Guevara: Héroe y mártir de la revolución permanente

 

8 de octubre de 2017

El 9 de octubre de 1967 fue asesinado, a mando de la CIA, en la selva boliviana, el revolucionario argentino Che Guevara. En homenaje al legado del Che Guevara, en el  50 aniversario de su muerte, republicamos el artículo escrito por el trotskista argentino Nahuel Moreno poco después de la divulgación de su asesinato.

Editores de la Izquierda Online

Por Nahuel Moreno. Publicado originalmente en el diario del PRT de Argentina, “La Verdad” el 23/10/67.

Con el asesinato del Che, los revolucionarios latinoamericanos no sólo perdimos nuestro líder indiscutible, así como Fidel, sino también el más apasionado luchador de la revolución permanente de nuestra época.

Su propia vida obedece a una profunda lógica, que es la de la revolución permanente. De revolucionario pequeñoburgués en nuestro país que no comprende el peronismo, a dirigente del movimiento pequeñoburgués más revolucionario de América Latina, encabezado por Fidel. De activista estudiantil argentino a guerrillero cubano. De jefe guerrillero a constructor de la economía socialista. Como tal, reivindica la importancia del propio proceso revolucionario interno, de la elevación de la conciencia de las masas.

No se duda de su carácter revolucionario latinoamericano, y no deja por un minuto de indicar que Cuba es parte de la revolución continental. En sus visitas a China, URSS y África lo ven como representante del internacionalismo proletario, de la revolución mundial. De regreso a Cuba, pasa de las declaraciones y enunciados a la preparación de la guerrilla en el eslabón más débil de la corriente capitalista sudamericana: Bolivia. Si lo entierran podemos decir: “No enterrar un cadáver, sino semillas revolucionarias”.

Guevara, que arriesgó la vida cuantas veces fue necesario, hasta perderla para la revolución cubana y latinoamericana, no tuvo miedo de enfrentarse y dar respuesta a los problemas más graves planteados por la revolución. Desde la defensa de Cuba hasta la construcción del socialismo en la etapa de transición, pasando por las relaciones económicas entre los países socialistas, no hubo problema de importancia decisiva en la lucha de los trabajadores que Guevara no abordara desde el punto de vista de la revolución permanente.

La revolución permanente en América Latina como única defensa segura de Cuba

Los trabajos más conocidos de Guevara sobre la guerra de guerrillas son categóricos: la defensa de la revolución cubana pasa por la extensión de la revolución latinoamericana. “Es el deber de los revolucionarios, sobre todo en este momento, conocer, percibir y captar cambios en la correlación de fuerzas que se han dado, en el trabajo de la guerra de guerrillas: un método” en el mundo, y comprender que estos cambios facilitan la lucha de los pueblos. El deber de los revolucionarios latinoamericanos, no es esperar que un cambio en la correlación de fuerzas produzca el milagro de una revolución social en América Latina, sino hacer pleno uso de todo lo que favorezca el movimiento revolucionario en esta correlación de fuerzas variable y hacer la revolución”.

Para que no haya dudas de que se preconizaba la revolución permanente, en el mismo trabajo citaba a Marx: “Marx siempre recomendó que una vez que se haya comenzado el proceso revolucionario, el proletariado revolucionario debe golpear y golpear sin descanso. La revolución que no se profundiza constantemente es una revolución que retrocede.

Con toda claridad, insistía que había una estrategia contrarrevolucionaria de conjunto en toda América, de los exploradores nacionales y del imperialismo yanqui y que la única respuesta es una lucha continental de conjunto. “Dado este panorama americano, es difícil que haya victoria y se consolida en un solo país. La unión de las fuerzas represivas debe ser respondida por la unión de las fuerzas populares. En todos los países en los que la opresión de las masas llega a límites intolerables, la bandera de la rebelión debe ser levantada, y esta bandera debe tener, por necesidad histórica, características continentales. La cordillera de los Andes está destinada a ser la Sierra Maestra de las Américas, como Fidel ha dicho, y todos los inmensos territorios que este continente encierra están destinados a ser escenarios de una lucha a muerte contra el poder imperialista”. “No podemos decir qué características adquirirá esta lucha continental, ni tampoco cuánto tiempo durará, pero podemos predecir su inicio y su triunfo, porque es el resultado de circunstancias históricas, económicas y políticas inevitables y su curso no puede ser detenido. Iniciarla cuando las circunstancias están dadas, independientemente de la situación en otros países, es la tarea de las fuerzas revolucionarias, en cada país. El desarrollo de la lucha determinará la estrategia general, la predicción sobre el carácter continental de ella surge del análisis de las fuerzas opuestas, pero esto no excluye -lejos de ello- un comienzo independiente. Así como la iniciación de la lucha en un punto de un país está destinada a extenderse a todo un país, la iniciación de la guerra revolucionaria contribuye a desarrollar nuevas condiciones en los países vecinos”.

