiero se extiende hasta los eslabones más débiles de la economía europea, como Grecia o Portugal.

Rusia, sin el peso económico y comercial de China, se apoya en su ubicación geoestratégica, en su poderío militar heredado del período anterior y en el control que tiene sobre importantes recursos energéticos. El plan de Putin es restaurar el control regional que en todo recuerda al de los zares.

Alemania da señales de enamorarse de una autonomía mayor frente a la Casa Blanca, sobre todo desde que esta fue ocupada por Trump, aunque ya venía de una serie de guerras comerciales con la administración Obama. Las restantes potencias europeas, Gran Bretaña y Francia, oscilan entre una reacción nacional-imperialista y una contemporización europeísta, frente al refuerzo del poder alemán. Hace pocos años, era la resistencia de los trabajadores del sur de Europa que ponía en cuestión la estabilidad de la UE. Hoy son las contradicciones entre los principales estados y sus burguesías quienes lo hacen.

En Oriente Medio, las tensiones entre Irán, Arabia Saudí y Turquía, expresan, por un lado, el surgimiento de nuevos actores que buscan ganar influencia regional, pero también la disputa por el poder entre Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia. Al mismo tiempo, avanza una ofensiva para subyugar aún más los países y continentes semicoloniales, desde el Sur y el Este de Europa a América Latina, pasando por África. En América latina es evidente la ofensiva del imperialismo para reducir a un nivel de subyugación absoluta a los países que en el período anterior, apoyados en el crecimiento de la exportación de commodities, ensayaron algunas políticas desarrollistas, o sea, donde la burguesía nacional procuró expandir su influencia. El escenario de casi guerra civil en Venezuela demuestra cómo los sectores más reaccionarios están dispuestos a utilizar todos los medios para terminar con el nacionalismo burgués e imponer gobiernos de pura sangre proimperialista.

El telón de fondo en términos geopolíticos de la intensificación de los conflictos entre los Estados es la decadencia relativa del poderío norteamericano, cuya hegemonía venía declinando hace mucho, pero que dio un salto con la derrota del proyecto para “Un nuevo siglo americano” en los campos de batalla de Irak y Afganistán, impulsado por la Administración Bush y la crisis de 2007-08, nacida en Wall Street.

7.- Aunque hay un agotamiento y crisis aún no está claro si va a abrir o no un nuevo orden mundial entre los estados o si asistimos a una remodelación del existente. Las diversas burguesías nacionales luchan entre sí y se dividen internamente en fracciones, unas, adeptas a la intensificación de la globalización neoliberal como salida a la crisis, otras, defensoras de salidas autárquicas, nacional-imperialistas. La situación política mundial y de los principales países oscila abruptamente, conforme a los avances de uno u otro sector.

En la arena mundial, Trump se propuso inaugurar un nuevo momento de ofensiva del proyecto nacional-imperialista de dominio norteamericano. China, a su vez, se reubicó, como el nuevo paladín de la globalización y la expansión del comercio, convirtiéndose al “capitalismo verde” de los acuerdos de París. La Alemania de Merkel hace coro con China, contra Trump y Teresa May, identificados con soluciones más autárquicas y, en esa perspectiva, prepara un nuevo ciclo de integración europea, en el terreno financiero, social y militar. Contra la solución “Trumpista”, encarnada en Marine Le Pen que intenta también la derecha tradicional, en Francia fue concebido el gobierno Macrón, como la encarnación total del llamado “extremo-centro”.

8.- El nuevo momento de conflictos geopolíticos y disputas en el orden mundial de estados es la expresión, en la cima de la superestructura mundial, de las turbulencias económicas más profundas. Al contrario de lo que anunciaban los más diversos profetas, la globalización no podía superar la contradicción entre la expansión sin fronteras de la economía moderna y el carácter nacional de los estados y sus clases dominantes. Por el contrario, en el momento de su decadencia, esta expansión capitalista sin precedentes, acentúa esta contradicción entre el carácter internacional de las fuerzas productivas y las fronteras nacionales, la misma que originó las mayores catástrofes militares del siglo XX. Aparentemente, el siglo XXI no se liberó de ese peligro. Para parte de las burguesías nacionales, incluso imperialistas, la apertura global de los mercados y la circulación sin límites del capital, ya no es provechosa. Esto es lo que genera las tendencias nacionalistas y nacional-imperialistas, que buscan acuerdos comerciales y arreglos militares por iniciativa e interés propio, por fuera de los grandes acuerdos entre potencias. Para otro sector, por el contrario, es necesario profundizar la internacionalización de capitales, la desregulación y reforzar los grandes acuerdos internacionales que abren esta posibilidad: la UE, los Acuerdos de París, el CETA, etc. A su vez, todos se refuerzan militarmente. Además de las tensiones que se mantienen en Ucrania y Siria, hay una “guerra fría” en el Mar del Sur de China y en la península de Corea, en esta última que involucra el peligro nuclear.

