Brasil – Después del 7 de septiembre y los desafíos de la izquierda

@tiago_calmon

Esquerda Online, editorial, 10-9-2021
Traducción de Correspondencia de Prensa, 11-9-2021

 

El gobierno de Bolsonaro se ha debilitado en los últimos meses política y socialmente, pero el fascismo mostró sus dientes el martes. Se está preparando para un intento de golpe, porque sabe que lo más probable es su derrota electoral. El país está en peligro: todas las libertades están amenazadas. Es posible derrotar y derrumbar a Bolsonaro. Para ello, es imprescindible la realización de una gran y plural manifestación democrática de masas en el país, que demuestre que la inmensa mayoría de nuestro pueblo quiere el fin de este gobierno de destrucción y muerte. Estamos ante un momento histórico en el país. Sólo con la lucha podemos ganar.

Bolsonaro demostró fuerza

Nunca antes en la historia del país se había preparado tan bien un acto fascista. El gobierno federal, el presidente, el empresariado bolsonarista, los asesores de Trump, los pastores mafiosos, todos ellos y otros delincuentes más, trabajaron duro (y con mucho dinero) durante dos meses para llevar a cabo el acto golpista. No hubo golpe de Estado como algunos predijeron, ni se dieron las condiciones para ello. No hubo insurrección de las Policías Militares y el Ejército, ni tampoco enfrentamientos sangrientos, como algunos afirmaron, sembrando el pánico. Pero Bolsonaro sí consiguió poner en la calle a cientos de miles de personas en grandes manifestaciones, especialmente en San Pablo, Brasilia y Río de Janeiro.

De hecho, demostró capacidad de combate, acumulando fuerzas. Se trata de un gobierno cada vez más aislado y desgastado en la sociedad (en todas las clases sociales). Pero Bolsonaro ha demostrado que es capaz de movilizar al segmento de masas que lo apoya. Sabemos que es una minoría social, pero es una minoría significativa, de millones. Una minoría de las masas dispuesta a seguir a un líder fascista en la lucha es un peligro enorme, no lo subestimemos. Y el peligro se hizo mayor después del 7 de septiembre, no nos engañemos. Bolsonaro no tiene las condiciones para un golpe victorioso en ese momento, como se evidenció el martes, pero está preparando a su tropa de fanáticos para ese objetivo. En ese sentido, obtuvo una victoria con su acto fascista de masas.

Dos días después del acto, Bolsonaro firmó una carta escrita por Michel Temer en la que hizo un movimiento táctico, echando agua al fuego. Fue un retroceso de forma humillante, que produjo crisis y confusión en su base de apoyo más radicalizada. Ante la presión de los grandes empresarios, atemorizado por los impactos económicos de la crisis política, y el temor de que avancen las acciones judiciales contra sus hijos y aliados, Bolsonaro optó por dar un paso atrás, después de llevar dos adelante el martes. No nos equivoquemos, fue una jugada de disimulo, de mordida y golpe, como ha hecho tantas veces en los últimos años. Bolsonaro también pretende, con este repliegue táctico, contener la crisis en la relación con los partidos de derecha y de centro en el Congreso, evitando que la presión para la apertura del impeachment gane sustancia. No nos engañemos, tarde o temprano, Bolsonaro volverá a la carga.

La crisis política e institucional se agrava

La decisión de Bolsonaro de radicalizarse -enfrentando directamente al STF (Supremo Tribunal Federal) y al TSE (Tribunal Supremo Electoral)- produce una crisis institucional sin precedentes en el país desde el fin de la dictadura militar. El presidente amenaza a los ministros del Tribunal Supremo, llamando a sus seguidores a un golpe de Estado y afirmando que su destino será la victoria (del golpe), la muerte o la cárcel. Acosado por la continua caída de popularidad, la CPI (Comisión Parlamentaria de Investigación) de Covid y el asedio de las investigaciones judiciales, es decir, amenazado por todos lados, Bolsonaro ha reaccionado apelando al recurso de mayor fuerza que tiene en sus manos: la movilización fascista.

Esta contraofensiva bolsonarista agrava cada día la grave crisis política e institucional. ¿El contexto general? Datos sociales alarmantes, escalada de la inflación, desempleo masivo, pobreza, hambre y miseria creciente. También es importante señalar que la pandemia sigue cobrándose vidas: ya han muerto 585.000 brasileños entre los más de 20 millones de casos confirmados oficialmente de covid.