El Che, junto con Fidel, fueron los mejores voceros de la estrategia y la teoría revolucionaria de la dirección cubana: hay un solo proceso revolucionario a escala continental, del cual Cuba es un eslabón muy importante, pero solo un eslabón. La revolución es de conjunto, continental, el triunfo se obtendrá en una batalla total.

La etapa de transición como un proceso revolucionario

En octubre de 1963 la revista cubana Nuestra Industria publicó una apasionante polémica entre el Che y Alberto Mora, ministro de Comercio Exterior, sobre las leyes económicas dominantes en la época de transición al socialismo en un país atrasado como Cuba.

Mora sostenía que había que dejar que la economía cubana en su conjunto y cada empresa se manejaran automáticamente de acuerdo a las leyes de la oferta y la demanda. Por ejemplo, que cada empresa o cooperativa produjera los productos que mejor precio pudieran obtener. Dicho de otra forma, que cada empresa controlada por los obreros siguiera actuando como si fuera una empresa capitalista cuyo único objetivo es la mayor lucro posible. Mora insistió en que la ganancia de cada empresa y de cada obrero es el único motor de la economía de transición. La conclusión del Ministerio de Comercio Exterior surgía por sí sola: la centralización y planificación de la economía cubana son secundarias, las ganancias de las empresas y los obreros es lo más importante. Había que darle autonomía a las empresas y pagarle a los obreros por producción, como era en el capitalismo.

Guevara insistió en que la economía en marcha al socialismo no es una economía capitalista en manos de los obreros, sino una economía que tiene objetivos diametralmente opuestos a la capitalista. El objetivo de una economía socialista es el desarrollo económico de conjunto en beneficio del país y los trabajadores y no el lucro de tales empresas o trabajadores, a pesar de ser un país atrasado. Por eso era esencial la centralización y planificación de la economía nacional en su conjunto. Si la producción de materiales para construir miles de casas es una necesidad de los trabajadores cubanos, aunque esta producción sea deficitaria, hay que hacerla, sostenía Guevara, porque es beneficiosa para el conjunto de los trabajadores del país. De acuerdo con el criterio de Mora si no daba ganancias no había que hacerlo.

Guevara sacaba de su análisis teórico conclusiones opuestas a las de Mora: había que centralizar y planificar cada vez más la economía cubana y, en lugar de alentar el pago de premios a los obreros para levantar la producción, esto había que lograrlo por medio de la elevación de la moral socialista de ellos. Para el Che la transición de la economía cubana debía ir acompañada de un proceso revolucionario, que era la elevación de esa conciencia en los trabajadores cubanos.

Como en todos sus análisis teóricos y políticos el Che acostumbraba a pasar por alto los detalles, algunos aspectos de la realidad, el atraso de Cuba, de sus trabajadores, que exigen que se le dé gran importancia a los incentivos materiales. De cualquier forma, su insistencia en la importancia de la planificación y centralización como motor del desarrollo socialista, como del progreso permanente de la conciencia revolucionaria de los incentivos morales de los trabajadores, era esencialmente correcto. Con todos los errores teóricos y de detalles que se quisieran, la posición del Che era la revolucionaria, la que apostaba al desarrollo de la conciencia revolucionaria de las masas cubanas, y la de Mora la oportunista, estalinista, que quería apelar a métodos burgueses para lograr el desarrollo socialista.

Esta polémica se inscribe en la que vienen llevando a cabo los estalinistas de la línea de Jrushchov y los maoístas. Toda la vanguardia revolucionaria mundial sabe que el estalinismo ha levantado la teoría de que el socialismo se lo irá  construyendo apelando al afán de lucro o de salario de los obreros. Los maoístas, por el contrario, creen que el socialismo se lo construirá apelando a la conciencia política de las masas.