9.- Los reajustes y las tensiones en las clases dominantes expresan la disputa por un proyecto, una dirección y una jerarquía de alianzas imperialistas que pueda dar una respuesta al largo impasse económico. Los de arriba no logran gobernar como antes, y no tienen acuerdo sobre la nueva forma de hacerlo. Esta afirmación, sin embargo, es relativa. El capitalismo no puede proseguir con un modelo de acumulación mínimamente estable sin una ofensiva furiosa sobre los trabajadores y los pueblos. Una nueva ofensiva económica sobre la clase trabajadora está en marcha, al mismo tiempo que un ataque a la soberanía de naciones enteras. Sobre esto no hay divergencias entre las diversas alas del imperialismo. Este ataque reviste una ofensa cada vez más dura sobre los sectores oprimidos, mujeres, LGBT, negros e inmigrantes. La ofensiva sobre el medio ambiente también forma parte de los planes de todos los sectores imperialistas, independientemente de la posición que tengan sobre tratados como los acuerdos de París. Sin aplastar los derechos laborales y democráticos de los trabajadores y de los pueblos, sin un avance predador sobre el planeta, el capitalismo no puede recuperar el punto de equilibrio perdido. Si alguna de las fracciones imperialistas en disputa logra unificar las principales potencias bajo un plan y un liderazgo sólido, el ataque, ya hoy en curso, se tornará aún más intenso, por lo que es esencial para la clase trabajadora y los revolucionarios trabajar para aprovechar la división entre los de arriba en el sentido de conquistar posiciones hacia los de abajo.

Una nueva situación defensiva

10.- Pasado el período de mayor ascenso entre los años 2011 y 2014, ya el año 2016 que culminó con la elección de Trump, fue marcado por el refuerzo de las tendencias más reaccionarias de la situación mundial, en particular por el refuerzo de los sectores defensores de salidas más autoritarias, xenófobas y nacionalistas. Una serie de acontecimientos políticos marcó esta tendencia: el Brexit, aunque contradictorio en la base fue capitaneado por la extrema derecha y se apoyó en el crecimiento del nacionalismo y la xenofobia; el refuerzo de las medidas xenófobas y de seguridad de los principales gobiernos europeos, como respuesta a la ola de atentados terroristas y a la crisis de los refugiados; el refuerzo electoral y político de la extrema derecha europea; el aplastamiento de Alepo por el gobierno sirio, apoyado directa y abiertamente por Rusia; el impeachment de Dilma en Brasil y la ofensiva sobre los derechos de los trabajadores en Brasil y Argentina; la reanudación de la ofensiva contrarrevolucionaria en Venezuela tras la victoria de la oposición de derecha en las legislativas a finales de 2015; el golpe y el contragolpe en Turquía, llevando a la bonapartización total del régimen turco.

Así, todos los principales acontecimientos políticos tensionaron las relaciones entre los estados hacia la derecha, reforzaron las tendencias xenófobas y nacionalistas. En países como Estados Unidos o el Reino Unido, la derecha más conservadora y xenófoba ha logrado movilizar electoralmente a los sectores medios y a la aristocracia obrera descontenta, hacia programas reaccionarios y nacionalistas. En Brasil y Turquía, los sectores más conservadores lograron apoyarse en la movilización de sectores de masas para operar variantes de golpes institucionales e imponer una correlación de fuerzas más desfavorable al movimiento de masas. En Venezuela, aún hoy está en marcha una operación del imperialismo para imponer una contrarrevolución.