Los graves enfrentamientos políticos e institucionales contaminan la ya de por sí tambaleante economía, minando las expectativas de crecimiento económico. Aumenta el descontento y los temores en las grandes empresas y en el mercado financiero. Los capitales huyen del país y el dólar sube. Aun sin defender abiertamente el impeachment, sectores de la gran burguesía, al ver que la crisis descontrolada perjudica sus negocios, envían señales más contundentes de que abandonan el gobierno, apoyan al STF y buscan construir una tercera vía en la polarización entre Lula y Bolsonaro. A nivel internacional, el aislamiento del gobierno brasileño nunca ha sido tan abrumador.

Debido a estos factores, sectores de la derecha tradicional, que responden a las facciones más poderosas de la clase dominante, empiezan a pasar a una oposición más abierta a Bolsonaro, hablando incluso de impeachment. Cabe destacar, sin embargo, la tibia respuesta de las principales instituciones del régimen (Senado, Cámara, PGR y STF) a la escala golpista de Bolsonaro. Incluso el pronunciamiento de Luiz Fux, presidente del STF, que representó la reacción más dura entre los poderes, se quedó corto.

El gobierno sigue conservando el apoyo del Centrão (partidos clientelares  y oportunistas que cambian cargos y favores por apoyo parlamentario al gobierno: ndt), en la Cámara – mantenido a precio de oro. Además, muchos diputados de la derecha tradicional, especialmente los radicados en las regiones más bolsonaristas del país, siguen apoyando al Palacio del Planalto (sede del gobierno federal en Brasilia: ndt) Por otro lado, en el Senado, Bolsonaro no tiene mayoría. La posibilidad de abrir el proceso de impeachment, aunque no se dé de inmediato, por este blindaje del Centrão, se instala nuevamente en el radar con el agravamiento cualitativo de la crisis institucional y económica.

La izquierda no puede pensar sólo en las elecciones

De mayo a julio, Bolsonaro experimentó un categórico proceso de debilitamiento político y social. El rechazo popular a su gobierno se disparó, se instauró la CPI y la izquierda ocupó las calles en cuatro grandes actos nacionales con cientos de miles de personas, expresando la mayoría social. Pero, a partir de agosto, el gobierno preparó una contraofensiva pautando al país con amenazas de golpe de Estado y la preparación de su manifestación fascista del 7 de septiembre.

La mayoría de la izquierda subestimó a Bolsonaro. Al ver sólo su deterioro en las encuestas, se olvidó que el bolsonarismo es, ante todo, un movimiento fascista de masas, por lo tanto, un instrumento de lucha contrarrevolucionaria no sólo de combate electoral. No basta con que Bolsonaro esté desgastado: mientras conserve la capacidad de movilización de masas y la influencia directa en los círculos militares y policiales, el peligro se planteará con la máxima gravedad. Como enseña la historia, el fascismo es derrotado -sobre todo- en la lucha callejera, con la lucha de masas. Apostar todas las fichas al calendario electoral es un error brutal, que puede abrir el camino a una derrota histórica.

Lamentablemente, Lula no convocó ni acudió a las manifestaciones de la izquierda el 7 de septiembre. De hecho, no ha ido a ninguna de las manifestaciones de «Fuera Bolsonaro» hasta ahora. Su agenda es fundamentalmente electoral: la preparación de su candidatura presidencial y los acuerdos en el Noreste (con los líderes del golpe de 2016 y del Centrão) para las campañas nacionales y regionales de 2022. Mientras Bolsonaro llama a sus bases a la lucha, Lula sólo hace un discurso de candidato. Así, el líder del PT no se da cuenta del enorme peligro que se vislumbra: puede que no haya elecciones, o que no se acepte el resultado electoral. Para que el pueblo brasileño pueda votar y definir al próximo presidente el próximo año, el golpe de Bolsonaro debe ser derrotado antes, lo antes posible. Y esto sólo se puede hacer con la lucha de masas. Es urgente que Lula cambie su postura, llamando al pueblo trabajador a la lucha.

La Campaña Fuera Bolsonaro mantuvo correctamente los actos del 7 de septiembre, no sucumbiendo al clima de terrorismo plantado por Bolsonaro y reproducido por los grandes medios de comunicación e incluso por líderes y figuras públicas de la izquierda y centro-izquierda (como Marcelo Freixo, Ciro Gomes y otros). El alarmismo desenfrenado hizo que se redujeran los actos de la izquierda, que quedaron muy lejos de su potencial. Un gran número de personas tuvo miedo de participar, temiendo enfrentamientos sangrientos. A pesar de ello, fueron valiosas las manifestaciones que mantuvieron erguidas las banderas de la izquierda y revelaron que las terroríficas amenazas eran infundadas. Todos los que acudieron valientemente a las manifestaciones merecen ser felicitados. También cabe mencionar al PSOL, al frente Pueblo Sin Miedo y a Guilherme Boulos, que lucharon por la realización de los actos incluso con toda la campaña adversa.