La dirección cubana cerró esta polémica con una posición correcta, de síntesis de ambas posiciones, pero destacando el aporte esencial hecho por el Che. El 8 de mayo de 1965 el presidente Dorticós dio la posición oficial de la dirección cubana sobre la polémica llevada a cabo: “Estamos muy contentos de que el factor moral haya sido empujado por los esfuerzos del ministerio de Industria (Guevara) al máximo. Sabemos que esta posición ha sido adoptada por el ministro y aplaudimos su doctrina. Nuestro presente y nuestro futuro dependen fundamentalmente de nuestra ideología y nuestra moral. Esta no niega el principio cardinal que debe regular el pago del trabajo en una sociedad socialista; concretamente a cada cual según su trabajo. En nuestra opinión este principio es total y consistentemente compatible con el principio que subraya la importancia de los estimulantes morales. Para armonizar y sintetizar estos dos factores, mientras mantenemos su ajuste, debemos reforzar cada día la importancia y la extensión de estímulos morales como uno de los objetivos de nuestro trabajo económico”.

Se opone a la política comercial de la URSS, en defensa de los países atrasados

No se ha destacado lo suficiente la batalla política y teórica llevada a cabo por Guevara contra este aspecto de la política económica de la URSS. El gobierno soviético negoció con los otros países socialistas como si fueran países capitalistas. Intercambia las mercaderías por su valor en el mercado mundial y a veces paga menos los productos de los países socialistas atrasados. Estos, al igual que bajo el régimen imperialista, tienen que venderle a la URSS materias primas por productos industriales. En ese cambio a iguales valores hay ya una explotación comercial, la misma que llevan a cabo los países imperialistas con las naciones atrasadas en el mercado mundial. Todo estudiante de economía sabe que las materias primas bajan año a año su valor en relación a los productos industriales. Esta misma relación se da entre los países atrasados socialistas y la URSS.

Guevara, revolucionario de una sola pieza, denunció sin pausa esta injusticia “burguesa”, cometida por la URSS. En el seminario de solidaridad afro-asiático llevado a cabo en Argel a principios de 1965 afirmó categóricamente: “El desarrollo de los países que van tomando el camino de la libertad debe ser apoyado por los países socialistas; ésta es mi profunda convicción”.

“¿Cómo puede ser considerado de beneficio mutuo vender a los precios del mercado mundial las materias primas que han costado sudor y sufrimiento a las masas de los países atrasados y comprar a los precios del mercado mundial las máquinas producidas por las grandes plantas automatizadas de hoy en día? Es obligación de los países socialistas terminar esta tácita complicidad con los países explotadores del Oeste”.

Su lucha por la unidad económica de los países socialistas y atrasados

No conforme con denunciar indirectamente la concepción falsa, burocrática, del comercio exterior de los gobernantes soviéticos, Guevara da todo un programa revolucionario esencialmente correcto.

“Un profundo cambio conceptual debe ser hecho en relación a las relaciones internacionales. No debe ser el comercio internacional quien determina la política, sino, por el contrario, el comercio internacional debe estar subordinado a una política fraternal hacia los otros pueblos.”

Internacionalista convencido, se opone al intento de que cada gobierno socialista cuide sus piezas, su país, e insiste en la necesidad de una unificación y planificación de conjunto de las economías de los distintos países socialistas y atrasados. “El desarrollo no puede ser abandonado a una completa improvisación; la construcción de la nueva sociedad debe ser planificada. Planificación es una de las leyes del socialismo y sin socialismo no puede existir. Sin una correcta planificación es imposible garantizar adecuadamente una relación armoniosa entre los varios sectores económicos de un país que tiene que producir rápidamente los avances que requiere la época en que vivimos. La planificación no es un problema individual para cada uno de nuestros países pequeños, con un desarrollo desigual, propietarios de algunas materias primas o productores de ciertos productos, manufacturados o semiterminados, pero sin producir otros productos en forma aislada. Por esta razón la planificación debe ser orientada, en la actualidad, desde el primer momento, hacia una cierta especialización regional, de manera que las economías de varios países pueden complementarse y de esta manera la integración se haría sobre la base de un genuino beneficio mutuo”.