Sin embargo, a la par de estas tendencias que marcaron el año 2016, elementos de signo contrario ya se hacían sentir. La poderosa ola de huelgas que barrió Francia en la primavera de 2016 contra la reforma laboral; el refuerzo de las alternativas electorales de izquierda, la radicalización de amplios sectores de la juventud norteamericana en torno a la campaña de Bernie Sanders, junto con las luchas contra la violencia policial protagonizada por el Black Lives Matters; la huelga general india, considerada como la mayor de la historia, entre otros elementos, daba señales de una resistencia creciente. Se hizo evidente una tendencia a la polarización social y política. Los principales acontecimientos de 2016 mostraban, entretanto, que entre los dos polos en disputa, era el más reaccionario el que se fortalecía. No obstante, como se reveló de forma más abierta a principios de 2017, el tablero de fuerzas en lucha es más complejo y volátil. Las señales de crecimiento de la resistencia y de las tendencias a la izquierda también tendrían que ser tenidas en cuenta.

Resistencia de las masas y reequilibrio de los choques interburgueses

11.- Si en 2016 la llegada de Trump a la Casa Blanca se mostró como el ápice de un giro a la derecha en la situación mundial, en 2017 se abrió una nueva coyuntura. La resistencia de masas de que fue acompañada anunció que las reservas del movimiento de masas estaban lejos de estar agotadas. En los primeros 100 días de gobierno, Trump tuvo que enfrentarse a tres imponentes movilizaciones, un escenario inédito en la política norteamericana. El día de su toma de posesión, en el día internacional de la mujer trabajadora y cuando la Marcha del Pueblo por el Clima, las calles de Estados Unidos -y de varios países del mundo- se llenaron contra la ofensiva protagonizada por el nuevo presidente norteamericano. Las movilizaciones del día de la toma de posesión, protagonizadas por mujeres, y la lucha contra el machismo de Trump, en particular, fueron consideradas entre las mayores manifestaciones callejeras de la historia de Estados Unidos y compusieron un movimiento internacional, que en varios países o regiones se combinó con huelgas y paralizaciones. El hecho de que el Partido Demócrata y la oposición burguesa a Trump alentaran y abrieran espacio para la salida a la calle de millones de personas, no puede hacernos perder de vista que este fue un genuino movimiento de masas altamente progresivo. Por otra parte, la combinación contradictoria entre la resistencia de masas y las articulaciones de los sectores tradicionales de la burguesía, del llamado “extremo-centro”, narcó la situación política mundial en varios países en los últimos meses.

La verdad es que el refuerzo de las tendencias más reaccionarias y de la ofensiva de diversos gobiernos cada vez más a la derecha despertó en varios países una resistencia en las calles y en las urnas. Movilizaciones y huelgas contra la austeridad y en defensa del Servicio Nacional de Salud marcaron la situación en el Reino Unido. En Estados Unidos, tras las movilizaciones, surge una nueva vanguardia, que refuerza a los partidos de izquierda. En Cataluña 300.000 personas salieron a la calle en defensa de los refugiados y se acentúa el conflicto con el Estado español, con un referéndum por la independencia fijado para octubre. En Brasil, Argentina y Chile, la clase trabajadora, a través de sus métodos y organizaciones tradicionales, se movilizó masivamente para resistir los ataques. En estos diversos procesos de movilizaciones, asistimos a un peso cada vez mayor de los sectores oprimidos, en particular de las mujeres, a medida que las banderas democráticas, contra el machismo, el racismo, la LGBTfobia o la autodeterminación. Al mismo tiempo, en varios procesos, sobre todo como reacción a los ataques económicos de varios gobiernos, la clase obrera, con sus métodos y organizaciones, comienza a postularse como protagonista de la resistencia.

En el terreno electoral, nuevas alternativas de izquierda polarizan las elecciones en países centrales como Francia y el Reino Unido, con Melenchon y Corbyn, en particular este último, con posibilidades de vencer unas eventuales nuevas elecciones en breve. De distintas formas, el refuerzo de estas y otras alternativas de izquierda -Bernie Sanders, Podemos, Bloque de Izquierda- expresa, en forma distorsionada, la búsqueda de un tercer campo, que represente a la clase obrera y el movimiento de masas contra los partidos tradicionales y, contra las soluciones nacionalistas y de extrema derecha. Sin embargo, son las propias direcciones de estos nuevos partidos de izquierda que, por los límites de sus programas, tienden a retrasar este proceso, privilegiando una política de colaboración de clases que no invalida que expresen el giro a la izquierda de parte de los trabajadores y la juventud. De todos modos, en varios países, está planteada la posibilidad de unir los diversos frentes de la resistencia, avanzando en la tarea de transformarlo en una ofensiva de los trabajadores y sectores oprimidos contra el aumento de la explotación y la opresión.

