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EDITORIAL

2017: ofensiva reaccionaria y resistencia social

21 de diciembre de 2017

Editorial especial de fin de año

 

Pasado poco más de un año del impeachment de Dilma Rousseff (PT), podemos afirmar que hubo: consolidación del golpe parlamentario y profundización de la ofensiva de la clase dominante. Entramos en un período de la lucha de clases en el que predominan los elementos reaccionarios.

La situación política defensiva ha evolucionado negativamente en los últimos meses. En este segundo semestre, ocurrió el desarrollo de un escenario adverso. Esta coyuntura tuvo un sentido inverso a la del primer semestre, cuando aumentó la resistencia de los trabajadores y la ofensiva del gobierno encontró obstáculos.

Una relación de fuerzas adversa como la que vivimos no significa que no haya luchas importantes, y que no puedan existir momentos de ascenso. Para salir adelante, hay que apostar a la resistencia social y avanzar en la construcción de una alternativa de izquierda anticapitalista.

Nuevo momento de la economía

Después de dos años de profunda recesión (caída del PIB del 3,8 % en 2015 y el 3,6 % en 2016), la economía brasileña presenta signos, aunque frágiles, de recuperación. El PIB (Producto Interno Bruto) debe crecer en torno al 1 % en 2017.

A pesar del nuevo momento económico, caracterizado por la recuperación lenta y frágil, las inversiones productivas siguen a un nivel reducido y las inversiones públicas en caída. La sutil mejora en el ambiente económico no significa reversión del escenario de devastación social. Por el contrario, la tímida retomada está basada en el congelamiento salarial, un desempleo elevado, desmonte de derechos sociales, destrucción de los servicios públicos y entrega del patrimonio nacional al capital extranjero.

Ofensiva social y política de la clase dominante

La situación defensiva que ahora atravesamos se manifiesta en diversos aspectos de la realidad. Podemos destacar, por ejemplo, serios ataques a los derechos -como la reforma laboral, la Ley de tercerización, PEC del Techo, entre otros-, y las condiciones básicas de vida de la clase trabajadora y del pueblo pobre, así como el nuevo salto en la apropiación privada e imperialista del patrimonio público y de la riqueza nacional, como las privatizaciones y subastas del pre-sal.

Es necesario tener en cuenta también el aumento de la represión, de la violencia y los ataques a las libertades democráticas y a los sectores oprimidos, así como los cambios antidemocráticos en el régimen político, como las contenidas en la reforma electoral reaccionaria. Hay aún una ofensiva ideológica conservadora en varias vertientes y la aparición de una extrema derecha con peso minoritario de masas.

La resistencia de la clase obrera y del pueblo

Ante estos ataques colosales, el proletariado y los oprimidos se resisten. Hay un cuadro de luchas de resistencia en el marco de una situación defensiva. Por ejemplo, el DIEESE registró, en 2016, la existencia de 2096 huelgas, un número elevado para los padrones brasileños. Un movimiento social que viene ganando cada vez más relevancia es el de las ocupaciones urbanas por el derecho a la vivienda. La ocupación Pueblo Sin Miedo del MTST, en São Bernardo do Campo (SP), se convirtió en un símbolo de la resistencia popular en el país.

El momento más fuerte de la resistencia social ocurrió en los cuatro primeros meses de este año, cuando se formó un frente único de entidades y movimientos contra las reformas de Temer. La huelga general del 28 de abril, que fue una paralización nacional política, marcó el auge de ese movimiento: involucró a millones de trabajadores y conquistó amplio apoyo popular. Las luchas del primer semestre ayudaron a debilitar al gobierno y a aplazar la reforma de la previsión social. En realidad, entre la huelga general de abril y las delaciones de la JBS de mayo, estuvo colocada la posibilidad de la caída del gobierno de Temer.

El papel que jugaron las direcciones políticas y sindicales fue uno de los principales motivos que explican la supervivencia del gobierno. La derecha sindical (Fuerza Sindical y UGT) trabajó abiertamente para derrotar al movimiento después de abril. La CUT y CTB, a pesar de los discursos incendiarios, también ayudaron al retroceso del movimiento de masas. La estrategia de Lula y el petismo, y sus satélites, fue capitalizar electoralmente el desgaste de Temer, pues no quieren el derrocamiento del gobierno en las calles.