Es hora de la amplia unidad por el impeachment: ¡no hay tiempo que perder!

Bolsonaro ha demostrado que no se puede jugar con él. Se está preparando para una acción golpista. Si es capaz, intentará ejecutar el golpe. Ha demostrado que es capaz de mover a cientos de miles de personas con ese fin. Si considera que no tiene posibilidades en las elecciones, puede intentar la ruptura antes o durante el proceso electoral. Si considera que tiene posibilidades de ganar pasando a la 2ª vuelta, puede esperar al resultado final; pero si el resultado es la derrota, puede intentar en ese momento el golpe. Subestimar al Bolsonarismo, por tanto, es el peor de los errores.

Cuanto más tiempo permanezca Bolsonaro en el poder, más sufrimiento traerá al pueblo trabajador. La tarea es derrocar a este gobierno incluso antes de las elecciones, no desgastarlo hasta las urnas. La solución es la destitución. El método para lograrlo es la movilización masiva en las calles, la única forma efectiva de presionar al Centrão para que rompa con Bolsonaro.

La tarea central más inmediata es transformar la mayoría social y política que existe en la sociedad en una mayoría en las calles. Para ello, es fundamental la unidad de acción de las fuerzas de la izquierda con las fuerzas de la oposición de derecha y del centro que están dispuestas a luchar contra el gobierno. La defensa de la impugnación debe ser el lema unificador. La construcción de un acto de masas con todos estos segmentos, a finales de septiembre o principios de octubre, debe ser la prioridad total en este momento. Lo ideal es que Lula, Boulos, Fernando Henrique Cardoso, José Dória, Ciro Gomes, Eduardo Leite, Requião y todos los demás que defienden el impeachment estén en la misma plataforma. Todo lo demás nos separa de la derecha, pero este punto puede unirnos momentáneamente para una acción concreta: derrocar a Bolsonaro.

Esta unidad puntual no implica borrar las diferencias que existen entre la izquierda y la derecha. La izquierda debe mantener su defensa intransigente de los intereses de la clase obrera y de los oprimidos, afirmando su lucha contra las reformas neoliberales, la retirada de derechos y las privatizaciones; una agenda de la que es partidaria la derecha burguesa. Debe seguir defendiendo los intereses de los explotados y oprimidos (empleo, ingresos, salud, educación, etc.). Pero esto puede hacerse sin perjuicio de la unidad táctica con los sectores de la clase dominante que están a favor de la expulsión del poder del fascista. Debemos golpear junto a la oposición de derecha contra Bolsonaro, pero seguir caminos electorales, políticos y programáticos separados.

En relación con el acto de MBL (Movimiento Brasil Libre) previsto para el día 12, creemos que es un error que sectores de la izquierda se sumen a él. En primer lugar, porque el acto no se construyó en una amplia unidad. La dirección de esta manifestación, el MBL (derecha neoliberal que actuó en el golpe de 2016), la convocó con el lema «Ni Bolsonaro, ni Lula». Un comunicado de última hora, tratando de disimular este carácter anti-izquierda, no resuelve el problema. La unidad de acción por el impeachment -que tanto necesitamos y que debe involucrar a todos los sectores- debe presuponer una construcción conjunta. El Frente Fuera Bolsonaro ha sido protagonista en la lucha contra este gobierno genocida. Puede y debe estar dispuesto a la más amplia unidad por el impeachment, pero necesita, al mismo tiempo, preservar el espacio y el protagonismo de las organizaciones vinculadas a la clase trabajadora. Además, se necesita tiempo para construir un acto realmente grande y representativo. En unos días, esto no es posible.

Por último, destacamos lo que nos parece esencial en este momento: alertar a la clase trabajadora del peligro. Alertar a los jóvenes del peligro. Alertar y convencer a las masas de que no podemos esperar pasivamente hasta finales de 2022 para sacar al fascista. Buscar la construcción de espacios de diálogo y organización de Fuera Bolsonaro en los lugares de trabajo, estudio y vivienda. Tejer la alianza táctica más amplia posible para este fin. Con la lucha de la mayoría, con la lucha de las masas, ¡podemos ganar y ganaremos! ¡Fuera Bolsonaro!

 

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