12.- Mientras los de abajo empiezan a ponerse en marcha, como despertados por la audacia y la agresividad de los sectores más reaccionarios del capital, en las alturas también los equilibrios se alteraron. Los gobiernos mundiales, así como de las diferentes alas del imperialismo, coinciden con la necesidad de una profunda ofensiva sobre los trabajadores y los pueblos. Pero se degladan sobre el proyecto a aplicar. Si en 2016 los sectores nacional-imperialistas y más a la derecha estuvieron con la iniciativa, en 2017, los sectores tradicionales, los partidos de centroizquierda y centro derecha de los países centrales, las cortes burocráticas de organizaciones como la UE y las Naciones Unidas, FMI y todo el “establishment” imperialista, entraron en acción para frenar las fuerzas centrifugas que se expresaron en la elección de Trump o en acontecimientos como el Brexit. Por mayor que sea el impasse a que llegó el actual orden mundial y el modelo capitalista neoliberal, los sectores que lo encabezaron no están dispuestos a abdicar de él. Se apresuran a cambiar algo, para que todo quede en la misma.

En las elecciones francesas, con la invención del candidato Macron, ahora presidente francés, fue donde la agenda del “extremo-centro” se expresó más abiertamente. Contra la amenaza de la extrema derecha y de la polarización a la izquierda, la burguesía abdica de sus representantes tradicionales en favor de una nueva formación, con un perfil renovado, con el programa de profundizar las políticas neoliberales y la globalización. Una fuga hacia delante, que la Canciller alemana también abraza. Esto sin que ni Macrón ni Merkel excluyan a la extrema derecha, apropiándose de su agenda islamofóbica, LGBTfóbica y de seguridad.

El ciclo de elecciones consideradas peligrosas -en Holanda, Francia y el Reino Unido- ya casi terminó, faltando las elecciones alemanas al final de año. El frente constituido por los principales sectores del capital europeo para frenar a la extrema derecha, combinado con el desplazamiento de sectores hacia la izquierda, reequilibró temporalmente el espectro político europeo sin que la extrema derecha accediera a ningún gobierno. Sin embargo, si esta fue la marca de los últimos meses -el refuerzo relativo del centro político-, es muy probable que pronto se vuelva a expresar la polarización a la izquierda y a la derecha, en el terreno electoral, pero no solo ahí.

13.- En Estados Unidos, la resistencia del establishment a Trump no se hizo esperar y marcó puntos importantes. Las decisiones del Supremo Tribunal Federal, los escándalos relacionados con Rusia, la guerra abierta entre la Casa Blanca y el FBI, así como la crítica despiadada de la prensa contra Trump, son señales de un juego de presiones para encuadrar al nuevo presidente dentro de la política externa tradicional norteamericana. No es sólo el Partido Demócrata el que trabaja en ese sentido, sino, sobre todo, el ala tradicional del Partido Republicano. El cerco parece haber surtido efecto. El bombardeo de una base rusa en Siria, aunque limitado y simbólico, y el ataque de una supuesta base terrorista en Afganistán, dieron señales de un retorno a la política exterior de los halcones norteamericanos.

El viaje del presidente norteamericano a varios países a finales de mayo parece confirmar el regreso a la orientación tradicional de los republicanos, implementada en los gobiernos de George Bush. Trump retrocedió en sus bravatas sobre el final de la OTAN y asumió en Oriente Medio una postura de proximidad frente a Arabia Saudita, hostil al eje Irán-Hezbolá, abandonando su postura abstencionista frente a Oriente Medio. El conflicto entre Arabia Saudí y Catar, iniciado poco después de la visita de Trump, puede ser el disparador para el regreso de una política de intervención militar abierta en Medio Oriente. Al mismo tiempo, el anuncio del fin del acuerdo entre Estados Unidos y Cuba y la escalada de las tensiones con Corea del Norte, así como el distanciamiento frente a Putin, también anuncian un regreso al alineamiento tradicional republicano.