La lucha de las mujeres, LGTB y negras y negros

El movimiento de mujeres viene siendo uno de los polos más dinámicos de las luchas de resistencia. Las movilizaciones de las mujeres contra Cunha, las manifestaciones contra la violencia sexual y el feminicidio, los fuertes actos del 8 de marzo, las recientes manifestaciones contra la PEC que prohíbe el aborto, la consolidación de una amplia vanguardia feminista, vienen demostrando el potencial y la fuerza de la lucha de las mujeres.

Es necesario destacar, también, las diversas e importantes movilizaciones del movimiento LGBT, que sigue una dinámica parecida a las movilizaciones de las mujeres. Ante los ataques conservadores y reaccionarios, el movimiento levanta la cabeza y logra responder llevando, en varias ocasiones, miles a las calles, como ocurrió en los actos contra la curación gay. Por su parte, la lucha del movimiento negro se hizo sentir en la conquista de las cuotas en las universidades públicas, en la dinámica creciente de los movimientos de periferia y en los actos contra el encarcelamiento y el genocidio de la juventud negra y pobre.

El gobierno de Temer y la Lava Jato

Después de un primer semestre de muchas dificultades, el gobierno logró eludir la crisis y mantener la aplicación del ajuste estructural, de modo que Temer sigue con el apoyo de la mayoría de los grandes empresarios y banqueros.

Se trata del gobierno más impopular desde el fin de la dictadura militar, pero también es aquel que logró aprobar en un tiempo récord la reestructuración de las relaciones de explotación y entrega de la riqueza del país. Con una base parlamentaria mantenida con la distribución de cargos y fondos, Temer aplicó un conjunto de medidas que los gobiernos que lo precedieron no lograron hacerlo: cambios constitucionales, como la PEC del Techo; la reforma laboral; la reforma de la enseñanza media; la privatización de las reservas del pre-sal y de las estatales; y muchas otras. De las principales reformas, queda sólo la de la previsión social.

El fortalecimiento de Temer no significa el fin de la inestabilidad política. La crisis del sistema político-partidario aún no ha sido solucionada. La Lava Jato, aunque ha perdido fuerza, debe seguir con sus acciones, aunque con menos intensidad.

Otro aspecto de la crisis del sistema político-partidario consiste en la crisis de la representación política de la burguesía. Los principales partidos y líderes políticos de la derecha presentan altísimos niveles de rechazo en las encuestas. Esta crisis de representación se manifiesta también, en este momento, en la falta de un nombre que unifique a la burguesía para la carrera presidencial: este papel fue cumplido desde 1994 por uno de los caciques tucanes. La apuesta del PSDB es unificar a la derecha tradicional alrededor del nombre de Alckmin.

El cuadro de inestabilidad política, la crisis del sistema político partidario y las divisiones burguesas no representaron un cuestionamiento del régimen democrático-burgués en Brasil. A pesar de toda turbulencia, el régimen funcionó bien para el gran capital, basta ver los efectos del golpe parlamentario en la aprobación de las reformas capitalistas. Los choques que ocurrieron tensaron el régimen, pero tensaron a la derecha, en el sentido de un mayor endurecimiento y no al revés.

La recuperación del lulismo

La capacidad de recuperación de Lula expresa, por un lado, el enorme rechazo al gobierno de Temer y a las reformas, y por otro, no deja de dificultar la reorganización a la izquierda. A un año de la elección de 2018, el petista está al frente en la carrera presidencial, con expresiva ventaja sobre los principales adversarios.

Pero ¿qué explica la recuperación de Lula? La vida del pueblo trabajador empeoró en el último período. Los salarios cayeron, el desempleo se disparó y el consumo de las familias se derrumbó. Al cuadro de aguda crisis social se sumaron la eliminación de derechos sociales y los cortes brutales de los fondos destinados a las áreas sociales. Ante ese huracán reaccionario y la ausencia de una fuerte alternativa por la izquierda, los ojos volvieron a mirar el pasado. Los trabajadores y amplios sectores de vanguardia comenzaron a comparar la situación actual con los tiempos de los gobiernos de Lula, cuando la vida había mejorado.