¡Cómo contrasta esta posición con la batalla de los gobiernos ruso y chino por defender su autarquía o independencia en lugar de tender a planificar sus economías en forma mancomunada!

Y, para que no queden dudas del rol que le hace jugar a la economía en el proceso de la revolución mundial, nuestro Che, suponemos que a gritos, dice: “Las armas no deben ser consideradas mercaderías en nuestro mundo; uno debe entregarlas sin ningún pago en las cantidades requeridas por los pueblos que necesitan de ellas”. Uno piensa en Stalin, el teórico del socialismo en un solo país, vendiendo a precio de oro y a cuentagotas las armas al proletariado español durante la Guerra Civil y no puede menos que admirar más y más a este héroe de la revolución permanente.

Su testamento: el internacionalismo revolucionario

Los revolucionarios del mundo entero consideramos a los guerrilleros vietnamitas la vanguardia de la revolución. La falta de apoyo total por parte de la URSS y China la consideramos una traición.

No hay otro internacionalismo militante en este momento que no sea luchar para que se apoye con todo a Vietnam del Norte y a los guerrilleros vietnamitas, y hacer la revolución en los propios países. Esa es la posición de Fidel. En su carta «testamento» el Che insiste apasionadamente en lo mismo. Escuchémoslo:

“Cuando analizamos la soledad vietnamita nos asalta la angustia de este momento ilógico de la humanidad. El imperialismo norteamericano es culpable de agresión. Sus crímenes son inmensos y repartidos por todo el globo. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpables los que en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, sí, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son culpables los que mantienen una guerra de insultos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista. Preguntemos, para lograr una respuesta honrada: ¿Está o no aislado el Vietnam, haciendo equilibrios peligrosos entre las dos potencias en conflicto?

“”Y: ¡qué grandeza la de ese pueblo! ¡Qué estoicismo y valor, el de ese pueblo! Y qué lección para el mundo entraña esa lucha.

“Hasta dentro de mucho tiempo no sabremos si el presidente Johnson pensaba en serio iniciar algunas de las reformas necesarias a un pueblo, para limar aristas de las contradicciones de clase que asoman con fuerza explosiva y cada vez más frecuentemente. Lo cierto es que las mejoras anunciadas bajo el pomposo título de ‘lucha por una gran sociedad’ han caído en el desagüe de Vietnam.

“El más grande de los poderes imperialistas siente en sus entrañas el desangramiento provocado por un país pobre y atrasado, y su fabulosa economía se resiente del esfuerzo de la guerra. Matar deja de ser el más cómodo negocio de los monopolios. Armas de contención, y no en número suficiente, es todo lo que tienen estos soldados maravillosos, además del amor a su patria, a su sociedad y un valor a toda prueba. Pero el imperialismo se empantana en Vietnam, no halla camino de salida y busca desesperadamente alguno que le permita sortear con dignidad este peligroso trance en que se encuentra. Pero los ‘cuatro puntos’ del Norte y los ‘cinco’ del Sur lo atenazan, haciendo aún más decidida la confrontación.

“Todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre solo porque no se ha producido ninguna conflagración de carácter mundial, está otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible e inaceptable, dado por los norteamericanos.

“Y a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad. No temer la guerra es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos”.

Si Trotsky fue el profeta y teórico de la revolución permanente, Guevara es su héroe, su mártir. Que cometió errores, que no era un teórico del calibre de Marx, Lenin o Trotsky, que magnificó la técnica guerrillera del foco y las tres etapas, ¡vamos chicos!, como dirían los camaradas cubanos a los pedantes unidos de las cofradías izquierdistas de América y Europa, todos nosotros lo sabemos. Rosa Luxemburgo no le va a la zaga en errar en algunos problemas teóricos y Liebknecht no sabía muy bien lo que era la dialéctica, y son, sin embargo, grandes del proletariado y la revolución mundial.

Nuestro Guevara ya lo es también, por derecho propio, por su vida, por sus enseñanzas, por su muerte. Pero por si eso no bastara, lo sería por haber acuñado en su último documento público, su carta testamento, la consigna y el programa de los explotados del mundo en este momento: “Hacer dos, tres, muchos Vietnam”. “Con cantos trágicos, con tableteos de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria”, juramos hacerlo así, Comandante Guevara. Descansa en paz.

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