14.- La situación sigue siendo inestable y las incertidumbres son muchas. Por un lado, Trump se mantiene fiel a parte de su agenda original, como la oposición a los Acuerdos de París y otros tratados internacionales, así como el apoyo a un hard Brexit, ahora más difícil de suceder. Sin embargo, aunque pueda acarrear cambios importantes en los escenarios políticos internacionales, una eventual adaptación de Trump a la política exterior tradicional de los republicanos en nada significa una desaceleración de la ofensiva sobre los trabajadores y los pueblos. Por lo contrario. El regreso de las intervenciones imperialistas a gran escala en Oriente Medio puede volver al orden del día. También la ofensiva sobre los países latinoamericanos y en particular a Venezuela y su derecha golpista, tiende a reforzarse, como lo señala el retroceso frente a Cuba. La gran incógnita, sin embargo, se mantiene: se trata de las relaciones entre EEUU y Rusia y, sobre todo, entre EEUU y China. Este brazo de hierro, sobre todo con China, será decisivo para definir hacia dónde transita el orden mundial de estados, si para un escenario de algunas alteraciones importantes o si para una remodelación total, que solo se puede dar a través de un agravamiento de los conflictos indirectos y directos, políticos, comerciales y militares, entre las principales potencias.

15.- Es, por lo tanto, sobre este escenario de inestabilidad y polarización social que los revolucionarios tendrán que actuar. Se trata de un momento de transición, donde importantes rasgos centrales de la dominación imperialista de las últimas épocas están cuestionados y pueden ser alterados. Los diferentes estados, principalmente las potencias mundiales y regionales, miden fuerzas a través de una serie de choques. En el seno de cada burguesía nacional también se chocan distintos sectores, divididos sobre el camino a seguir para recuperar las tasas de ganancia. Al mismo tiempo, vivimos bajo una fuerte ofensiva del capital y en la que surge una resistencia cada vez mayor, protagonizada por la clase obrera y los sectores oprimidos. La combinación de estos elementos genera cambios súbitos en la situación política, guiados a la izquierda y a la derecha. A escala internacional y de cada país, la lucha de clases se desdobla en una serie de situaciones y coyunturas particulares en las que la correlación de fuerzas entre las clases oscila, a veces para el lado de los trabajadores, y a veces se recupera del lado del capital. Los escenarios de crisis más aguda -Brasil, Venezuela, pero también, a su escala, EEUU, Reino Unido y Francia- nos muestran una burguesía dividida. Cuando la resistencia de los trabajadores se refuerza, la lucha contra los gobiernos y sus ataques marca el escenario político. Pero otras veces, duros enfrentamientos entre fracciones burguesas polarizan la vida nacional de los países, dejando a los trabajadores y al pueblo pasivos, expectantes, siendo disputados por las fracciones burguesas en lucha.

Un programa de transición para pasar de la resistencia a la ofensiva

16.- En este escenario, el papel de los revolucionarios es, en primer lugar, ayudar a poner a la clase trabajadora en marcha, contra los gobiernos y sus ataques y contra todas las expresiones de la ofensiva imperialista, de las oposiciones burguesas, de los sectores de extrema derecha y del imperialismo. Es esencial colocar el movimiento de masas en marcha, con la clase trabajadora a la cabeza, para que sea protagonista de la lucha de clases de cada país. Las tácticas unitarias para la movilización se vuelven, por lo tanto, particularmente importantes, para unir a todos los sectores en lucha. Combinar las luchas democráticas con la resistencia contra los ataques económicos y el recorte de derechos es también una tarea central para unir a todos los explotados y oprimidos contra la ofensiva imperialista.

  1. La situación defensiva que vivimos, pero al mismo tiempo los avances de la resistencia de los trabajadores, pone de relieve la táctica del frente único. Es necesario exigir a las principales direcciones de los trabajadores y del movimiento de masas en cada país que se unan para luchar contra los ataques del capital y levantar un programa de los trabajadores. Levantar en cada país un poderoso bloque de los trabajadores, independiente de los diversos bloques burgueses, puede ser decisivo. Esa responsabilidad debe ser apuntada a las principales organizaciones de izquierda y sindicales.

18.- La unidad de acción también gana una importancia mayor, al servicio de potenciar las movilizaciones de masas, poniendo en acción la más amplia unidad, aunque puntual, incluso con sectores burgueses, por reivindicaciones concretas. Unir a los trabajadores y los sectores oprimidos contra los planes de ajuste, las contrarreformas neoliberales, la amenaza a las conquistas democráticas y todo intento de golpes y retrocesos, es una tarea central en el momento actual. Lo mismo debe servir para combatir la xenofobia, el machismo, la LGBTfobia, en defensa de los inmigrantes, la naturaleza y el medio ambiente.