La continuidad del golpe requiere la elección de un nuevo gobierno sometido al actual programa de expoliación. En ese sentido, incluso con Lula prometiendo un nuevo gobierno de conciliación con los ricos y poderosos, la elección del petista no es conveniente a la burguesía en este momento, toda vez que el petista suba la rampa del Planalto en base a la expectativa popular de reversión del panorama actual. Por eso, lo más probable es que Lula sea condenado en segunda instancia y no pueda presentarse en 2018. El impedimento de la candidatura de Lula significará un grave ataque antidemocrático que debe ser repudiado por el conjunto de la izquierda y de los movimientos sociales.

La dirección del PT y de la CUT actúan casi exclusivamente para llevar la candidatura de Lula lo más lejos posible. Pero son conscientes de la probable condena en segunda instancia. Las negociaciones en que está comprometida la cumbre petista incluyen, por ejemplo, la costura de acuerdos con antiguos aliados de la directa, como Renan Calheiros, José Sarney, Kátia Abreu, entre otros. Lula hace gestos explícitos hacia la burguesía en el intento de reanudar lazos, por lo que habla de “perdón a los golpistas”.

La fuerza de la extrema derecha

La evolución regresiva del escenario político brasileño abrió un espacio inédito a la extrema derecha. El llamado a una salida autoritaria y conservadora, abiertamente reaccionaria, creció en una parte de la población, sobre todo en las capas medias, pero también en un sector de los trabajadores. El rabioso antilulismo no fortaleció a los partidos y figuras tradicionales de la derecha. Al contrario, el PSDB, el PMDB y sus caciques fueron fuertemente golpeados por la crisis, tanto que presentan niveles de rechazo popular altísimos, superiores a los del PT y Lula.

La principal figura que capitaliza hoy el espacio político de la extrema derecha es Jair Bolsonaro, que aparece en segundo lugar en las encuestas presidenciales. Otros síntomas del crecimiento de la extrema derecha fueron las declaraciones de militares de alto rango sobre la intervención militar. Desde la caída de la dictadura, los comandantes del Ejército no se atrevían a manifestarse con un discurso político de tal insolencia.

No hay, sin embargo, peligro real de un golpe militar en la presente situación política. Los generales saben que, en las actuales circunstancias, un golpe militar es inviable e indeseable. La burguesía y el imperialismo, en la actual relación de fuerzas, no necesitan un régimen militar para imponer sus planes, por lo tanto, no está colocado en el horizonte próximo un golpe militar o fascista que modifique la naturaleza del régimen político en Brasil. La extrema derecha va a buscar ocupar, por ahora, un espacio político electoral dentro del régimen democrático burgués.

Principales retos para 2018

Unidad en la lucha por derrotar a Temer y las reformas

Ante la ofensiva de la burguesía, se plantea como tarea fundamental la construcción del Frente Único y de la unidad de acción para la lucha. En el presente momento, el programa mínimo en torno al cual debe construirse la unidad del movimiento de masas puede resumirse en pocas palabras: ¡Fuera Temer y las reformas! La tarea inmediata es bloquear la reforma de previsional en febrero. Las principales centrales sindicales, el PT y Lula necesitan pasar de las palabras a la acción. Es hora de convocar la movilización popular para defender el derecho a la jubilación.

Construcción de una nueva alternativa política

Con la aproximación de las elecciones de 2018, es necesario redoblar esfuerzos en la construcción de una alternativa de izquierda anticapitalista, que avance en la superación de la conciliación de clases representada por el petismo y el lulismo, que abrió las puertas para el golpe de Cunha y Temer.

En ese sentido, es fundamental el lanzamiento de una candidatura presidencial por el PSOL. Una candidatura que exprese un Frente de Izquierda Socialista que sea más amplio que el PSOL, es decir, que involucre a movimientos sociales (MTST), otros partidos (PSTU, PCB), sindicatos combativos (CSP-Conlutas, Intersindical, etc.), colectivos de opresiones, la juventud, otras organizaciones políticas, artistas, entre otros. En esa perspectiva, consideramos a Guilherme Boulos, líder de la organización Pueblo Sin Miedo, un excelente nombre como candidato a presidente.

Foto: ANTONIONI CASSARA / NINJA