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4 Años Sin Horacio Lagar: reflexiones sobre sus aportes

Alfredo Cáceres, por Opinión Socialista

Horacio Lagar murió el 9 de marzo de 2016 en Buenos Aires, a los 89 años, luego de una extensa trayectoria como militante revolucionario, causa a la que dedicó toda su vida consciente, desde que se incorporó al GOM (Grupo Obrero Marxista) en el año 1946, cuando tomó contacto con Nahuel Moreno siendo estudiante Bahiense en La Plata.

Lo conocí en 1990, cuando estalló la crisis del MAS y se conocieron algunas de las críticas que militantes como él, entre varios otros, venían realizando, y a raíz de la cual fue separado del partido y marginado de sus organismos.

Para poder publicar esas posiciones en la vida interna, nos constituimos en Grupo de Opinión Proletaria, nombre inspirado en la necesidad de tallar en las discusiones con un punto de vista de clase. Me tocó defender los mismos en los congresos y conferencias de esos tiempos de crisis, siendo esta una experiencia de nos dio mucha templanza para el futuro.

Mientras grandes franjas de militantes caían en la desmoralización y la confusión, el compañero proveyó un conjunto de análisis, caracterizaciones y sobre todo una explicación materialista dialéctica de la crisis del principal partido trotskista, que concitaba la atención de una franja importante de la vanguardia y sectores de trabajadorxs.

Ante la “diáspora” que se produjo a partir de 1992 en el partido, nos instalamos en la zona norte del Gran Buenos Aires, para insertarnos en la clase obrera más concentrada y poder, desde allí, aportar a la reconstrucción de una herramienta que estaba siendo destruida por la “corriente pequeñoburguesa” que desde la dirección del MAS llevaba al fracaso el proyecto partidario más importante y avanzado hasta entonces erigido en el país y la región. Evocábamos con esa decisión a la “brigada Crucecita”, que junto a Villa Pobladora  fueron escenarios míticos de la acumulación primitiva partidaria en la zona sur.
Militamos juntos desde entonces, disfrutando una amistad forjada en la lucha de clases, y en los debates, polémicas, reagrupamientos y construcción política consiguiente.

Fue un marxista apasionado, con una visión de totalidad, obsesionado por la construcción de la herramienta capaz de educar, organizar y movilizar a las y los sujetos llamados a transformar la historia. Lector metódico, se preocupaba por que la militancia leyera, no sólo de política sino también de literatura, historia y de todas las áreas del conocimiento.

Nos enseñó a ver críticamente todo cuanto nos rodea y también lo que hacemos nosotros mismos, pero sobre todo a “hacer política”, que él definía como el arte de mover hacia adelante la lucha de las masas trabajadoras “aunque sea un milímetro”, bien distinto de lxs observadores de la realidad o de lxs propagandistas. Enemigo de recitar “fórmulas de manual”, como le gustaba decir, nos educó en una comprensiôn dialéctica de lo existente, de las leyes que rigen la vida, la naturaleza y la sociedad.

Gracias a sus aportes, que con el tiempo se transformaron en patrimonio de nuestra organización, pudimos atravesar la “diáspora” producida por la ruptura del MAS en los 90, insertarnos en sectores de la clase trabajadora y aplicar con algunos éxitos las políticas y orientaciones revolucionarias.

Enfrentando las desviaciones de una organización revolucionaria, atravesamos distintos momentos, acercamientos, fusiones, y también amargas divisiones. No estuvimos ajenos a la realidad. Los principales acontecimientos de la lucha de clases, especialmente desde 2001 en adelante, nos encontraron siendo parte de nuestra clase, en sus luchas, en algunos casos con roles de dirección crecientes, poniendo a prueba las elaboraciones y aportando desde allí las lecciones políticas que fuimos aprendiendo en un largo devenir.

Las críticas formuladas por Horacio Lagar en Las Minutas Satánicas y La Oportunidad Perdida respecto a la crisis del MAS de entonces, conservan una vigencia plena, ya que ellas podrían aplicarse, corregido y aumentado, a las serias desviaciones políticas que hoy se observan en las organizaciones más importantes de la izquierda trotskista.

Sin embargo, no se limitó a escribir minutas para una coyuntura particular del año 89 y 90. Escribió sobre casi todo lo que ocurría cotidianamente en nuestro país o en cualquier lugar del mundo, incluyendo varios materiales de formación política, tema al que le dedicaba mucho empeño, insistiendo en mantener activa la vida política de la organización. Le daba una enorme importancia a la palabra, tanto que escribió un folleto sobre la oratoria revolucionaria, que forma parte del capital que nos dejó para intervenir en la lucha de clases.

Fieles a sus enseñanzas, seguimos luchando por forjar una herramienta política revolucionaria que permita la emancipación de lxs explotadxs y oprimidxs del país y del mundo. La salud del capitalismo y las grandes acciones de masas que se producen como respuesta, están confirmando que esa tarea está más planteada que nunca.

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Horacio lagar