Los eventos como las manifestaciones y huelgas por todo el mundo el día de la Mujer Trabajadora o la Huelga General de 28 de abril en Brasil, son demostraciones concretas del potencial de la unidad de acción y del Frente Único. Si la batalla por la movilización unitaria de los trabajadores comienza en el terreno nacional, puede y debe elevarse al terreno internacional. Las grandes jornadas de lucha internacional ya han mostrado su potencial y también las grandes cumbres internacionales, como el G20, deben servir cada vez más para acciones de masas unitarias contra los ataques de los gobiernos. Al igual que el ascenso de la extrema derecha, aunque aparentemente frenado en los últimos meses, debe ser enfrentado con grandes movilizaciones unitarias, con desdoblamientos específicos en el terreno de las tácticas. A la par con los nuevos movimientos sociales, de oprimidos, ambientalistas y otros, las organizaciones tradicionales de la clase obrera, los sindicatos en particular, son el punto de apoyo particularmente importante para unir a todos los explotados y oprimidos.

19.- Los procesos electorales tienden a expresar cada vez más la polarización social y la inestabilidad política, muchas veces disputadas entre alas burguesas que se oponen violentamente. Los trabajadores necesitan construir una alternativa independiente también en este terreno, por lo que se torna esencial construir un tercer campo, que se oponga a las múltiples fracciones burguesas. Esto implica, necesariamente, trabajar para lograr acuerdos y frentes entre las varias organizaciones de la izquierda radical. Si en el seno del conjunto de las fuerzas de izquierda en la mayoría de los países, los revolucionarios son a menudo minoritarios, eso no significa abdicar de la lucha por un programa anticapitalista. Por el contrario, la polarización social que se expresa en diversas elecciones, abre espacio para que en un proceso electoral, un programa anticapitalista que apunte a una perspectiva socialista, pueda alcanzar auditorios amplios.

20.- Unir, extender y radicalizar la resistencia de los trabajadores y de los pueblos contra la ofensiva capitalista, es hoy la tarea central. Al mismo tiempo, en las luchas o en las elecciones, es necesaria, más que nunca, la defensa de un gobierno de los trabajadores que una a los explotados y oprimidos como una alternativa a los gobiernos burgueses “normales” y a los gobiernos populistas de izquierda y de colaboración las clases. Al mismo tiempo, la actual crisis de los acuerdos, tratados y uniones económicas y políticas construidas sobre la base de la globalización neoliberal como el TLCAN, el Mercosur, la Unión Europea, etc., ponen en el orden del día el proyecto de una unión libre de las naciones y los pueblos. Sólo un programa socialista, independiente de cualquier gobierno y partido burgués, por más de izquierda, nacionalista o populista que se presente, puede ayudar a los trabajadores a pasar a la ofensiva y apuntar hacia la superación del orden mundial imperialista decadente.

– ¡Contra todos los planes de austeridad, privatizaciones y precarización de los derechos laborales en todo el mundo!

– ¡Contra la dictadura de las deudas! ¡Por la suspensión y auditoría del pago de las deudas al imperialismo y sus bancos! ¡Por un frente de los países endeudados, contra el saqueo imperialista!

– ¡Contra los ataques de los gobiernos a los derechos de las mujeres y de las trabajadoras en particular! ¡Contra el machismo y los feminicidios!

– ¡Contra la violencia de estado sobre las poblaciones negras! ¡Contra las leyes islamofóbicas! En defensa de la acogida de los refugiados: ¡nadie es ilegal! ¡Contra la xenofobia, el racismo y la extrema derecha!

– ¡Contra la LGBTfobia! ¡Contra la violencia y los asesinatos de LGBT’s! ¡Por el fin de toda la legislación discriminatoria de las LGBT’s!

– ¡Contra las guerras y agresiones imperialistas, por el fin de la carrera armamentista, por el fin de la OTAN!

– ¡Por la defensa del medio ambiente, por medidas reales de todos los gobiernos para frenar las emisiones de carbono, la energía nuclear y la destrucción de los ecosistemas!

– ¡Por un orden mundial solidario, justo y socialista! ¡Por el fin de todos los tratados de agresión y subordinación económica! ¡Por la autodeterminación y el derecho de los pueblos a la independencia!

– ¡Por gobiernos de los trabajadores que salven a los pueblos y no a los bancos!